La Punta, candidata adolescente

Por Redacción

MARCELO ANTONIO ANGRIMAN (*)

En el pasado mes de junio el Comité Olímpico Argentino eligió la ciudad de La Punta –San Luis– como la candidata argentina a ser sede de los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos del 2019. Con tal decisión dejó relegada a la histórica Rosario, tierra con una enorme tradición cultural y deportiva, que había sido fogoneada con campañas publicitarias de sus hijos dilectos Lionel Messi y Luciana Aymar. Cómo pudo una ignota localidad con la cuna de Fontanarrosa, Olmedo, Bielsa y tantas otras celebridades es la pregunta de muchos. Consultado el presidente del COA, Gerardo Werthein, sobre el fundamento de la resolución, se pronunció por la idea de apoyar “una ciudad que viva y se alimente del deporte”. El aserto aparece presuntuoso para una población de tan sólo 15.000 habitantes que se jacta de ser la primera ciudad del país fundada en el siglo XXI y que aún no ha concluido la construcción de su primer gimnasio polideportivo municipal. Para ser claros y sin eufemismos, el factor político ha resultado determinante para torcer la suerte de la elección a favor de San Luis, ya que éste ha encarado el tema como una política de Estado. Para ello exhibe sus credenciales de ser la única provincia argentina en crear un Ministerio de Deportes, de contar con un 43% de las autopistas nacionales, de tener una baja tasa de delincuencia, escuelas públicas en buenas condiciones y wifi libre en la mayor parte de su geografía. Estos datos son fácilmente constatables y desnudan una vez más las enormes y preocupantes diferencias que existen entre las realidades provinciales. Lo que es prioridad en una –por decisión política o presupuesto– resulta inimaginable en otras. Para San Luis obtener la plaza de los Panamericanos ha pasado a ser un desafío. Por ello no ha trepidado en recurrir a Martín Palermo y Juan María Traverso como imágenes convocantes y a los contornos de García Ferré para diseñar el logo y la mascota del evento. A pesar de su juventud, La Punta asombra por contar con el estadio de fútbol “Juan Gilberto Funes” –en honor al recordado artillero “millonario”– con piso de césped, plateas techadas, cabinas de transmisión, torres de iluminación y tribunas de cemento. También posee una floreciente universidad pública (Universidad de La Punta) con carreras de posproducción de cine, informática y turismo, un parque astronómico, un set de cine con estudio y camarines manejado por San Luis Cines y un centro de servicios tecnológicos. Esta impronta moderna y educativa de la pujante urbanización contrasta con las viejas artes del juego, que también dicen presente en la localidad con un flamante hipódromo –con calendario anual de carreras– anexado a un hotel y un casino. Los límites de lo imaginable son desafiados una vez más, cuando en el confín solitario de las sierras puntanas se erige una réplica perfecta del Cabildo porteño y de la inconfundible Pirámide de Mayo. En tal situación, la bendición panamericana sería para la provincia mediterránea el espaldarazo ideal para justificar nuevas obras, y no seguir avanzando en otras que a esta altura aparecen como superfluas. El proyecto plantea la construcción de estadios intercomunicados, de una villa olímpica y hasta de un monorriel. También la utilización de los aeropuertos de la capital y de Villa de Merlo, los espejos de agua de La Florida, el estadio Ave Fénix, la subsede Villa Mercedes y el Hotel Internacional de Potrero de los Funes contiguo al lago, convertido desde hace tiempo –vallado metálico mediante– en un circuito permanente de Fórmula Uno. Por estos días San Luis ha comenzado a construir el Estadio Provincial de Hockey, ha lanzado los juegos intercolegiales y planea reeditar el VII Tour internacional de Ciclismo en enero próximo. Pero no todos son entrecomillados en esta historia y los puntos suspensivos también aparecen en escena. No será nada fácil para La Punta defender su postulación frente a quienes se presentan como sus virtuales adversarios: Miami, San Juan de Puerto Rico, Bogotá, Santiago de Chile y Lima. La idea de convertir la residencia olímpica luego del evento en viviendas sociales y los estadios en un centro de alto rendimiento deportivo no aparecen, hoy por hoy, como una respuesta sustentable para una población tan escasa, que vive en su mayor parte de empleos públicos y planes asistenciales. Este perfil del ciudadano medio –que vive en planes de viviendas– lleva a que las decisiones gubernamentales se acepten casi con sumisión. A ello se suma que los principales medios de difusión son manejados desde hace décadas por la familia Rodríguez Saá. Así, ya a pocos extraña lo de La Punta y la nueva vedette por estos días ha pasado a ser el municipio de Estancia Grande, ubicado a escasos kilómetros de aquélla, camino a El Trapiche. Allí, el excandidato a la presidencia Adolfo Rodríguez Saá ha edificado su casa. Tal intendencia, aún en pañales, cuenta con una vasta superficie –mayormente rural–, grandes portales de acceso adornados con fuentes y tranqueras, kilómetros y kilómetros de caminos adoquinados iluminados por farolas ubicadas a diez metros unas de otras, pulperías y confiterías de nivel internacional, una escuela digital y hasta una represa en plena etapa de construcción. En el centro de su territorio se erige un imponente centro cívico equipado con tecnología de punta y un llamativo centro comercial a poco de concluirse. Sobran obras y falta gente. La adolescencia trae consigo incertidumbres. También sueños y buenas intenciones. El comité olímpico panamericano y el tiempo dirán si estas últimas se han de cristalizar en las tierras de San Luis. (*) Abogado. Prof. nacional de Educación Física marceloangriman@ciudad.com.ar