La vuelta al Fondo en sesenta días

Por Redacción

Opiniones

Darío Tropeano – Abogado. Docente en la Facultad de Economía de la UNC.

Como un globo que se desplaza cortando su propio aire, la Argentina retoma un viaje que, cree, la conducirá a los confines celestiales del Primer Mundo. En escasos sesenta días ha liberado su mercado cambiario para el ingreso y retiro de inversiones financieras de carácter especulativo (dólares que llegan del exterior para obtener varias veces más rentabilidad anual que la que puede lograrse en las principales plazas mundiales, que se retiran cuando deseen); liberación en la colocación de excedentes de las compañías de seguros, bancos, etc. (que antes debían invertir en pymes y en títulos estatales); transferencia de casi u$s 9.500 millones por efecto de la devaluación y la reducción de retenciones a un grupo de no más de diez exportadores que aun no liquidan cerca del 50% de la cosecha del anterior. Recibirá el primer crédito de bancos extranjeros a una tasa de interés similar a la obtenida por el último gobierno, a pesar de las “señales” pro mercado que viene evidenciando, incluido un abordaje sobre la reducción de subsidios y ajuste de tarifas. El presidente se ha reunido recientemente en Davos con empresarios que le han prometido inversiones en el país, anunciando el secretario del Tesoro de EE. UU. que comenzarán a votar en los organismos de crédito a favor de la Argentina. El ministro de Hacienda y Finanzas anunció las revisiones periódicas del FMI, dado que no tenemos nada que ocultar en tanto nuestros números son transparentes. Comenzarán las visitas habituales de los técnicos del Fondo en tanto la Argentina ha decidido endeudarse en el mercado internacional y este organismo debe asegurar el repago aconsejando políticas económicas y sociales que tan eficientes resultados han dado en el mundo en los últimos años. El acuerdo con los fondos buitre es exigido por la comunidad financiera, acuerdo que deberá pasar por el Congreso. Occidente afronta la más grave crisis económica, financiera y política desde la modernidad; el comienzo del 2016 ha sido el más caótico y bajista en las bolsas de valores desde 1928. Muchos piensan que el problema es China, cuando en realidad el gigante asiático viene corrigiendo sus porcentuales de crecimiento, después de veinte años, ahora a un 6,9% anual… ¡nada mal en verdad! China vende cada vez menos al exterior, dada la contracción de demanda que evidencia el mundo, debiendo centrar sus esfuerzos en su mercado interno. Los precios de los productos básicos decaen afectando profundamente a los países emergentes, entre ellos la Argentina. Hemos perdido cerca del 40% del valor de nuestras mercaderías exportables estos últimos dos años, lo que afecta los ingresos fiscales en dólares. Los bancos centrales de Estados Unidos y Europa no han parado de emitir euros y dólares sin respaldo para salvar a los grandes bancos (entre ellos el pequeño grupo que nos prestará en los próximos días) luego de la gran recesión iniciada en el 2008, que ha ingresado en una segunda fase más virulenta. La crisis del precio del petróleo tiene múltiples causas que se vinculan con la tensión que genera la independencia petrolífera de EE. UU. a través de la fractura hidráulica y el conflicto con su principal proveedor: Arabia Saudita, socia y principal financista –junto con potencias occidentales– de Estado Islámico. El presidente ha dicho en Davos que pretende ingresar a la Argentina rápidamente a la OCDE, un exclusivo club de 34 países que aboga por la aplicación de políticas de equilibrio fiscal, flexibilidad laboral y mercado abierto. Paradójicamente su exdirector William White ha dicho en el diario inglés “The Thelegraph” que se avecina una avalancha de impagos y quiebras dado que la situación es peor que la del 2007. El propio FMI ha adelantado en su último informe que la Argentina no crecerá y, por ende, debemos pensar que afrontaremos un período recesivo. Ahora bien, es posible que en el mediano plazo podamos llegar a ciertos equilibrios macroeconómicos perdidos, dado que las políticas aplicadas a la fecha pueden derivar en ello. Pero en economía está todo inventado: o el Estado conduce el proceso de desarrollo o las fuerzas de mercado determinan el mismo. Se puede incorporar a una mayoría amplia de la población o solo a una parte. Se trata de una decisión política. El modelo exportador de materias primas con industria liviana y bajos salarios, sin privilegiar el consumo interno y la distribución del ingreso, ha sido reiteradamente aplicado en la Argentina y las consecuencias de atraso están a la vista. No resulta técnicamente posible tener un país más igualitario con las políticas emprendidas, en tanto se ha decidido ingresar en realidad al “centro del temporal”, donde las tan ansiadas inversiones buscadas apuntan a ofrecer materias primas y libertad de ingreso y egresos de capital especulativo, cuando en realidad necesitamos integrar argentinos a un proyecto de desarrollo soberano, independiente y con inclusión social. (*) Abogado. Docente en la Facultad de Economía de la UNC