Los acueductos se rompen por la desinversión
Los caños colapsan no solamente por viejos. El EPAS asegura que una parte de las roturas tiene que ver con las tareas que se deben realizar para equilibrar el suministro en los barrios.
NEUQUÉN (AN).- Un informe técnico elaborado por los profesionales del Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS) demuestra que una gran parte de las roturas de acueductos que se registraron en los últimos días se podría haber evitado si se hubieran hecho las inversiones a tiempo.
El problema es la diferencia de presión entre los ductos troncales y las cañerías derivadas, que al ser reguladas en forma manual y a diario para equilibrar los faltantes y lograr dotar a los barrios del suministro, muchas veces se sobrepasa el límite de presión, quebrando caños en sus puntos débiles.
La solución depende de un tipo de llaves automáticas que se están instalando y forman parte del paquete de obras comprometidas por el gobierno provincial a partir de la declaración de la emergencia hídrica, pero estaban pedidas desde noviembre de 2007.
Según explicaron los técnicos del EPAS, la presión a la que se impulsa el agua por el sistema Leguizamón -que es el que se rompió el lunes y dejó sin el servicio a al menos tres barrios del sector noroeste- llega a los 17 kilos por centímetro cuadrado (Kg/cm2). Pero en las cañerías derivadas, esa presión desciende casi a un tercio, con un límite de 6 Kg/cm2. Según la evaluación técnica, «la fuerza de esos 17 kilos equivalen a un chorro de 170 metros de alto», si se apuntara el caño directamente al cielo y, entonces, «cada vez que hay un error en la operación, se libera más presión de la que se necesita y los caños se rompen», se agregó.
Es que las llaves se abren o cierran totalmente con 40 vueltas, pero sólo se necesitan dos vueltas y media para llegar a los 6 kilos de presión, por lo que los errores mínimos derivan el colapso del sistema.
«Hoy en día tenemos los instrumentos para fijar el caudal máximo horario en forma automática. Por el decreto de emergencia, se están colocando esas llaves, pero la obra estaba pedida desde octubre y no tenía partida presupuestaria», se agregó desde el ente provincial.
Pero en el detalle técnico por la rotura detectada en el acueducto Leguizamón y en otras averías que se produjeron en el último mes influyeron otros factores, como el material de los caños, la antigüedad y los continuos cortes de energía.
Las cañerías que llevan el servicio a los barrios, de un material plástico, tienen una vida útil recomendada por el fabricante de 30 años, aunque con un correcto uso superan ampliamente ese límite. Pero en algunos sectores de la ciudad, como en el tramo del sistema Leguizamón que corre debajo de calle Gatica, entre la ruta 22 y las vías, el suelo ha corroído el material. «Se está realizando el recambio de 450 metros de acueducto en ese tramo, porque se rompe todos los meses. Cada vez que se para una bomba, se da un fenómeno de golpe de ariete y rompe el ducto», explicó uno de los ingenieros del EPAS.
Las bombas se detienen por varias razones: porque se rompen, porque las deben apagar para evitar su rotura -ocurre cuando no hay agua que impulsar- o a partir de cortes de energía imprevistos. El denominado «golpe de ariete» es un fenómeno que produce ante cualquiera de las situaciones, y se caracteriza por una depresión y sobrepresión de la misma intensidad en el sistema, que deriva en la rotura de los caños.
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