La revolución de las mascotas
Cada vez más barilochenses recurren a los animales de compañía. El amor, el negocio y el trabajo para afianzar políticas públicas para la fauna urbana.
Cada tarde, casi religiosamente, Julián llega de su trabajo y abre la puerta de su casa esperando la particular cara de Toby, un basset hound adulto, esperando su momento de paseo. En cuestión de minutos ambos se encaminan hacia la costanera para completar su recorrido diurno.
En la ladera del cerro Otto, Mónica aguarda la llegada de una bandada de chimangos que recibió por primera vez en su balcón cuando sus plumas aún estaban desordenadas. Gritan y aletean llamando la atención. Saben que llegó la hora de comer y que allí encuentran resguardo.
El vínculo entre personas y animales pasa por su mejor momento. “No es una moda, es un filtro para reencontrarnos con nosotros mismos”, asegura David Telmo, un promotor de los derechos de los animales que dedica gran parte de su vida a sus convicciones.
Su crianza fue con “conciencia animal”, explica, y recuerda que el contacto con ellos se afianzó durante un momento difícil en su vida. Hoy asegura que “mejoran la calidad de vida” de quienes aprenden a dar y recibir amor.
Su casa funciona como un centro de rescate. Cada vez que puede recibe algún perro, lo alimenta y lo cuida hasta que pueda estar listo para reinsertarse en la sociedad.
David insiste en la importancia de tratarlos como sujetos de Derecho. “Bariloche no tiene preparación, estamos 20 años retrasados”, asegura sobre la falta de legislación y acciones para terminar con la problemática de la fauna urbana.
“La interacción nos mejora, nos despierta cosas ya dormidas”, confía sobre los beneficios de crear un lazo de amistad con algún animal de compañía.
La guardería
“Tenés que entenderte con los perros”, aconseja Ricardo Holler sobre un trabajo que requiere de cuidado y atención sin restricción horaria. Pasaron 10 años desde la primera vez que decidió destinar parte de su predio, en la zona de Las Chacras, al cuidado de todo tipo de mascotas.
Ricardo fue instructor de esquí y comerciante. Un test vocacional le sugirió ser veterinario pero recién a partir del cobijo que le dio a los perros de sus amigos se reencontró con la pasión de su infancia.
En su casa puede albergar a unos 30 perros además de varios gatos y caballos.
“El perro es sagrado”, repite cuando se refiere a la responsabilidad que le insume su trabajo. Solo por su cuenta tiene ocho mascotas pero los visitantes reciben el mismo trato. Todos corren libres por un predio de casi dos hectáreas.
El gringo, como le dicen sus conocidos, confiesa que a veces se siente uno más de la jauría. “Hablo mucho más con perros que con personas”, comenta sobre el vínculo que logra con los animales.
Su filosofía demuestra que en su casa vuelven a tener contacto con la naturaleza. Sabe que algunos de sus clientes “humanizan” a sus acompañantes pero él prefiere dar espacio al reencuentro con los instintos.
“Es un estilo de vida”, define cuando explica que sigue atento cada movimiento de sus residentes para mantener el orden. “No es juntar perros”, afirma antes de mencionar la experiencia de transformarse en el “alfa” de la manada.
La coiffeur
Después de varios años de trabajo, Luciana Douglas decidió vender su auto y lanzar un emprendimiento que le permitió retomar contacto con aquello que le aportaba felicidad desde niña.
Un curso de peluquería le dio la oportunidad de trasladar su conocimiento a clientes un tanto más exigentes. “Todos se dan conmigo”, asegura sobre una labor que requiere de algo más que técnica.
“Te tienen que gustar , hacerles mimos y tratarlos bien”, recomienda a pesar de que en algunas oportunidades tuvo que soportar mordidas y rasguños. Aún así, está decidida a no usar tranquilizantes como un acto de amor.
Luciana atesora en su casa a una caniche, Liz, y una mestiza que adoptó para sacarla del campo, a la que bautizó Nena.
“No son mascotas, son parte de la familia”, define acerca de un grupo, que incluye a sus hijos, para darle un nuevo significado a la amistad.
El municipio estima que hay alrededor de 60.000 perros en la ciudad. Durante el 2016 se pudieron esterilizar 3.000 animales entre perros y gatos.
“Me cuesta tener un perro tan grande por el poco espacio en mi casa. Pero me mantiene activa y me saca de la monotonía del día a día”.
No importan los sacrificios, Mercedes está contenta de tener un amigo a su lado.
“La ley argentina dice que los animales son objetos. En Francia, en cambio, son considerados seres sintientes. Hay otra atención”.
David confía en lograr cambiar el espíritu de la normativa local.
Datos
- El municipio estima que hay alrededor de 60.000 perros en la ciudad. Durante el 2016 se pudieron esterilizar 3.000 animales entre perros y gatos.
- “Me cuesta tener un perro tan grande por el poco espacio en mi casa. Pero me mantiene activa y me saca de la monotonía del día a día”.
- “La ley argentina dice que los animales son objetos. En Francia, en cambio, son considerados seres sintientes. Hay otra atención”.