Nobel de Literatura: Anne Carson, rara y clásica, sabia y atrevida

Canadiense, formada en la tradición clásica, su obra cruza poesía, ensayo y mito. Safo, Emily Brontë y Rosalía conviven en una escritura que en el país en editoriales independientes.

Por Verónica Bonacchi

Anne Carson escribe como si las palabras tuvieran vida propia. Las deja rebotar, como ella misma dice, cambiar de dirección, mezclarse con un fragmento de Safo, con una escena de una película, una traducción del griego antiguo o con una canción de Rosalía. No parece demasiado interesada en decidir si lo que está escribiendo es un poema, un ensayo, una novela, o algo que todavía no tiene nombre. Rara y clásica, sabia y atrevida, culta e inquietante. “Su poesía ofrece intensidades hipnóticas”, como decía Susan Sontag de ella.


Ayer, la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura por una obra “audaz e ingeniosa” y que, en un diálogo lúdico con la tradición clásica, creó nuevas formas para la literatura contemporánea. Carson, de 76 años, es la tercera persona nacida en Canadá en recibirlo, después de Alice Munro y Saul Bellow. La noticia la encontró en Islandia, barriendo el suelo de su cocina.


Nació en Toronto en 1950. Su vínculo con el griego antiguo comenzó cuando todavía era estudiante y terminó convirtiéndose en una parte fundamental de su formación. Estudió lenguas clásicas y fue profesora universitaria antes de convertirse en una de las escritoras más singulares de la literatura contemporánea. Decir que Carson es una poeta formada en la tradición clásica queda corto. Lo extraordinario es lo que hace con eso.


En “Eros, el dulce-amargo” (editado en la Argentina por Fiordo, con traducción de Mirta Rosenberg y Silvina López Medin), su estudio sobre el deseo en la literatura griega, ya aparecen varias de las obsesiones que atraviesan su obra: el amor, la distancia, la pérdida y el lenguaje. Safo ocupa un lugar central, claro. También la pregunta por aquello que no puede completarse, por los fragmentos que sobreviven de una obra antigua y por todo lo que una traducción necesariamente pierde y transforma.


Carson tiene la habilidad de ir a la Grecia clásica sin alejarse del presente. En sus libros conviven Safo y Gertrude Stein, Emily Brontë y Simone Weil, Marilyn Monroe y los tragediógrafos griegos. Puede escribir sobre la muerte de su hermano en “Nox” (un conmovedor libro objeto, en forma de acordeón, que combina poesía, fotografías, collages, dibujos, diccionario), sobre un matrimonio en “La belleza del marido”, sobre el deseo en “Eros”, sobre el misticismo en “Decreación” o sobre la memoria y la traducción. Era amiga del músico Lou Reed y, para su cumpleaños número 70, le regaló un poema concebido como una performance, que presentó durante la celebración.

Anne Carson

En “La belleza del marido”, una historia de amor, infidelidad y ruptura construida como una serie de “tangos”, aparece una de esas frases inolvidables: “El deseo al cuadrado es amor y el amor al cuadrado es locura. La locura al cuadrado es matrimonio”.


Es difícil encasillarla en una definición. Ha sido llamada poeta, ensayista, traductora, clasicista, dramaturga. Ella más bien parece ir tras una pregunta hasta donde la lleve. Y pueden llevarla, por ejemplo, a hacer el Camino de Santiago y convertirlo, en 1983, en el precioso libro “Tipos del agua”.


Carson suele ser presentada como una escritora difícil, críptica, erudita. Ella lo niega. En octubre de 2018, durante una entrevista en el Filba de Buenos Aires, dijo: “No quiero ser oscura. No es mi intención. Nunca. En mi cabeza, Sófocles y mi madre están juntos, uno al lado de la otra”.

Este año escribió sobre Rosalía después de asistir a un concierto de la cantante en Chicago. “Tengo resaca de Rosalía”, empieza el artículo publicado en la London Review of Books. Describe la voz de la cantante como un prodigio y se pregunta qué puede hacer una voz sobre los 20.000 espectadores que estaban allí. Fue justamente en ellos donde se detuvo, lo que provocó alguna polémica. Carson no encontró en el público una experiencia colectiva sino una suma de fascinaciones privadas, ¿un mal de época?: “Aquí cada persona está singularmente enamorada de Rosalía y ocupada imaginando su vida con ella, sus salvaciones privadas”. Después del concierto, observa a los espectadores esperando el tren y escribe: “No hay euforia compartida, ninguna herida comunitaria”.


Ahora, a los 76 años, Carson recibe el mayor reconocimiento posible. La llamada de la Academia Sueca fue breve. Carson estaba barriendo su casa de Islandia cuando sonó el teléfono. No atendió. Fue su marido el que dijo que llamara a ese número. Después, dijo poco. Dijo que estaba “muy sorprendida”. Y también, que estaba escuchando el viento.


Anne Carson escribe como si las palabras tuvieran vida propia. Las deja rebotar, como ella misma dice, cambiar de dirección, mezclarse con un fragmento de Safo, con una escena de una película, una traducción del griego antiguo o con una canción de Rosalía. No parece demasiado interesada en decidir si lo que está escribiendo es un poema, un ensayo, una novela, o algo que todavía no tiene nombre. Rara y clásica, sabia y atrevida, culta e inquietante. “Su poesía ofrece intensidades hipnóticas”, como decía Susan Sontag de ella.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios