La vigencia de Hayek y la Argentina
PABLO BENÍTEZ JACCOD (*)
Cuando uno observa situaciones como el escrache realizado por un grupo afín al gobierno nacional en la ciudad de Neuquén a la sucursal del HSBC y recuerda hechos similares perpetrados por la misma agrupación, se me viene a la mente el análisis realizado por Friedrich von Hayek en su célebre libro “Camino de servidumbre”. En el capítulo 10, titulado “Por que los peores se colocan a la cabeza”, explica cómo se va dando la evolución de un sistema democrático hacia un sistema totalitario y define una serie de características del militante tipo de estos regímenes. Al comenzar Hayek cita una frase de Lord Acton que señala: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. El manejo de todos los resortes del Estado lleva a la corrupción, ésta no aparece de la nada; a mayor estatismo menor transparencia. Históricamente en el camino que conduce a la destrucción de las instituciones republicanas el gobierno nacional previamente había comenzado a dominar directamente más de la mitad de la renta nacional, es decir el manejo o condicionamiento de los resortes que hacen al libre desenvolvimiento de los habitantes de la nación, que es lo que se busca. Esto es lo que sucede en la Argentina, tal como señala José Luis Espert en su reciente artículo titulado “La Argentina devorada por su Estado”: “La presión impositiva sobre los que están en blanco ronda el 50% del PBI (la mitad del año trabajando para el Estado)”. Algo que remarca Hayek es que, “en momentos de confusión, se experimenta fatiga con los procedimientos de la democracia. Entonces se siente la necesidad de una dirección fuerte, que arrastre y que consiga resultados. Surge así el nuevo tipo de partido, organizado sobre líneas militares”. En nombre de un “proyecto nacional” que promete poner las cosas en orden, se perpetran extralimitaciones legislativas que traen como consecuencia el quiebre de las instituciones políticas democráticas, la violación de los derechos individuales y la decadencia económica. También debemos remarcar que el discurso de tipo militar se expresa claramente en nuestra cotidianeidad. En la Argentina al adversario político desde la óptica kirchnerista se lo identifica como a una persona a la que hay que negarle todo trato; a menos que piense como el partido gobernante, será visto como a un enemigo permanente. La desnaturalización del otro es moneda corriente, se llama gorila al que piensa diferente, carancho a los jubilados que reclaman, buitres a los acreedores externos. ¿Qué clase de gente necesita como sostén este tipo de líderes? Hayek nos dice: “La probabilidad de imponer un régimen totalitario a un pueblo entero recae en el líder que primero reúna en derredor suyo un grupo dispuesto voluntariamente a someterse a aquella disciplina totalitaria que luego impondrá por la fuerza al resto”. Lógicamente el economista Nobel nos da una serie de características de dicho grupo. “La tendencia será que esos grupos no estén formados por los mejores sino por los peores elementos de la sociedad”. “En primer lugar, mientras mayor sea la educación y la inteligencia de la gente, más diferenciados serán sus gustos y sus puntos de vista y menos probable que puedan estar de acuerdo en una gama muy amplia de valores. ”Por el contrario, para encontrar esa unanimidad hay que descender a los niveles más bajos, donde prevalecen los gustos e instintos más primitivos. ”El mayor número de personas con valores muy similares será el grupo de los niveles más bajos. Lo que une al grupo es el mínimo común denominador”. En segundo lugar, “se buscará obtener el apoyo de todos los dóciles y crédulos, que no tienen firmes convicciones propias sino que están dispuestos a aceptar un sistema de valores confeccionado si se machaca en sus orejas con suficiente fuerza y frecuencia. Serán los de ideas vagas e imperfectamente formadas, los fácilmente modelables, los de pasiones y emociones prontas a levantarse quienes engrosarán las filas del partido totalitario”. Y en tercer lugar, complementa su idea diciéndonos que “parece ser una ley de la naturaleza humana que es más fácil para la gente estar de acuerdo en un programa negativo que en uno positivo. El contraste entre ellos y nosotros, la lucha entre los de adentro y los de afuera, parece ser un ingrediente indispensable en cualquier credo que quiera unir sólidamente a un cierto grupo”. El fundamento del “vamos por todo” sintetiza estas máximas. En estos más de diez años hemos visto funcionarios aplaudir medidas tremendamente negativas que han destruido el potencial exportador de carnes y cereales, expulsando a nuestros eficientes productores a los países vecinos elevando su potencial agro exportador. Que han logrado el desabastecimiento energético de la nación respondiendo a las advertencias con discursos de barricada, que han hecho silencio ante los problemas de infraestructura gigante como el caso de nuestros trenes, por cuyas deficiencias muere gente, sin olvidar la crisis en la seguridad social. Tenemos más de 500.000 juicios de nuestros jubilados que esperan para ser resueltos; a pesar de la resolución de la Corte Suprema de Justicia el gobierno se ha negado a cumplir la orden de actualizar y pagar esos juicios. Las fuerzas de choque de Milagro Salas en el norte, absurdas actitudes y justificaciones de D’Elía y Pérsico, la corrupción en las cárceles con el movimiento del “Vatallón Militante”, etc. Las confiscaciones como el caso de las AFJP o YPF, la violación de los derechos de propiedad de la Secretaría de Comercio, los controles de precios, las amenazas a medios de comunicación opositores, las emergencias económicas permanentes que le permiten manejar discrecionalmente siderales sumas del presupuesto, etc. Las advertencias de Hayek siguen más vigentes que nunca. De nuestro aprendizaje y reacción dependerá evitar nuestra “chavización” y el camino de servidumbre. (*) Licenciado en Relaciones Internacionales. Fundación Progreso y Libertad