Los grandes problemas que China debe enfrentar
El verano que está culminando en el hemisferio norte no ha sido demasiado positivo para China. Veamos cuáles son los principales problemas que parecen haber aparecido. Primero, en el plano comercial. Después de los fuertes sacudones de la bolsa de Shanghai y de la disminución de la actividad económica en los BRIC y en los mercados emergentes en general, la dependencia comercial de China respecto de Estados Unidos parece haber crecido. Ocurre que, con Canadá en recesión, China será este año el principal socio comercial de Estados Unidos. Las cifras así lo sugieren desde que, en lo que va del año, las exportaciones chinas a ese destino han crecido un 6,1%, mientras que respecto del resto del mundo el aumento ha sido de tan sólo un 1,4%. La tracción comercial proviene entonces, claramente, de los norteamericanos. Segundo, en los niveles de confianza hacia China, que son los que estimulan o ahuyentan las inversiones. En el último año, la salida de capitales de ese país ha sido significativa: del orden de unos 610 billones de dólares. Ellos han ido a parar principalmente al sistema financiero y al sector inmobiliario norteamericanos. La tendencia actual hacia la “fuga” de capitales es, cabe advertir, la más alta desde el 2007. Como contrapartida, las inversiones externas en China se han debilitado. Tercero, los mercados bursátiles chinos están, como hemos dicho, muy volátiles, esto es llenos de fragilidad, pese a la fuerte intervención con el propósito de equilibrar las fluctuaciones del mercado por parte de las autoridades monetarias y económicas chinas. Cuarto, China tiene ahora en su poder menos letras de la tesorería norteamericana en cartera integrando sus reservas. Hablamos de unos 1,27 trillones de dólares, importe que hace que China, pese a todo, siga siendo el principal tenedor de esos bonos del mundo entero. De alguna manera, es socia en el éxito que hoy parece estar impulsando la recuperación de la economía norteamericana, que ha vuelto al pleno empleo, lo que puede obligar a las autoridades monetarias del país del Norte a subir las tasas de interés del dólar, porque pronto habrá previsiblemente un aumento de los salarios que generará una presión inflacionaria que podría llevar la tasa de la inflación actual, que es del 1,3% anual, a niveles del 2%. En el 2011 China tenía en su poder el 28,2% del total de las letras de tesorería emitidas por Estados Unidos. Hoy tiene sólo un 20,6% y la tendencia es descendente. Quinto, la defensa del valor del yuan ha hecho caer las reservas norteamericanas a un ritmo que en agosto alcanzó los 94 billones de dólares mensuales. Sexto, el mundo hoy desconfía de que China esté efectivamente creciendo al 7%, que es la tasa de la llamada “nueva normalidad”. Ya hay quienes dicen que la tasa real de crecimiento está bastante por debajo de la que sugieren las cifras oficiales. El banco Citi, concretamente, acaba de señalar que la ubica en el orden del 5%. Muy diferente, entonces. Todo esto alimenta la sensación de que la economía de China está perdiendo rápidamente el vigor de las tres últimas décadas, lo que puede derivar en una pérdida de influencia que, por el momento, es menor. Pero lo cierto es que todos miramos atentamente cómo evoluciona una economía enorme, cuya expansión hasta no hace mucho lucía como imparable y que hoy, en cambio, no es tan impresionante como lo era apenas ayer. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
Emilio J. Cárdenas (*)