Laila fue miembro de la Fuerza Aérea

El defensor pidió que se analice su estado psíquico.

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CIPOLLETTI (AC).- Héctor Díaz, la travesti que está imputada por el crimen en la clínica de Cipolletti, integró la Fuerza Aérea en la década del 80 y a raíz de una situación traumática que padeció mientras trabajaba como militar terminó internada en dos hospitales psiquiátricos de Mendoza. Ahora su abogado solicitó que la acusada, que desde hace años vive como mujer con el nombre de Laila -aun cuando no hizo la opción legal de cambio de género- sea sometida a una junta médica para que los profesionales determinen si está afectada por algún trastorno. Díaz integró la Fuerza Área cuando apenas había cumplido la mayoría de edad y antes de hacer su opción de cambio de género. De acuerdo con las fuentes, se desempeñó como cabo y habría sufrido una agresión de otros compañeros, por lo cual debió ser internado y con asistencia psicológica. En un primer momento fue asistido en el hospital Carlos Pereyra de Mendoza y después lo derivaron al psiquiátrico El Sauce, de la ciudad mendocina de Bermejo. Las internaciones ocurrieron en 1986, aproximadamente. Cuando superó esa situación, Díaz regresó a Neuquén y decidió asumirse travesti y llamarse Laila. El defensor público Juan Pablo Piombo solicitó la realización de una junta médico-psquiátrica para que los profesionales analicen eventuales trastornos. Pidió que intervengan un psicólogo, un psiquiatra y un médico forense. En el mismo escrito, el abogado peticionó que se respete la identidad de género adoptada por Díaz y que se le de un trato acorde a su percepción, tanto en lo personal como en las condiciones especiales de detención; que se tenga en cuenta su discapacidad física y que sea alojada en una celda adecuada para una persona que se traslada en silla de ruedas. El sábado 23 de marzo, Díaz, de 49 años, llegó a la clínica de Mengelle e Yrigoyen y subió en ascensor hasta el piso dónde está la Terapia. Allí preguntó por el médico Walter Nuñez, a quien responsabiliza por un supuesto caso de mala praxis que padeció su madre de 81 años. Como no apareció, la imputada sacó un revólver calibre 32 y efectuó 27 disparos. Pretendía que Nuñez reconociera su error frente a una cámara de televisión. Eso ocurrió después de las 8 de la mañana. En la primera tanda de disparos, una de las balas alcanzó a la joven laboratorista Carla Milla, que murió desangrada detrás de una mesada. Hace años, la acusada quedó en silla de ruedas por una mala praxis por silicona que se colocó en los muslos.

CRIMEN EN LA CLÍNICA


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