La pelea se define en el último round

Obama y Romney cierran un reñida campaña para dilucidar quién liderará la mayor potencia global.El desempleo y la crisis centran el debate, pero otros factores inclinarían la balanza. América Latina no espera grandes cambios, quien sea que gane.

Redacción

Por Redacción

Si todo el mundo participara de las elecciones para elegir al presidente de Estados Unidos, la mayor potencia planetaria, Barack Obama no tendría de qué preocuparse: ganaría hasta con el 60% de los votos contra apenas un 9% de su rival republicano. Pero el actual presidente demócrata no depende de su imagen global sino de sus compatriotas, abrumados por una crisis económica de la que el país está saliendo con exasperante lentitud, con un desempleo muy elevado para los criterios estadounidenses y una crisis hipotecaria que aún no termina de solucionarse. Y, aunque la economía es el eje del debate electoral, la contienda es tan estrecha que incluso factores imprevistos como el reciente ciclón Sandy, que devastó la costa este del país, podrían inclinar la balanza.

Las consecuencias de la peor crisis económica que sufre Estados Unidos desde los años 30 desplazaron de la campaña los temas de política exterior, que dominaron buena parte del debate político en la última década. Y, sea por la falta de definiciones claras o porque el margen de acción del presidente en política exterior es estrecho, el mundo y especialmente Latinoamérica no esperan grandes cambios, sea quien fuere el nuevo ocupante de la Casa Blanca. (Ver recuadros en páginas 24 y 25)

En las elecciones presidenciales del próximo martes muy poco puede darse por sentado y tanto Barack Obama como su contendiente, Mitt Romney, intentan arañar el máximo número de votos posible hasta el último momento.

Ante la diferencia tan estrecha en las encuestas, los especialistas siguen advirtiendo que el resultado final puede decidirse por factores relativamente pequeños, como el voto de minorías como la hispana y sus niveles de participación o abstención. O el reciente ciclón Sandy, que le dio a Obama la oportunidad de mostrar su imagen “presidencial” de líder nacional preocupado por los afectados y suavizó un poco su imagen de intelectual frío y distante.

Obama, que llegó al poder con el lema de la esperanza (“sí, podemos”), debe intentar reconquistar a millones de votantes desencantados que le dieron su confianza en el 2008, cuando prometió poner en orden Estados Unidos y su tambaleante economía. Aunque difícilmente Obama conozca al expresidente argentino Carlos Menem, podría tomar uno de sus lemas favoritos en los 90: “Estamos mal pero vamos bien”.

“El progreso es difícil. El cambio puede ser lento”, repite ahora Obama mientras resiste los feroces ataques de Romney, quien lo acusa de haber incumplido sus promesas aunque también carga con un lastre de imagen: se lo acusa de ser un magnate frío y oportunista que cambia sus posturas dependiendo de sus intereses.

La contienda pasó de ajustada a verdaderamente preocupante para los demócratas tras el desastroso primer debate presidencial, a comienzos de octubre, en el que un Romney muy bien preparado se comió a un Obama que apareció poco concentrado, sin energías y, sobre todo, sin su famosa labia. En los dos cara a cara posteriores el mandatario recuperó energía y se impuso a su rival. Pero como mucho lo que consiguió fue “cortar la hemorragia”, no cauterizar la herida, coinciden los observadores: durante casi todo octubre las encuestas fueron recortando la ya de por sí escasa ventaja del demócrata.

Las últimas encuestas muestran a Obama empatado a nivel nacional con Romney en proyección de votos.

Pero el presidente tiene una ligera ventaja en nueve de los diez Estados clave en el Colegio Electoral, a cuatro días de la votación. A diferencia de otros que presentan tendencias políticas claras, esos “swinging states” (“oscilantes” ) no son completamente republicanos o demócratas, lo que les da enorme importancia. Es que en Estados Unidos el presidente es electo por la mayoría de los 538 votos en un Colegio Electoral cuya representación se reparten proporcionalmente los Estados. Un candidato necesita al menos 270 votos electorales para ganar y la carrera es tan estrecha que algunos analistas ya empiezan a prepararse para lo peor: un empate que prolongue la incertidumbre durante semanas o incluso meses.

La lucha es especialmente denodada en los diez denominados Estados “bisagra”: Carolina del Norte, Colorado, Florida, Iowa, Nevada, New Hampshire, Ohio, Pennsylvania, Virginia y Wisconsin. (Ver recuadro)

Una y otra vez han viajado los candidatos a esos Estados y dado incontables mítines en los que no sólo han asegurado defender dos recetas radicalmente diferentes para impulsar la aún renqueante economía sino que, conforme suben los nervios, aumentan los ataques verbales y personales.

Mientras, la economía sigue en el centro de atención. Obama y Romney intentan interpretar las últimas noticias económicas para sacar ventaja. Pero los datos son ambiguos, incluso para los acostumbrados a estudiar complejos informes económicos.

Una tasa de crecimiento del 2% sería motivo de celebración en muchas economías industrializadas, por ejemplo en Europa. Sin embargo en Estados Unidos, donde el crecimiento económico en los 20 años anteriores a la devastadora recesión de 2007-2009 promedió el 3,1% las expectativas son mayores. También la tasa de desempleo bajó en septiembre, al 7,8%, la menor desde enero del 2009, cuando Obama llegó al poder. Una tasa así,por ejemplo, es motivo de festejo en Argentina. Aun así, para los estadounidense la economía crece con demasiada lentitud como para brindar ayuda con rapidez a los cerca de 12 millones de estadounidenses sin trabajo. Y la historia es poco favorable a Obama: desde la II Guerra Mundial ningún presidente ha logrado la reelección con un desempleo por encima del 7,2%.

Romney aprovecha el descontento y destaca que la Casa Blanca había previsto que su plan de estímulo de 800.000 millones de dólares, aprobado en febrero del 2009, empujara el crecimiento por encima del 4%. Y acusa a Obama de doblar la deuda nacional y aumentar los gastos sanitarios y las cargas a las pequeñas empresas. “Crearemos 12 millones de empleos en cuatro años”, promete Romney.

En medio de la reñida campaña, siguen los ataques. Romney empezó a transmitir anuncios en español en Florida que aseveran que el presidente venezolano Hugo Chávez y la sobrina de Fidel Castro apoyarían a Obama. Y en el decisivo Estado de Ohio acusaron a los demócratas de haber permitido, con el rescate de la marca Chrysler hace casi cuatro años, que la conocida marca Jeep ampliara plantas de producción en China. El candidato a vicepresidente Biden aseguró que el anuncio era “uno de los más descaradamente deshonestos que recuerdo de mi carrera política”.

La tensión de la campaña, que ha inundado de anuncios y debates las emisoras del país, y el impacto de Sandy provocan también cansancios inesperados, como el de una niña de cuatro años, Elizabeth Evans, que se quejó con lágrimas en los ojos a su mamá, que oportunamente tenía una videocámara en la mano: “Estoy cansada de Bronco Bamma y Mitt Romney”, dice la niña haciendo pucheros, a lo que su mamá responde: “Ya pronto se acaba, mi niña”.

El video es la última sensación en YouTube y los medios sociales en Estados Unidos.

REDACCIóN CENTRAL

con agencias AP, DPA y AFP

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