La presencialidad plena deberá esperar en las universidades

Río Negro habló con los diferentes actores de la vida académica para conocer las necesidades y las distintas realidades para la vuelta en la región.

Desde hace unos meses, la sociedad argentina debate sobre la urgencia de la presencialidad de las clases a nivel inicial, primario y secundario. Hasta aquí, no se escuchaban reclamos para el nivel universitario, pero con el avance de la vacunación en el país y los datos moderadamente alentadores de la situación epidemiológica, la pregunta sobre la vuelta se hace presente.

En estos días, en universidades del país se comenzó a plantear el posible regreso. En la Universidad de Río Negro, algunas carreras están retornando con prácticas, talleres y laboratorios, pero no se comunicó todavía una vuelta plena. En el IUPA (Instituto Universitario Patagónico de Artes) están con una modalidad de presencialidad, virtualidad e híbrida.

“Hay departamentos que están al 100% con presencialidad. Estamos funcionando desde febrero con protocolos y nos va bien. Tenemos teóricos que se dan on line e incorporamos la modalidad híbrida. Por ahora seguiremos así”, dijo el director de IUPA, Armen Grigorian.

El rector de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), Gustavo Crisafulli reafirmó la decisión de que el segundo cuatrimestre se desarrollará de manera virtual, por las plataformas. De todos modos, habilitaron actividades prácticas de laboratorio, prácticas especiales de las carreras de ciencias de la salud y las salidas de campo. Hay un protocolo para el uso del material de las bibliotecas y se espera la aprobación de los protocolos para exámenes finales, que se cree que para noviembre estarán aprobados.

Los modelos híbridos permitirían la democratización del nivel superior. Pero si el alumno no cuenta con conexión, no hay equidad.

“Seguiremos trabajando de manera remota, que ha sido un trabajo eficiente. Tenemos una organización académica establecida por cuatrimestres. Muchos estudiantes no viven en las ciudades en las que cursan y no hicieron sus acuerdos de alquileres. No es sencilla la vuelta. Tenemos 11 sedes de la universidad, 14 unidades académicas con 9 institutos de investigación y esa actividad debe estar coordinada”, explicó Crisafulli.

Por otro lado, informó que se avanza en el marco de los acuerdos del Consejo Interuniversitario Nacional, hacia un modelo de bimodalidad permanente.

Problemas hacia adentro

En un principio, parecía que las universidades eran los ámbitos educativos que rápidamente se adecuaban la virtualidad. Sus estudiantes al ser jóvenes adultos, podían adaptarse mejor a la modalidad remota, pero la situación no es ideal y en la región tiene limitaciones específicas.

Dalma está en segundo año de derecho, llegó del interior a estudiar y a días de llegar se cortaron las clases por la pandemia. “Tuve que volver a casa y se me hizo muy difícil porque donde vivo no hay conexión a internet. Solo tenemos datos pero no se puede entrar a ninguna aplicación”, dijo y agregó que desea que se vuelva a la presencialidad porque no tiene modo de llevar internet a su pueblo, pero si hacer un esfuerzo para pagar un alquiler.

Para Lucas y Silvia, la virtualidad les permitió estudiar y trabajar, por lo que están conformes, pero para un alumno que estudia medicina y está en una instancia avanzada de la carrera todo se complica, porque las prácticas necesitan el cuerpo a cuerpo. Esta semana realizaron un reclamo por la falta de cupos para la cursada de materias prácticas.

“En la cátedra somos 80 alumnos de los cuales 35 se les negó la cursada presencial de forma arbitraria ya que toda estamos en condiciones para poder cursar la materia. Al día de hoy después de varios encuentros no tenemos respuesta”, dijo un alumno de medicina que prefirió no dar el nombre.

Celestino Luna presidente de la Federación Universitaria del Comahue (FUC); sostuvo que ven que la vuelta a la presencialidad está lejos, porque las condiciones sanitarias, edilicias y de los estudiantes, no están dadas.

“Estamos en contacto con compañeros que volvieron a sus ciudades, incluso algunos abandonaron sus estudios por el tema de la conectividad, y hoy en día sigue siendo un factor preocupante, pero el tema económico también e sintió”, dijo.

Muchos chicos en sus lugares de origen, debieron buscar trabajo para mantener los alquileres. Ante la incertidumbre no desalquilaban, porque si lo perdían después podían encontrarse con un aumento muy grande. “Un alquiler en la ciudad de un monoambiente, sale, por lo menos 15 mil pesos. Si debías volver a pagar mes de depósito, garantías, es de terror” aseguró Luna.

Desde los docentes

El rector Crisafulli destacó que la Secretaría de Planeamiento realizó un relevamiento de los alumnos que abandonaron las carreras y en poco tiempo estará disponible. La impresión que tienen, es que en el 2020 se perdieron más ingresantes que lo habitual, o hicieron menos materias que en un año normal.

“Pasar al ciclo superior es un momento difícil y las restricciones por la pandemia empeoraron el panorama en 2020. En 2021, las facultades mejoraron el contacto con los nuevos estudiantes y las posibilidades de conectividad mejoraron con más de 1000 becas que se pudieron dar”, dijo Crisafulli.

Los docentes, por su parte, resaltan que la presencialidad en la educación superior de grado es irremplazable. Enfrentaron la virtualidad de manera excepcional por la pandemia y ante la necesidad de dar continuidad a enseñanza, pero no es lo ideal.

“No queremos que se perpetúe la idea de la virtualidad como un proceso de reemplazo de la presencialidad para siempre, porque el contacto en el aula, en una carrera de grado, es irremplazable. No estamos de acuerdo con modificaciones permanentes para ir a una educación a distancia”, dijo Micaela Gomiz, secretaria general de la Asociación de docentes Universidad del Comahue ADUNC.

Los docentes tuvieron que modificar la práctica para adaptarse a nuevos entornos y vieron que era un problema para los estudiantes; y se pide una mejora de las condicione de trabajo. “Faltó apoyo desde la universidad y desde el Ministerio de Educación, faltaron herramientas para sortear los obstáculos en la enseñanza, apoyos técnicos, y vimos como se intensificó la deserción en los primeros años”, dijo Gomiz.

En lo que tiene que ver con el avance a la presencialidad, afirman que en julio, cuando se planificó el cuatrimestre, tuvieron en cuenta que no se ponga en riego la situación sanitaria general y no es bueno hacer cambios abruptos. Además la universidad tiene dificultades de infraestructura, falta de presupuesto, y es complejo pensar la provisión de elementos de cuidado, las aulas llenas que caracterizan cada clase, son incompatibles con este momento.

“Hay que complejizar el análisis, a veces se habla muy livianamente y se pide la presencialidad de la universidad con una mirada muy desde afuera. Queremos volver, estamos analizando las posibilidades de acercamiento. Hay que ser creativos para abordarlo, pero teniendo en cuentas todas estas variables”, concluyó Gomiz.

Modelos híbridos ¿Es posible la equidad?

El regreso a la presencialidad en el nivel universitario es un tema postergado, no solo en la Argentina sino en buena parte del mundo. En otros países se avanzó a un modelo híbrido (es decir, una parte del alumnado tomando la clase en el aula mientras que la otra lo hace de sus hogares a través de alguna plataforma tecnológica), en la región, se está intentado implementarla.

El Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA) ya inauguraron aulas híbridas. Se trata de cinco aulas de la sede central, Rivadavia 2263, preparadas especialmente para el dictado de clases en bimodalidad.

En la Universidad del Comahue, para fin de año, se instalarán aulas híbridas.
“Vamos a habilitar de aquí a fin de año, dos aulas fijas y una móvil e iremos diseñando una modalidad híbrida que llegó para quedarse”, dijo el rector de la universidad Gustavo Crisafulli. Cuentan con el presupuesto para hacerlo, porque llegó desde el Programa de virtualización de la educación superior (VES), que es de la Secretaría de políticas universitarias de la Nación.

“Estamos en la etapa dos y se financia la incorporación de tecnología. No son muchas las necesidades pero si complejas de montar, porque hay que montar equipos de video y sonido, a las redes de la universidad y requiere un tiempo de implementación. Por otra parte hay un cuello de botella de los proveedores. Hay pocos en el país, la mayor parte es importado y hay retrasos importantes”, contó el rector.

Por parte de los docentes, Micaela Gomiz, sostuvo que si se pone en marcha “se requiere de consenso y diálogo para ver como implementar estas cosas”.

Estos nuevos modelos permitirían la democratización del nivel superior. Pero si el alumno no cuenta con la tecnología adecuada, o con la conexión, no hay equidad.


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