Lecturas recomendadas: «La hija única», madre no hay una sola

Basada en la experiencia de una amiga a la que le anunciaron en el octavo mes de embarazo que su hija nacería muerta, la escritora mexicana Guadalupe Nettel cuenta sin artificios y de modo llano las diversas formas que toma ser madre.





Es un libro sencillo. Es un libro crudo. “La hija única”, el librode la mexicana Gadalupe Nettel tiene una historia central desvastadora, y aún así, entre las páginas hay humor (poco) y otras maneras de crianza que alivianan el dolor.
El centro del relato es la historia de Alina. En el octavo mes de un embarazo muy buscado, a Alina le informan que su hija nacerá y morirá en el mismo acto, que el cerebro de Inés -así decidieron llamarla- no crece ni crecerá. Queda un mes para el parto y Alina y su compañero, Aurelio, deciden emprender el doloroso pero sorprendente proceso de aceptación y duelo.


No hay golpe bajo ni regodeo en el dolor. Nettel cuenta esta situación y lo que ocurre, en forma simple, directa, con la crudeza que la que realidad y los sentimientos más íntimos conviven en una situación así de compleja.
Pero el de Alina es sólo una de los relatos de este libro que publicó Anagrama en septiembre. La voz que lleva el relato es la de Laura, la mejor amiga de Alina, que decide ligarse las trompas porque sabe que no quiere tener hijos, mientras sortea un vínculo estrecho pero complejo con su madre, y sostiene y ayuda a una vecina, Doris, que no puede lidiar con su propio hijo.
Aunque escrito de modo aparentemente sencillo y directo, hay profundidad en las reflexiones sobre los diversos modos que adopta la maternidad, sobre las culpas, las incertidumbres, las alegrías y las angustias, las esperanzas, las cavilaciones, las posibilidades e imposibilidades que arrastra consigo.
La historia que narra Nettel como eje central del libro es verdadera. En la primera página de este libro lo deja claro, al dedicarle el texto a su amiga “Amelia Hinojosa, quien con gran generosidad me permitió contar los detalles”.
“Hay un juego de luces: algo muy triste dialoga con cosas luminosas y graciosas. Busqué un equilibrio de contrapesos y pude llegar a eso gracias a una escritura transparente”, cuenta Nettel, sobre el entramado que le permitió abordar lo complejo de las tareas de cuidado, las redes de solidaridad femenina y rincones menos trillados de la maternidad.
Nettel nació en la década de los 70 en la Ciudad de México, y vivió una parte de su infancia y juventud en Francia. Es doctora en Ciencias del Lenguaje en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París.Publicó las novelas “El huésped” (2006), “El cuerpo en que nací” (2011), y “Después del invierno” (2014), con la que obtuvo en Premio Herralde, además de los libros de cuentos “Pétalos y otras historias incómodas “(Anagrama, 2008), entre otros. Actualmente dirige la Revista de la Universidad de México.
El libro está dividido en dos partes. En la primera, Alina se prepara para el duelo, y Laura va contando y viviendo las otras posibles maternidades, pero desde un lugar de espectadora. En la segunda, el lector se encontrará con las dificultades, los desafíos más complejos, y el momento en que Inés efectivamente nace.
Y todo cambia.


Tres preguntas a la autora

P:El libro invita a repensar aquella vieja idea de que “madre hay una sola”.
R.- Ese tipo de afirmaciones, lo único que hacen es poner toda la carga sobre una persona. Y la novela intenta dejar en claro por qué no tiene razón de ser. Incluso lo más simple de la naturaleza nos muestra que hay otras opciones de crianza: madres que crían a los hijos de otros animales, mujeres que cuidan juntas, padres que toman el rol de la madre. Es parte del patriarcado: la madre como figura sacrosanta es un deber ser insoportable para las mujeres.


P_ ¿Qué la convocó a escribir la historia de Alina?
R-Me impresionó la idea de que ella tuviera en el vientre a alguien que iba a morir. Y a pesar de que era un embarazo muy avanzado, no evaluó abortar porque los médicos le aseguraron que la niña iba a morir. Tal vez, si le decían que iba a vivir como un vegetal, hubiera decidido abortar aunque fuera ilegal. Le aseguraron que no había ninguna posibilidad de que viviera, fue terrible porque estuvo muy a merced de los médicos. Desde un punto de vista literario, me pareció fascinante que las ganas de tener un bebé la convertían en madre aunque fuera únicamente durante la gestación. Ella estaba convencida de que tenía una hija que estaba dentro de ella y que tenía que ocuparse. Las cosas cambiaron y se adaptó; me inspiró mucho su manera de reaccionar ante esos retos.
P-La novela plantea un entramado de mujeres que forman una red.
R- En México hay un debate muy fuerte sobre la importancia de lo colectivo. Las redes, las asambleas feministas y la política están pensando esto. Me parece que las redes de mujeres son una forma de reaccionar. Aquí, las madres se juntan para buscar a las hijas desaparecidas y eso me hizo retomar la idea de que el hijo de una es el hijo de todas. Y si un día me pasa algo así de horrible, estaré acompañada por otras mujeres. Quise pensar en formas de crianza más colectivas con una forma de salvarse de la carga abrumadora del aislamiento en el que siguen cayendo las madres aún en el Siglo XXI. (Télam)


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