Los cubanos siguen soñando con vivir en Estados Unidos
COLUMNISTAS
Las cifras son -por cierto- inapelables. Después de medio siglo de durísima dictadura comunista, los cubanos se siguen lanzando al mar con la ilusión de salir del pantano en el que viven y la esperanza de comenzar una nueva vida en Estados Unidos escapando de la pobreza que se ha apoderado de la isla, con excepción de los militares y los dirigentes del Partido Comunista de Cuba, que conforman la clase privilegiada. La “nomenklatura”, entonces. En el último año en que se ha medido el proceso de “fuga”, cerrado el 30 de septiembre, así lo certifican las cifras de la Guardia Costera norteamericana, más allá de toda duda.
En el 2013, unos 2.129 cubanos se arrojaron voluntariamente al mar en los más diversos aparatos o navíos para tratar de escapar a Estados Unidos. En el 2014 -esto es, desde el 1 de octubre de 2013- la cifra trepó a 3.722; de un año a otro, un aumento grande del 74% -o, dicho de otra manera, algo más de diez intentos de escapar por día-. Realmente, un montón, pese a los peligros del audaz cruce que son absolutamente obvios.
La cifra aludida incluye tanto a los balseros a los que se intercepta en el mar como a aquellos otros que, en cambio, tienen suerte y pueden de pronto desembarcar en tierra y así transformarse en refugiados que pueden residir legalmente en el país del Norte. Los que son interceptados antes de llegar son, en cambio, devueltos a Cuba, donde reciben el mal trato de las autoridades y el aislamiento como respuesta. Duro, por cierto. Fracaso y castigo.
A esto cabe agregar que la cifra es, en rigor, mayor desde que los registros naturalmente no computan a todos quienes, por la razón que fuere, pierden la vida en el intento de travesía, que son realmente muchos.
Si sumamos a todos los que huyen de la pobreza a través del mar desde otros países de la región, la cifra es bastante mayor. Hablamos de 9.801 personas. Entre ellos se registraron 5.478 haitianos y 601 dominicanos. El flujo haitiano creció, de un año a otro, un 25%. Y el de los dominicanos, un 43%. Todos, entonces, bien detrás del aumento que corresponde a los cubanos que -desesperados- buscan huir de su propio suelo en busca de libertad y de un futuro que no encuentran -ni encontrarán- en la isla de la que escapan, que de paraíso obviamente no tiene nada.
GUSTAVO CHOPITEA
Analista del Grupo Agenda Internacional
GUSTAVO CHOPITEA