“Los actos escolares”

Redacción

Por Redacción

Hace 40 años que asisto a actos escolares. Primero como mamá, luego como abuela, como especialista en educación y, desde hace unos años, como estudiosa de temas de infancia.

En todo este tiempo, en todos los casos –salvo alguna rara excepción– observo azorada y desconcertada la forma en que se desenvuelven estos eventos.

Los adultos en algún sector de sillas dispuesto para el público; los niños en un espacio al frente del salón en sillas más pequeñas o en el suelo con algunos adultos de la institución a cargo del acto que, indefectiblemente, insisten en que los chicos hagan silencio. Ingreso de las banderas de ceremonia a cargo de los abanderados –tema sobre el que también habría algo que decir–, entonación de los himnos nacional y provincial y… ¡discurso de alguna autoridad de la escuela! Esta es una de las partes que más me impresionan. ¿Por qué? Porque los discursos están lejísimo de algo que pueda tener algún sentido para los niños.

Por el contenido de los mismos, por los términos que se utilizan y porque, generalmente, ¡son leídos! Estoy segura de que ellos no entienden nada. Basta con observarlos: se chupan los dedos, cuchichean entre ellos, se pasan cosas, miran para todos lados.

Luego las actuaciones de los pequeños, hechas para que los papás y demás adultos quedemos admirados de las cosas que puede lograr la escuela con sus hijos.

El summum de esta situación me tocó vivirlo el año pasado en una escuela en la cual los niños no estaban dentro del salón mientras el acto se desarrollaba, sino que cada grupo iba ingresando cuando le tocaba actuar.

Finalizado el mismo, pregunto a la directora sobre esto y me dice que para que no se aburrieran y empezaran a molestar ¡esperaban en el patio! Entonces me pregunto: ¿es verdad que respetamos a los niños? ¿Sabemos los adultos qué tipo de festejo les interesaría? ¿Lo averiguamos genuinamente o la participación que les damos es sobre un esquema ya diseñado? ¿Para quién es el acto? ¿Para quién el/los discursos? ¿No podríamos pensar en algunas palabras sencillas dirigidas a quienes son los destinarios reales del trabajo de la escuela? ¿Para quién es la escuela? O, en definitiva, ¿qué lugar tienen en ella los niños?

Nora Yentel

DNI 6.238.515

“¿No podríamos pensar en algunas palabras sencillas dirigidas a quienes son los destinarios reales del trabajo de la escuela? ¿Para quién es la escuela?”.

Datos

“¿No podríamos pensar en algunas palabras sencillas dirigidas a quienes son los destinarios reales del trabajo de la escuela? ¿Para quién es la escuela?”.

Hace 40 años que asisto a actos escolares. Primero como mamá, luego como abuela, como especialista en educación y, desde hace unos años, como estudiosa de temas de infancia.

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