Las piezas sueltas de la selección deben terminar de engranar antes que sea demasiado tarde



Argentina comenzó esta Copa América de Brasil en el subsuelo, anoche se niveló y en tercer día deberá subir irremediablemente de escalón, si quiere evitar otro derrumbe similar al de Rusia.

La selección lució mucho mejor que en el debut, pero hay factores de riesgo que aún lo hacen un equipo vulnerable, y no solamente por aspectos puramente futbolísticos. Dos certezas: creció en el juego ante Paraguay, pero la fragilidad mental ante la adversidad lo volvió a poner a prueba y casi le cuesta una nueva derrota que hubiera sido casi lapidaria para su futuro en la Copa.

El factor Lo Celso, ubicado en su posición de volante central, ayudó a que Argentina saque los pies del pantano que lo inundó ante Colombia. Paredes fue su socio natural. La conexión, que falló en el estreno, le dio esa claridad necesaria para progresar desde la zona neurálgica del campo.
Sin embargo, esta Argentina no está bien de la cabeza. Sólo es necesaria una primera falla para que se desencadene un posterior sufrimiento y que en el equipo se reaviven los fantasmas del error. El bloqueo es inmediato. Llegando a los 30’, el Tucu Pereyra perdió en la mitad de la cancha y la jugada terminó en un disparo cruzado de Derlis González, que se fue apenas afuera. Que haya rondado el gol en el arco de Armani, a la selección le fue suficiente para paralizarse. Hasta allí había sido prolijo, paciente y con movilidad, aunque con pocas posibilidades de gol.

Ante Paraguay, Argentina perdió la rigidez del debut, supo avanzar con pelota dominada y triangular. No era poca cosa si se compara con el equipo timorato y estático que había perdido con Colombia.
Pero Argentina se frustra ante la primera adversidad, no tiene la fortaleza mental para creerse capaz de dar vuelta la historia.
De todas maneras, algo sucedió durante el entretiempo en el vestuario del mítico estadio Mineirao. La selección puso a prueba su capacidad de recuperación ante un equipo históricamente guerrero como el paraguayo. Este seleccionado, que se había olvidado de jugar, renació empujado por el orgullo que lo hizo grande.

La mejor jugada elaborada de la noche por Argentina hasta los 10’ del ST, había terminado con un disparo de Messi que sacó el arquero Fernández. El VAR vio una mano que nadie observó, la tecnología hizo justicia y el crack ejecutó la pena.
El destino, caprichoso, volvió a poner a prueba el temple atado con hilos de este equipo, pero esta vez Armani se puso el traje de héroe que tantas veces vistió con River, y le atajó el penal a Derlis González.

Scaloni deberá pensar bien el partido ante Qatar y reducir el margen de error en sus decisiones.

Sin embargo, ese engranaje técnico llamado Scaloni, falló. Sacó a Lautaro y el equipo volvió a perderse. Deberá aprender también el novel DT a leer los partidos cuando estos se escriben con mayúsculas. Argentina está aún a tiempo de todo. Si sigue creciendo, el domingo lo coronará con la clasificación y en los mano a mano, como siempre, será a suerte o verdad.


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Las piezas sueltas de la selección deben terminar de engranar antes que sea demasiado tarde