¿La sociedad se administra o se gobierna?

Por Redacción

Como escribe Boaventura de Sousa Santos, la disputa por los derechos es inherente al desarrollo capitalista y al ejercicio de la democracia. El capitalismo sólo se siente seguro si es gobernado por quien tiene capital o se identifica con sus “necesidades”, mientras que la democracia es idealmente el gobierno de las mayorías que no tienen capital ni razones para identificarse con las “necesidades” del capitalismo. Este conflicto se presenta en la escena política y social como un conflicto distributivo entre la acumulación de riqueza y la reivindicación de su redistribución. La historia política del siglo XX no ha sido más que expresión de ello.

Los viejos liberales latinoamericanos entendían que la disputa distributiva solo podía resolverse si las clases propietarias tomaban las riendas del gobierno y aseguraban una buena administración: “El Estado ya no puede ser un creador de bienes para el pueblo, sino un guardián de los bienes del individuo… la sociedad se administra, no se gobierna”. Así, bajo regímenes de sufragio restringido y creciente uso de la fuerza, se les garantizó a las nacientes burguesías agrarias el manejo exclusivo de los recursos de la Nación. Un siglo después, con dos guerras mundiales y revoluciones sociales a cuestas, la balanza debió inclinarse a un sistema de economía política que para ser compatible con la democracia regulara el capitalismo y ampliara derechos. Populismos o Estados de bienestar, como se prefiera, balancearon los términos del conflicto distributivo, pero no lo eliminaron. Y al debilitarse el crecimiento económico de posguerra llegó el neoliberalismo para atacar la regulación y el Estado y “abrirse al mercado”.

Las derechas del siglo XXI ya no mantienen una continuidad discursiva lineal con el neoliberalismo. Ahora evitan la confrontación ideológica y suplantan definiciones políticas por “buenos deseos”. Saben que clausurar la ampliación de derechos en una América Latina que ha logrado una importante legitimidad social respecto de horizontes igualitaristas crearía serias dificultades a la “paz social” tan necesaria para los intereses del capital. Y saben también cómo terminó el experimento de los noventa.

¿Qué nos depara, entonces, la esperanza blanca de Cambiemos?

El perfil del gabinete propuesto dice algo. Que la economía sea manejada por un exbroker de JP Morgan, la soberanía energética deba ser defendida por un ex- CEO de Shell y la cartera de desarrollo social esté en manos de la familia de un poderoso banco hace suponer que la puja distributiva se inclinará fuertemente hacia el lado de la acumulación. Pero también es cierto que Mauricio Macri llega al gobierno condicionado por un electorado apenas mayoritario y sumamente volátil en sus preferencias políticas.

Administrar no es lo mismo que gobernar. Se administran bienes materiales, pero se gobierna a seres humanos.

(*) Historiadora. Facultad de Humanidades de la UNC

Opiniones

MarÍa Beatriz Gentile (*)

(Historiadora. Facultad de Humanidades de la UNC)