Las expectativas vs. la realidad





Entre medio de los censos nacionales se realizan estimaciones y proyecciones de población, ya sea por parte de organismos nacionales o provinciales, o de instituciones privadas, y en otros casos relevamientos o encuestas hechos por los municipios. Se utilizan para estas proyecciones indicadores de crecimiento tales como las tasas intercensales anteriores, las de crecimiento vegetativo, las de crecimiento migratorio interno y externo, la matrícula escolar, los medidores de servicios como luz y gas, los padrones electorales, la extensión de los ejidos, la demanda laboral, los cambios de domicilio, la radicación de bancos, la explotación petrolífera, la cantidad de teléfonos, la demanda de terrenos, entre otras variables. En otras oportunidades las cifras de población estimadas son expresiones de deseos de algunas autoridades políticas locales, que quieren darle anticipadamente a su ciudad una importancia que todavía no alcanzaron en materia poblacional o demostrar que son más poderosos que sus vecinos por unos pocos cientos de habitantes más. Y ha pasado que a veces, cuando se conocen los datos oficiales, dudan de éstos porque no cumplieron su expectativa. Se observa que en general la tendencia es estimar en demasía la población y muchas veces esas cifras son groseramente erradas una vez conocidos los resultados oficiales, que en definitiva son los únicos que cuentan para cualquier gestión oficial (coparticipación, regalías, planes de viviendas, obras públicas, cargos electivos, policías por habitante, ahora el reparto de los fondos sojeros, etc.) o comercial (desembarco de hipermercados, locales franquiciados de marcas conocidas, radicación de industrias, etc.). Algunas tendencias alcistas Las cifras de población de la provincia de Neuquén y su capital han sido ejemplos de sobreestimaciones a lo largo de estos años, dicho esto sin cuestionar el profesional trabajo de su Dirección de Estadística, Censos y Documentación y de los restantes investigadores ya que éste no es el objetivo de este informe. El espacio acotado de éste permitirá mencionar sólo algunas de estas sobreestimaciones. Por caso, en 1990 (un año antes del censo 1991) un trabajo privado sobre la ciudad de Neuquén estimó para ese año una población de 181.124 habitantes y una proyección de 400.000 para el año 2000 -en una hipótesis de mínima, y de 484.000 en una de máxima (según la tasa intercensal tomada de los censos más cercano o más lejano anteriores). Pero con los resultados de ambos censos a la vista, para el de 1991 Neuquén capital arrojó 167.296 habitantes y para el del 2001 poco más de 203.000, la mitad de lo estimado. También para la ciudad de Neuquén y en una estimación intercensal, la Dirección Provincial de Estadísticas, Censos y Documentación en 1995 y en base al método de incrementos relativos –sujetos a revisión- estimaba para el 2000 una población de casi 256.000 habitantes, cuando lo real que arrojó el censo 2001 fue de poco más de 200.000 habitantes, siempre para Neuquén capital. Ni siquiera tomando el eje Neuquén-Plottier alcanzó esa cifra, ya que esta aglomeración en 2001 sumó 225.000 habitantes. La misma dirección estimó para 1999 en poco más de 540.000 neuquinos en la provincia y para el 2000 dijo que alcanzaría a 560.726 habitantes. Pero los resultados finales del Censo 2001, conocidos en marzo del año siguiente, mostraron otra realidad: la provincia apenas alcanzó las 472.312 personas. Para la ciudad de Bariloche en 1990, faltando un año para el censo ´91, los barilochenses más optimistas –con escasa apoyatura técnica- aseguraban ser 100.000 habitantes cuando el censo 1991 arrojó en definitiva 81.130, y poco más de 93.000 para el 2001, ambas cifras muy lejanas a las estimadas en 1990. En Cipolletti el municipio realizó en 1988 un relevamiento poblacional y de vivienda propio que arrojó una población de 75.000 personas, cifra que no alcanzó ni en el censo del ’91 (67.756 habitantes) y apenas arañó esa cifra en el 2001 (74.866). Lo cierto es que con la divulgación de los datos finales del Censo 1991 se pudo concluir que resultaron excesivas en muchos casos las proyecciones sobre el crecimiento de las principales ciudades de la región. Muchas veces la escasa variación de población registrada en localidades que demostraron los números no coincidió con la “sensación” que percibían sus gobernantes o con los estudios realizados. Este diario publicó en junio de 1998 una investigación demográfica propia para ambas provincias sobre tendencias de crecimiento, realizada con un sistema novedoso con respecto al del Indec. Recabó información a empresas de energía en el entendimiento de que es el servicio de uso más extendido, más allá de los “colgados” y “enganchados” que darían un pequeño margen de error, y manejó además otros datos que hacen a la dinámica económica. Los notables cambios habidos en la evolución poblacional con los que concluyó el informe para ese momento no se reflejaron para nada tres años después una vez conocido el Censo de 2001: ni Bariloche tuvo 100.000 habitantes en 1998 ni Roca alcanzaría los 100.000 en el 2000, ya que ninguna de las dos mayores ciudades de Río Negro superó esa cifra. Quizás lo hagan ahora una vez conocidos los datos del 2010. Algo similar ocurrió para Neuquén, la capital y el resto de sus principales ciudades: la investigación dio cifras en más que no se confirmaron siquiera tres años después con los resultados del censo 2001. En el período intercensal 1991-2001 Sierra Grande, por esos días una ciudad empobrecida y en plena crisis, realizó en febrero de 2000 un censo municipal con el apoyo de técnicos de Estadística y Censos de la provincia para planificar la ayuda social. Se estimaba para entonces una población de 8.000 personas, unas tres mil menos que las que había mostrado el censo de 1991, de 11.500 vecinos. Esta “sensación” de despoblamiento estaba dada por la pérdida de puestos de trabajo y las viviendas desocupadas tras el cierre de Hipasam. Una vez más el relevamiento municipal dio una cifra menor a la estimada: en el 2000 Sierra Grande tenía 6.087. Cifra muy cercana a la que arrojó Censo nacional del año siguiente: para 2001 en Sierra Grande vivían 6.979 personas, siempre lejos de las 8.000 estimadas en principio. Es bueno recordar lo que decía uno de los más rigurosos especialistas en urbanización y censos, el recordado y prestigioso César Vapñarsky: “hay quienes creen que crecer es un fin en sí mismo, los desvela el mito de crecer… se plantean el crecimiento como un fin en sí mismo, cuando en vez de alentar el crecimiento acelerado debieran detenerse a pensar en los problemas urbanos y la baja calidad de vida que tienen miles de seres en aquellos lugares que han crecido desmesuradamente”. Para Vapñarsky, esta especie de funesta ideología, vertebrada alrededor de la promoción del crecimiento sin referencias de ordenamiento ni diagnóstico de posibilidades, tiene que ver con “determinada percepción de lo que es el poder”. Las estimaciones para este Censo 2010 Previo a este Censo 2010 algunos municipios han ido percibiendo o estimando su crecimiento y le han puesto números: Plottier habló en el 2008 de duplicación de su población respecto del censo 2001 (casi 23.000) y estimó cerca de 47.000 personas para ese año; Rincón de los Sauces estimó en el 2007 un crecimiento tan espectacular que asegura haber pasado de los 5.000 habitantes censados en el 2001 a 35.000 estimados en el 2007 (un 700% de crecimiento); El Bolsón dijo que en los últimos diez años duplicó su población por lo que en el 2010 tendría 30.000 habitantes. Cervantes festejó su centenario el pasado mes con una comunidad que asegura la componen 10.000 vecinos, el doble desde el censo de 2001 (aquí hay que resaltar que históricamente en contadas oportunidades se alcanzó o superó la duplicación de población en ciudades entre censo y censo: entre ’91 y 2001 no hubo ninguna; entre ’80 y ’91 solamente El Bolsón, que creció el 151,51%; entre 1970 y 1980 Catriel creció un 149%, Sierra Grande un 2.284%; Lamarque un 120%; y Fernández Oro un 110%, todas por motivos excepcionales). Las autoridades municipales roquenses estimaron en abril pasado exactamente unos 117.592 habitantes, o sea un crecimiento intercensal del 50% (Roca tuvo en 2001 poco más de 78.000, con un crecimiento 1991-2001 de sólo el 11,5%), y las de San Martín de los Andes estimaron para la actualidad unas 40.000 (con 23.354 habitantes en 2001). El Ejecutivo de Cipolletti, ciudad que cada diez años compite con Roca para ser la segunda más poblada de la provincia (siempre fue la tercera) se atribuyó en su aniversario de octubre pasado entre 110.000 y 120.000 personas (entre 35 y 45 mil más que en el 2001) estimadas por los medidores de luz. Para Bariloche, históricamente la primera, un precandidato a gobernador radical aseguró a este medio días pasados que la ciudad tiene hoy 150.000 habitantes. Cabe preguntarse: ¿pudo haber crecido un 62% desde el último censo, cuando la tasa intercensal 1991-2001 fue del 14,8%? Mientras se esperan los resultados –en definitiva la única verdad- es bueno recordar una vez más a César Vapñarsky, quien jocosamente decía que “en cada censo usted se va a encontrar infinidad de gobernantes esperando los resultados en un estado calamitoso, al borde del estallido de coronarias, desesperados por saber si son algunas docenas más que el otro y, si lo son …, bueno…¡ a celebrar!”

Ana María Alonso Bibliotecaria / Archivo Diario Río Negro


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