“La sepultura monetaria mundial”
Hace algunos días redacté un artículo en el que me interrogaba sobre si el mundo se dirigía a una suerte de “corralito mundial”. El derrumbe de la bolsa de Shanghai, con más los “defectos electrónicos” de la neoyorquina, nos está indicando algo; tal vez momentáneamente entre líneas, tras bastidores. China tiene y tendrá aún más en el futuro la potestad de emitir yuanes como le venga en gana, tal como lo hace la Reserva Federal con toneladas de papel que diariamente pone en circulación con un valor en franco proceso devaluativo. No fue ésa la dificultad para evitar el derrumbe que enfrenta en sus operaciones bursátiles ese gigante, sino una deliberada jugada de su “presidium”, a los efectos de que la economía internacional, la del dólar, el euro, el rublo y el yen, pues simplemente dejen de existir como “patrones de cambio”. Pudieron hacerlo y lo profundizarán aún más conforme pasen las semanas, porque advirtieron que lo que se conoce como “términos de intercambio” tendrá nuevas reglas. Y será Beijing el que impondrá esta suerte de nuevo ábaco, por una sencilla y doméstica razón de naturaleza estratégica circunstanciada en el hecho de que la Casa Blanca ya no está en posición de simular “ataques terroristas” como los de las Torres Gemelas en el 2001 ni taponar el decrecimiento de sus activos financieros como en la implosión de Wall Street en el 2008. No les queda más margen operacional para “buscar armas de destrucción masiva” como en Irak, porque tampoco están en condiciones de improvisar otra “Task Force” a Oriente Medio. Las últimas guerras –Primera y Segunda–, Corea, Vietnam y las del Golfo fueron instadas por la “judería internacional” tan sólo para aventar “cracks financieros”. Y, a juzgar por lo sucedido, cumplimentaron ese plan holocáustico en el que arrastraron prácticamente a toda la humanidad. Pero los tiempos cambiaron por el reciente ingreso de un nuevo jugador en este tablero de ajedrez: Estado Islámico. Europa y los gringos saben de antemano que la batalla ya está perdida, por lo cual no oponen resistencia alguna a un titánico enemigo que no es económico ni ideológico, sino religioso, con el fanatismo y la ausencia de límites conocidos que ello implica. Para expresarlo un poco mejor, a saber: Occidente, pese a las ojivas nucleares de todos sus arsenales, está desarmado, puesto que no se concibió aún armamento liviano ni pesado para combatir la fe de una etnia que cuenta con mil millones de seguidores y adherentes, sesenta de los cuales son ciudadanos en la Eurozona y otros doscientos más se encuentran diseminados en territorios de la ex Unión Soviética. China no enfrenta esos flagelos, al menos dentro de sus fronteras, y su única preocupación es la cercana Indonesia, con trescientos millones de musulmanes que al parecer no fueron cooptados, hasta ahora, por el califato musulmán. Pero, en esencia, estos asiáticos cuentan con un ejército regular superior al de Occidente en unas cincuenta veces, por lo que no les nubla la vista trazar una hipótesis sobre un enfrentamiento abierto con los islamistas. Pero esto, lo de la semana pasada, no ha sido más que una “operación de pinzas” en pos de debilitar a Occidente y sobre todo a sus divisas cambiarias, justo en el momento en que el “globo eurista” explotó por su parte más delgada como el caso helénico, haciéndole ver al mundo entero la fragilidad de Bruselas y el inminente peligro de un desmoronamiento de toda la zona. Hace ya unos años señalé en una nota que deberíamos aprestarnos para usar indumentaria, zapatos, automóviles y todo lo que provenga de China, como contrapartida a la recepción que ellos hicieran de commodities. Recuerdo haber supuesto también que las monedas serían de uso regional y no universal como hasta ahora. Será el precio que se deberá pagar por los desequilibrios en la grosera distribución de la riqueza o simplemente porque China ha despertado de ese letargo tan temido por Bonaparte. Veremos entonces cómo habremos de asistir a la sepultura monetaria mundial. Carlos Belgrano, LE 4.711.502 Alexandria (Virginia) – Estados Unidos
Carlos Belgrano, LE 4.711.502 Alexandria (Virginia) – Estados Unidos