“Los ingleses
Mientras se extiende en la Argentina la exploración del deporte por parte de las ciencias sociales, Sazbón habla aquí del interés que Inglaterra tiene acumulado por desentrañar ese mundo lúdico que tanto exportó.
entrevista: A Daniel Sazbón, historiador, investigador del deporte
CARLOS TORRENGO
carlostorrengo@hotmail.com
— En su ensayo “Fútbol y ciencias sociales: problemas e interacciones”, queda claro que Inglaterra hizo punta en colocar al deporte en su conjunto bajo la lupa de las ciencias sociales desde comienzos del siglo XIX. ¿Este interés tiene vinculación con la proyección, consolidación del poder, que en ese siglo caracterizó fuertemente a Inglaterra?
— Inglaterra es un país con larga tradición deportiva, y de esto deriva su interés por codificar las actividades deportivas. En realidad, si bien el interés académico británico por el deporte es anterior, es a partir de la mitad de siglo que se amplía este interés desde esa óptica. El deporte en general y el fútbol en particular comienzan a ser reflexionados desde las ciencias sociales en términos de fenómenos culturales. ¿Qué quiere decir esto?: que se amplía el concepto de cultura…
— ¿A qué no queda restringido?
— Por caso, a expresiones estéticas con mucho de fundamento espiritual en cuanto a su creación: las artes plásticas, la música clásica, etcétera. En el campo del deporte, concretamente, pierde gravitación la mirada positivista de lo que yo en mi trabajo defino como “el paradigma funcionalista de la educación física”, es decir circunscribir el fútbol, por caso, a ese tipo de miradas y no más.
— Volviendo a la pregunta inicial. La historia dice que la Inglaterra que emerge de la Segunda Guerra triunfadora es, sin embargo, bajo poda de poder. ¿Cómo se relaciona esta ampliación del concepto de cultura con toda esa mudanza?
— Sí, es una Inglaterra en transformación en un mundo en transformación, y la ciencias sociales no son inmunes a ese proceso. Mudan la sociedad, las prácticas cotidianas de vida, cambia lo urbano… Las ciencias sociales inglesas trabajan sobre estos cambios de la mano de una mayor profesionalización. Emergen los respaldos oficiales —gobierno concretamente—, ponen mucho dinero para estudiar estas transformaciones, surgen centros de investigación, las universidades, los centros de estudios…Ya no son tres o cuatro académicos que, más por cuenta propia, miran al deporte, sino que se institucionaliza esa mirada, se amplía en el marco de las transformaciones que se dan en todos los planos de la vida británica. Es decir, Inglaterra se convierte en un centro privilegiado de las nuevas miradas sobre el deporte…
— ¿O sea, no único?
— Sucede que uno puede rastrear, por ejemplo, el caso de Alemania, donde en la década del ´20 hay un alemán que es precursor en esto de nuevas miradas sobre el deporte. Yo hablo de él en mi trabajo. Pero sí, es en Inglaterra donde se asume el tema en forma decidida y muy profesional…
— Cambian las miradas sobre cómo reflexionar el deporte. ¿Pero qué era y, en todo caso, qué es el deporte para los ingleses?
— ¡Ah, bueno, ese es un tema denso en la vida del país! Siempre le dieron mucha importancia al deporte. Fue ahí donde se codificaron desde la sociedad, más que desde lo oficial, muchos deportes que incluso exportaron a las colonias británicas: fútbol, rugby, criquet… Hubo un lugar muy importante, desde lo organizativo, que influyó mucho en la expansión del deporte: las escuelas públicas… las famosas “public schools” a través de las cuales se incorporaban, vía el deporte, hábitos, normas de conductas que eran más importantes para el fortalecimiento del espíritu, de la personalidad, que el deporte como actividad lúdica. Esta forma de asumir el deporte fue muy importante en el forjamiento de las clases dirigentes británicas. Templaban su personalidad aceptando normas, haciendo de la competencia una cultura, el sacrificio por el ideal, la disciplina en procura de ese ideal…
— ¿All Blacks?, neozelandeses, pero herederos…
— All Blacks, sí, sí… Disciplina hacia adentro. Disciplina y tenacidad hacia afuera. Esto incluso como cuestión formativa del cuerpo…
— Quienes seguimos el rugby, por caso, encontramos que el capitán de un equipo, de un seleccionado inglés, es siempre una identidad muy fuerte. ¿Es así para el fútbol?
— Sí, y desde siempre. Y que sea así hace a la formación de la disciplina, de la personalidad del equipo. Es más, hoy ya no sucede así, pero décadas atrás un árbitro no marcaba una sanción dura sobre un jugador hablándole a él; hablaba con el capitán y éste comunicaba… Mire: reflexionar, estudiar el deporte inglés, dispara conclusiones muy interesantes, incluso en relación a la lucha política…
— ¿Por ejemplo?
— Le doy uno. Hace al fútbol: los historiadores que investigaron e investigan la formación de la clase obrera inglesa apasionante. Muchos de ellos formados en la tradición de la izquierda británica o de la militancia en el comunismo, como Hobsbawm, por ejemplo. No ven al fútbol como algo alienante, sino como algo que ha servido para construir identidad, a partir de la niñez; como una expresión de su formación en determinado medio ambiente, barrio, etcétera.
— ¿Pero identidad forjada a partir de los años ´50?
— No, estudiada como tal a partir de las transformaciones que se dan en la segunda mitad del siglo, de las que ya hablamos. Desde el siglo XIX se venía estudiando la formación de la clase obrera inglesa, pero es a partir de los ´50 que se trabaja sobre la gravitación del fútbol en su formación ya en el siglo XX…
— En ese marco de interés, en el marco del fútbol, ¿cuál es el núcleo más decisivo en la construcción de esa identidad?
— El club. Hobsbawm dice que el club no podía ser reflexionado como un espacio de entretenimiento más. El obrero no iba a ese espacio a distraerse. Iba a encontrar intereses comunes, comulgar identidad…
— Muy distinto a lo que opina Juan José Sebreli sobre el fútbol, o sea que el fútbol es simple alienación….
— Pero seamos justos con Sebreli: esa mirada no es privativa de él ni de los argentinos que la sostienen. Es una mirada no privativa de Argentina. En los años ´70, en Francia, la sostuvo Altusser mediante el análisis de lo que llamó “aparatos de dominación capitalista”. Sostenía —dicho simplemente— que así como la escuela, la iglesia —por caso— reproducen aparatos de dominación, el fútbol era lo mismo. Estas miradas se conectan con lo que puede encuadrarse con el deporte, el fútbol para el caso, como espectáculo, no como práctica. Ahí se engarza el pensamiento de la Escuela de Frankfurt: la cultura de embrutecimiento o, en todo caso, de borramiento de la verdadera cultura y la transformación en una cultura empobrecedora del espíritu… Sí, Sebrelli también se engarza en esto. No sólo el fútbol lo embrutece a uno, sino que embrutece a la cultura misma vía el espectáculo de masas…
— Miradas…
— Miradas.
entrevista: A Daniel Sazbón, historiador, investigador del deporte
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