El 40 por ciento de los chicos tiene obesidad
Son los que se controlan en el sistema sanitario público. La cifra está por encima de la media nacional. En el hospital no hay registros de desnutrición.
El sobrepeso y la obesidad infantil es el problema más grave que enfrenta la salud pública infantil en Bariloche. La encuesta nacional arroja un 30% de casos en escolares que se contrapone contra el 40% que observan los pediatras en los controles de rutina en el hospital Ramón Carrillo. Un estudio que realizó el centro de salud del barrio El Frutillar da cuenta de un 52% de obesidad en esa población.
La situación en Bariloche es definida como una “catástrofe” por el jefe de Pediatría del hospital público de Bariloche. “La obesidad es más dañina cuando afecta a los chicos. Hay mayor riesgo de tener una serie de enfermedades que además, se desarrollan de manera mucho más acelerada. Antes, la hipertensión esencial no era un problema en la salud pública infantil. Hoy tenemos muchísimos casos y a edades cada vez más tempranas, desde los cinco o seis años”, explicó el pediatra Andrés Little.
De la mano de la obesidad, en el último tiempo, los pediatras han empezado a registrar casos de diabetes tipo 2 en los chicos, al igual que enfermedades cardiovasculares, trastornos hormonales, síndromes de ovario poliquístico, hipotiroidismo y enfermedades hepáticas severas. La lista continúa.
Sólo en el 2015, el área de Pediatría del hospital atendió unas 16.000 consultas médicas, un promedio de 1.300 por mes.
“Vemos casos de obesidad y sobrepeso incluso en los lactantes, antes de que empiecen a comer. Hay que insistir mucho con los padres en la gravedad del problema. Pasa que muchas veces ellos también son obesos. En este hospital, no tenemos desnutridos por falta de comida. Tenemos chicos con dietas hipercalóricas, con pocas proteínas y mucha grasa”, resumió Little.
El primer martes de cada mes, Ana De Napoli, la nutricionista a cargo del área de Pediatría del hospital, brinda talleres sobre la alimentación de los niños menores de un año. No sobrealimentar al pequeño, usar cucharas pequeñas y preferir los lácteos descremados a partir de los dos años son sólo algunas de las recomendaciones. “Hay que cambiar conductas porque la dieta es insana. Bajando la ingesta de 100 calorías por día, por ejemplo, al sacar las gaseosas, ya se produce un impacto. La gente tampoco está acostumbrada a comer verduras. Y por otra parte, los colegios deberían evaluar qué les dan de comer a los chicos. Se debería capacitar a quienes cocinan, poner en marcha los quioscos saludables y aumentar la oferta física en las escuelas, porque 40 minutos por semana no alcanzan”, expresó De Napoli.
En Bariloche, los profesionales atribuyen también la grave situación a la falta de actividad física.
En un curso de séptimo grado, el 60% de las estudiantes presentaba índices de sobrepeso y obesidad. Así lo indicó un relevamiento que se hizo el año pasado en una escuela primaria de Roca.
Este año, preocupa el caso de una nena que con apenas dos años cuenta con un indice de masa corporal que se encuentra “fuera del cuadro”. ¿Qué significa? Que el promedio el peso y la talla –en relación también a la edad y el sexo– la ubica en una obesidad mórbida.
Son casos concretos –algunos de muchos– de la realidad actual que preocupa a los profesionales que integran el Comité Materno Infanto Juvenil del hospital Francisco López Lima de esta ciudad. “Es una enfermedad crónica, un factor de riesgo para otras enfermedades. Atender la obesidad es salud”, remarcaron al unísono la nutricionista Daniela Fernández y la pediatra Daniela Bozzi.
Los kilos de más se deben al desequilibrio en una lógica ecuación: lo que se come es más de lo que se gasta. En ese sentido, la pediatra puntualizó en que las estadísticas indican que “en más del 95% de los casos la enfermedad se debe a múltiples factores, un bajo porcentaje a cuestiones hereditarias”.
Si bien la obesidad es una epidemia mundial porque en pocos años ha aumentado el porcentaje de incidencia, lo que asusta es el incremento de los casos de obesidad grave a edades cada vez más tempranas. Y a la par las enfermedades que se asocian, como la di abetes, el colesterol, problemas cardiovasculares, trastornos hepáticos y metabólicos. “Se van acumulando grasas en todos los órganos. El hígado graso, por ejemplo, puede hacer una fibrosis y a medida que va creciendo puede derivar en una cirrosis”, amplió Bozzi.
Cuestión de hábitos
“Es muy difícil sostener el tratamiento a largo plazo en un niño, pero es fundamental que la familia acompañe y cuide su alimentación. No siempre se apunta a un descenso de peso, sino a un cambio de hábitos”, puntualizó la nutricionista.
Refirió a las costumbres arraigadas que atentan contra la salud. “Muchas veces ,el núcleo familiar se compromete, pero la abuela, el tío, los de afuera, no. El clásico comentario: ‘pobrecito, como no va a comer un alfajor’, es lo que hay que erradicar. No comprenden que es por su salud”.
En el plan no se suprimen alimentos, sino que se modifican para reducir el consumo de azúcar y sal. “El niño esta crecimiento, si le pones pocas calorías el crecimiento se detiene, y ese no es el objetivo”, aclaró.
En el consultorio salen a la luz los hábitos que hay que corregir. “Hay chicos que no prueban verduras o frutas, tienen una dieta en base a hidratos de carbono. Excepto la leche materna, no hay un sólo alimento con todos los nutrientes, es necesario comer variado”.
El factor ambiental es otro punto a tener en cuenta para un tratamiento integral. “Los niños tienen acceso a demasiada información en las publicidades, que no saben manejar”, sostuvo Fernández y añadió que “no se distingue entre chicos con sobrepeso y obesos de una escuela y otra, es una enfermedad que ataca a todas las clases sociales por igual”.
Factores que influyen
“Chicos de bajo peso casi ni veo. Hay sobrepeso y obesidad y siempre decimos que los niños no eligen lo que comen, sino los adultos ofrecen”,
remarcó una nutricionista del hospital López Lima, Daniela Fernández.
Consejos para las familias
Promover un cambio de hábitos alimentarios en el seno familiar.
Estimular la actividad física.
No comer con la TV encendida.
Incorporar todos los grupos de alimentos a la dieta: frutas, verduras, proteínas de alto nivel biológico que no genera el cuerpo por si mismo.
Supervisar su alimentación
Respetar cuando manifiestan saciedad. “Nunca la comida se debe ofrecer como premio o castigo”, recomendaron.
Cumplir con las cuatro comidas: desayuno, almuerzo, merienda y cena. Optar por alternativas al clásico “pan con dulce”, como frutas, lácteos, cereales.
Erradicar el jugo de todos los días. Lo mejor es tomar agua.
Promover juegos activos al aire libre y lejos de las pantallas, tanto en la casa como en la escuela.
Si no hay kioscos saludables, llevarse algo sano en la mochila.
Datos
- 5%
- son obesos por causas hereditarias. Especialistas insisten en que influyen más el sedentarismo y la mala nutrición.
- “Chicos de bajo peso casi ni veo. Hay sobrepeso y obesidad y siempre decimos que los niños no eligen lo que comen, sino los adultos ofrecen”,