Los costos del deporte

Por Redacción

El gobierno brasileño esperaba aprovechar el Mundial de fútbol que pronto comenzará y, dos años más tarde, los Juegos Olímpicos que, siempre y cuando no ocurra nada grave, se celebrarán en Río de Janeiro para mostrarle al mundo que, por fin, su país dejaba atrás el subdesarrollo, que era un “emergente” de verdad que se alistaba para desempeñar un papel internacional protagónico. Pero, desgraciadamente no sólo para la presidenta Dilma Rousseff sino también para muchos otros brasileños, los triunfos diplomáticos que consiguió su gobierno al convencer a los miembros de la FIFA y del Comité Olímpico de que su país contaba con los recursos necesarios para organizar eventos deportivos extraordinariamente costosos ya les han provocado un sinnúmero de dolores de cabeza. Para sorpresa de quienes creían que, por estar tan enamorados los brasileños del fútbol, estarían más que dispuestos a pagar los miles de millones de dólares que les supondrían los preparativos, se han multiplicado las protestas callejeras contra lo que muchos toman por un despilfarro insensato de dinero que debería ser invertido en salud, educación y otras prioridades que a su juicio son un tanto más importantes. Asimismo, las obras necesarias para el Mundial de fútbol han avanzado con tanta lentitud que no hay garantía alguna de que estén terminadas a tiempo para la inauguración del torneo. Y, para colmo, se ha hecho aún más cruenta la guerra que están librando la policía y el ejército contra bandas de narcotraficantes que se han atrincherado en las favelas de Río de Janeiro; el crimen organizado también está preparándose para aprovechar las oportunidades comerciales que le brindará la llegada prevista de más de medio millón de hinchas extranjeros. Cuando Brasil se ofreció para organizar el Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos, predominaba el optimismo en cuanto a las perspectivas económicas. La mayoría suponía que el crecimiento rápido estaba virtualmente garantizado y que era inevitable que su país se integrara pronto a la elite internacional como una potencia regional. Sin embargo, desde aquellos días mucho ha cambiado. El “viento de cola” no sopla con la fuerza de antes y en cualquier momento la Reserva Federal norteamericana podría abandonar la política de “facilitación cuantitativa” que optó en el 2008 para inundar el mundo de dólares baratos. Sin la ayuda proporcionada por factores externos positivos, la economía brasileña depende para crecer de sus propios medios. Puesto que éstos no son tan dinámicos como muchos habían imaginado, se ha iniciado una fase de, a lo mejor, expansión gradual y, a lo peor, una recesión prolongada. Como es natural, la frustración provocada por la ralentización inesperada ha incidido en el estado de ánimo de buena parte de la población, especialmente en aquel de los sectores amplios que acaban de salir de la pobreza para incorporarse, de manera precaria, a la clase media. Organizar el Mundial y los Juegos Olímpicos exige un esfuerzo económico muy grande. En la actualidad, países ricos como Estados Unidos, el Japón, el Reino Unido y Alemania pueden permitirse tales lujos; entre otras cosas, ya cuentan con la infraestructura necesaria. Los gobiernos de otros que no son tan ricos, como China, disponen de fuerzas de seguridad eficientes que no suelen preocuparse por los derechos ajenos. Para emularlos, países subdesarrollados pero así y todo democráticos, entre ellos Brasil, tienen que comprometerse a invertir mucho dinero en instalaciones deportivas, sistemas de transporte y hoteles nuevos, además de tomar medidas de seguridad para proteger a centenares de miles de visitantes que por lo común no están acostumbrados a los peligros que los acecharían en ciudades tan violentas como Río de Janeiro. Que éste sea el caso puede considerarse muy injusto. El deporte internacional no debería ser un monopolio de los países ricos y dictaduras, sobre todo cuando se trata de una variante tan popular como el fútbol, pero si bien sería razonable que las autoridades deportivas internacionales se encargaran de los costos precisos para que los torneos emblemáticos como el Mundial se desarrollen en estadios adecuados, no podrían hacer mucho para atenuar las lacras de países en que el delito callejero es rutinario y los conflictos sociales a menudo son feroces.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Viernes 2 de mayo de 2014


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