Las argelinas son prisioneras en su propio país
La influencia islamista se intensificó desde los ´80 y ahora el 80% de las mujeres ha vuelto a usar velo.
ARGEL (DPA) – Fazia Abbad lleva un cuidado maquillaje y una larga cabellera negra y suelta. Es una costumbre que no quiere perder. Esta argelina de 50 años pertenece a la generación que lució minifalda en su juventud, pero ahora observa que cada vez más mujeres jóvenes optan por el velo.
«La influencia de los islamistas se ha intensificado», advierte Fazia. «Muchas mujeres se cubren no por convicción religiosa, sino por presión social».
Los analistas calculan que un 80 por ciento de las mujeres lleva velo en la capital, Argel. En zonas rurales, la proporción es aun mayor.
«Para muchas de mi generación, el velo no es más que un artículo de moda», opina la hija de Fazia, Amina, de 21 años. «Se dejan visible un mechón y llevan coloridos velos de determinados diseñadores», asegura. «Tal vez cambie de opinión cuando tenga las primeras canas», añade entre risas.
La posición actual de las mujeres en Argelia no es sencilla. El derecho de familia forjado en los 80 prescribe que una mujer debe obedecer a su marido.
La poligamia está oficialmente permitida y en caso de una separación el hombre siempre parte de una posición privilegiada.
Si la mujer pide el divorcio, pierde en la práctica todos sus derechos… y con ellos su buena reputación.
«Como mujer divorciada una se convierte en objetivo de todos los ataques», según Abbad, separada de su marido tras dos años de matrimonio. Su ex marido se quedó con la casa que tenían y no mantiene ninguna obligación con respecto a la hija común.
«También es imposible que viva sola: socialmente, eso resultaría inaceptable», añade Abbad con cierta frustración: «Por eso, a los 50 años, tengo que seguir viviendo con mis padres».
El mayor problema de las jóvenes argelinas, según Amina, es que no pueden abandonar el país: «Pedí cuatro veces una visa, y nunca me la concedieron». El negocio sí salió bien para el gobierno: «En cada ocasión tuve que pagar una tasa de 6.000 dinares (uno 60 euros/82 dólares)».
«Lo que más me gustaría es ir a Europa. Aquí ya no encuentro trabajo», se lamenta Amina, estudiante de Economía. «¿Por qué no tenemos derecho a conocer otros países? Nos sentimos prisioneras en nuestro propio país».
Este oscuro panorama recibió un tenue rayo de luz en las recientes elecciones presidenciales, donde entre los seis candidatos figuraba una mujer. Era Luisa Hanune, miembro del Partido de los Trabajadores, de extrema izquierda, que en los 80 protestó contra la misoginia del derecho de familia.
En unas elecciones marcadas por las acusaciones de fraude y en las que se daba por hecho la reelección de Abdelaziz Buteflika, Hanune logró el segundo lugar con un cuatro por ciento de los votos. La candidata, de 55 años, recibió el resultado con satisfacción: «Si no se pudo en esta ocasión, será en la próxima», confió.
Hasta que ese deseo no cobre forma, el cambio político para las mujeres de Argelia no será más que una ilusión.
ARGEL (DPA) - Fazia Abbad lleva un cuidado maquillaje y una larga cabellera negra y suelta. Es una costumbre que no quiere perder. Esta argelina de 50 años pertenece a la generación que lució minifalda en su juventud, pero ahora observa que cada vez más mujeres jóvenes optan por el velo.
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