Las acequias dan vida a Loncopué

Están conectadas a una vertiente natural.

Redacción

Por Redacción

Luis Garcia

Una de las postales clásicas de la ciudad, que ya forman parte de su identidad.

NEUQUÉN (AN).- A dos años de cumplir el centenario de su fundación, allá en medio de la Campaña del Desierto, Loncopué atesora en sus calles el último sistema de riego urbano en funcionamiento de la provincia: sus acequias irrigan las veredas y plazas. Para los viajeros que llegan a Loncopué desde Zapala, el cruce del arroyo que delimita la ciudad marca el arribo a un pueblo que parece congelado en el tiempo y en el que verde excepcional para esa zona evidencia la influencia de las añejas acequias. “La verdad es que no sabemos bien qué tan viejas son. Han estado acá siempre, así que suponemos que tienen casi 100 años, como la ciudad”, aseguró la intendenta, María Villone. Construidas en cemento de esa calidad que ya no se ve, las acequias cubren cada calle del casco histórico, representando hoy cerca del 40% del pueblo que apenas roza los 6.000 habitantes. “Como son tan viejas venimos haciéndole un mantenimiento. Se calzan bien y se recubren partes en piedra bocha que queda muy bonito, y ahora estamos por ponerles piedra laja para que sea más fácil limpiarlas”, detalló Villone. Para la intendenta, como para el resto de los vecinos, las acequias son casi imperceptibles en su vida diaria, aunque reconocen que “son lo que más le gusta a los turistas que vienen por primera vez”. Es que para los locales es natural que para ingresar a las casas de esa parte del pueblo se deba pasar sobre pequeños puentes que cubren partes de las acequias, o grandes puentes si se trata de los accesos a los garajes. En la provincia la vieja capital neuquina, Chos Malal, cuenta también con un sistema de acequias, aunque en ese caso se las preserva más como patrimonio histórico que como elemento funcional. En Loncopué, sin embargo, las acequias siguen estando conectadas a una vertiente natural que trae el agua venida del deshielo y que hace que en los canales urbanos que riegan las veredas y la plaza principal, el agua transportada sea totalmente cristalina. “En invierno recogen también el agua de lluvia y mantienen limpias las calles, pero en verano es cuando más útiles son porque la gente tiene tarritos en sus casas con los que sacan agua de los canales para regalar todas las plantas del jardín. Hasta algunos lavan los autos con el agua de las acequias”, explicó Villone. El camino desde Huarenchenque ya evidencia el efecto del sistema de riego. Y a medida que se avanza hacia la ciudad las arboledas son cada vez más nutridas y coloridas, funcionando además como un retén natural al viento imperante antes del invierno. “Para nosotros las acequias son parte del pueblo, están desde siempre y debe ser por eso que no recordamos que haya pasado ningún accidente con estas acequias, a pesar de estar frente a la casa de casi la mitad de los vecinos”, señaló la jefa comunal.


Luis Garcia

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