Laconismo

Redacción

Por Redacción





Si había dudas sobre los efectos políticos de la visita de los deudos del policía José Aigo al Concejo Deliberante, bastará ver la escueta declaración aprobada por el pleno del cuerpo, que llama a detener a los responsables del crimen y hacer justicia. Son 60 palabras. Otro pronunciamiento dado en la misma sesión, pero sobre la interrupción de la presidencia de Lugo en Paraguay, vio la luz con 719 palabras. No puede objetarse la importancia de ambas declaraciones. La defensa solidaria de las democracias latinoamericanas y de sus instituciones es vital e impostergable. Pero los sucesos paraguayos ocurrieron a 2.600 kilómetros de San Martín de los Andes, y el asesinato del policía a unos 80 de aquí. Naturalmente, la distancia no es una variable decisiva para definir la trascendencia de una declaración política. Pero ocurre que el asesinato del sargento Aigo sacudió a la sociedad neuquina, produjo allanamientos en esta ciudad e involucra al propio hijo de su intendente. El joven Marcos Fernández era el dueño y conductor de la pickup en la que viajaban los chilenos Salazar Oporto y Cortés Torres, buscados desde aquel fatídico siete de marzo. Marcos está procesado por encubrimiento agravado y como presunto partícipe del crimen ocurrido durante un control de tránsito, pero se equivoca quien suponga que fue la consanguinidad del intendente la que condicionó el interés de los ediles. El propio Juan Fernández ha dado muestras de separar la intimidad familiar de los asuntos de estado. Más bien son otras las razones, que derivaron en esa declaración previsible y lacónica. La presentación que la familia Aigo realizó en el Deliberante contiene algunas líneas que caldearon los ánimos. Dice que en la Patagonia hay células guerrilleras, y sugiere que por esta zona se las apaña. Eso encendió el debate entre los concejales, a la postre saldado con esa postura de lo obvio, diciendo lo mínimo: que se haga justicia… Salazar Oporto, asesino de Aigo, es tenido en Chile por jefe de una organización clandestina que reivindica la lucha armada. Pero aun cuando pueda haber una cierta laxitud en nuestras fronteras, la Patagonia no se perfila como refugio logístico o teatro de operaciones de guerrillas que llaman a desalambrar… Sin embargo, algunos concejales no estaban del todo convencidos. Como fuere, la visita de los Aigo tuvo otro correlato, del que se ocupó esta columna en otras ediciones: el portazo del presidente del Concejo al bloque del FpV, que enmascara una disputa de poder en el justicialismo Julio Obeid se escindió del bloque del Frente para la Victoria por fuerte discrepancia con sus pares del “Acuerdo Político” gobernante, evidenciadas por el tratamiento que -según dijo- se le dio desde su bancada a la presencia de los Aigo. Sus colegas del oficialismo lo trataron de mitómano y le exigieron la renuncia a la presidencia del Legislativo. Desde hace tres semanas se está dando vueltas a este asunto, porque Obeid se niega a dejar la conducción del Concejo. En reunión a puertas cerradas con los ediles de los distintos bloques, celebrada el jueves último (Obeid no acudió), el intendente Juan Fernández explicitó su pérdida de confianza en quien debe subrogarlo cada vez que abandona la ciudad. Desde entonces, al menos una parte de la oposición ya asume que el asunto dejó de ser un sainete interno del peronismo-kirchnerismo, para mutar en un lío institucional que podría dislocar el trabajo de ambos poderes. Eso daría los votos suficientes para desplazar a Obeid. Se trata de un síndrome Cobos un poco “sui géneris”. Fernández no tiene las espaldas de la presidenta, y Obeid no ganó notoriedad con ningún voto “no positivo” que haya dividido a la opinión pública. Los ediles se reunirán este lunes a las 8 para ver qué hacen. Todo puede pasar.

la semana en san martín

fernando bravo rionegro@smandes.com.ar


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