Los días lindos
“Libros como puentes” será el lema de la 39ª Feria Internacional del Li bro de Buenos Aires, que tendrá como siempre un espacio para los escritores de las provincias y también visitas internacionales como la del ganador del Premio Nobel de Literatura 2003 John Coetzee.
Carlos Torrengo
Se acerca la Feria del Libro
Llega la Feria del Libro…
“Los días lindos… No me pregunte por qué lo de días lindos… Pero no sé, siempre que visito una feria del libro en cualquier parte del mundo me parecen días lindos para todos, es algo que une a muchos mediante la tinta, el papel”, dijo a este diario años atrás Carlos Fuentes, mezcla intensa de novelista y ensayista, autor del que es imposible no leer “La región más transparente”.
Y sí, en días más, vuelven los “días lindos” a Buenos Aires: La Feria del Libro…
Vuelve un ritual no agobiante. El ritual del encuentro con el libro, ese “espejo de tanta vida como la nuestra”, como define Jorge Edwards.
Vuelve la seductora monotonía de que la feria está ahí con su carga incitadora, arrebatadora. Para todos los gustos.
Incluso para la sencillez de esa mamá boliviana que por las mañanas se instala en la vereda de Oro casi avenida Santa Fe. Y en tres bolsones despliega ajo. Choclos. Pepinos. Y morrones… muy rojos a los que con un trapo en mano se empeña en sacarles más rojo.
Una tarde de la edición anterior, la mujer llegó a la entrada de la feria que da a Cerviño. De sus brazos colgaban los bolsones con lo que quedaba sin vender.
–¿Me los cuidan? –le dijo a la gente de seguridad. –Yo apenas sé leer, pero siempre vengo… me gusta ver todo… ¿Cuánto es la entrada?
–Pase, señora, pase… Vaya, vaya…
Y a paso cansino la mujer se metió en ese mundo que le “gusta”…
O esa mujer, ese nene que en una edición anterior de la feria provocó una apostilla en este diario. Miraba absorto un libro sobre dinosaurios.
–Mamá, ¿me lo comprás?
–No puedo, y te compré los que habías elegido –respondió la mujer, de situación social humilde. Y el pibe simplemente dijo “bueno” y siguió seducido por los dinosaurios y socios. Pero un hombre había escuchado el diálogo. Llamó a un vendedor. Pagó. Hizo envolver el libro para regalo y volvió adonde estaba el pibe.
–Tomá, te lo regalo… Cuidalo –le dijo.
Y la mamá: –¡No señor, por favor!…
–¡Señora! –y el pibe que no entendía que se llevan su dinos a su casa…
Llega la Feria del Libro.
“Todos confundidos entre los libros”, diría Mario Vargas Llosa.
Llega con sus polémicas mesas redondas sobre libros, sobre nuestra historia. O la actualidad política de Argentina.
Llega con escritores jóvenes que, como los más viejos, admiten la influencia de William Faulkner. Pero jóvenes que sufren fatiga de material en relación con el realismo mágico…
–¡Ya está, fue!…
–¡Maten a Borges! –gritó el polaco Witold Gombrowicz a comienzos de los sesentas desde la barandilla del buque que lo devolvía a Europa luego de su largo interregno argentino.
Lo escuchaban jóvenes escritores argentinos. La consigna era clara: la literatura argentina se definía desde Borges.
Pero aquellos jóvenes veteranos de hoy, con Borges como carga, hicieron buena literatura. Como sus seguidores de hoy.
Vuelve la Feria del Libro. Con todo su color, con su irreductible decisión de mejorarse, de ser, en cada edición, días más lindos.
Y vuelve con esas preguntas que hasta tanto aclare el panorama… En fin…
–¿Qué tiene sobre suicidios? –preguntó un hombre joven con perramus británico, lentes de carey propios de funcionario soviético de la Guerra Fría y el rededor de él fue impregnado repentinamente de silencio.
Escenario, el stand de Paidós. Y el hombre joven abundó en detalles…
–¡No, no tengo proyecto alguno en la materia! Busco el “Diccionario del suicidio” del español Carlos Janín…
Y en la feria uno se topará con los granaderos, con ese uniforme que de pibes nos seduce. Y los pibes se sacarán fotos con los granaderos.
Y es posible cruzarse con Ricardo Piglia, uno de lo escritores argentinos que más ha explorado el arte –sí, el arte– de escribir. Eso que Manuel Mujica Láinez llamó el arte de “de llenar una página cuyo vacío y blanco nos dice que lo usemos”…
Y posiblemente, escudriñando, uno se encuentre –por caso– con un fanático de Julio Verne en su versión “De la Tierra la Luna”…
Una ficción que comienza en el Gun Club. Y ahí, en esos días de cañones callados, el quejoso Tom Hunter…
–Es desolador… a dónde ha ido a parar el tiempo en que el cañón nos despertaba cada mañana con sus alegres detonaciones….
En fin, vuelve la Feria del Libro…
“Los días lindos” de Carlos Fuentes.