“Los K corrieron
Hombre de confianza de Mauricio Macri y flamante titular del Banco Ciudad, está convencido de que la ausencia de un programa integral de gobierno termina con una gestión de puro credo populista.
entrevista: Rogelio Frigerio, economista, PRO
Carlos Torrengo
carlostorrengo@hotmail.com
–¿Pesa, desde el campo de las ideas, ser nieto de un protagonista muy intenso y polémico de la historia argentina como fue su abuelo?
–¡No! Sí es una referencia fuerte en materia de reflexionar el ejercicio del poder político y la economía. La racionalidad que todo esto requiere. La idea. No temer a la duda, pero no quedarse ahí… Debatirlas, conversarlas, nutrirlas.
–¿Qué diferencia encuentra, al menos una, entre los términos que hacen al ejercicio del poder hace medio siglo, cuando su abuelo talló muy fuerte en el gobierno de Arturo Frondizi, y el actual por parte del kirchnerismo?
–Si le doy una respuesta muy minuciosa, nos llevará horas. Gobernar con un programa integral y gobernar sin tenerlo. Ésa es la gran diferencia con independencia de vicisitudes puntuales que marcaron cada proceso. El desarrollismo fue un programa, una mirada, una forma de pensar el país, sus problemas, sus soluciones. Este gobierno no tiene un programa, está ausente de una mirada que, computando el todo, le dé un sentido integrador al ejercicio del poder… Por eso hay oportunidades en que a los economistas se nos pregunta sobre temas que descontextualizados involuntariamente, bueno uno…
–¿Por ejemplo?
–La inflación, qué hacer con ella.
–¿Me está diciendo que la pregunta es estéril, ausente de valor?
–¡No, no, nada de eso! Sucede que la respuesta no es autónoma de la existencia o no de un programa. No se puede hablar de qué hacer con la inflación si no se relaciona su creciente estampida con la ausencia de un programa que, entre otras cuestiones, compute mantener el valor de la moneda como un ABC fundamental en la gestión sobre la economía… Sí, por supuesto, yo podría responder que con la inflación hay que hacer esto o aquello. Pero de hecho, hoy, aquí, la inflación es nada más que expresión de fiebre generada por el desprecio con que está siendo manejada la economía… El gobierno asume este espacio con terminante irresponsabilidad, ignorando lo que le llega de la historia como experiencia.
–Entonces estamos hablando de una cultura. Siguiendo ese razonamiento se puede conjeturar que, para reflexionar sobre la economía argentina, se requiere de ciencias auxiliares: la psiquiatría o quizá la antropología. ¿Ha pensado en ese auxilio?
–Por ahora me las arreglo con el instrumental de la economía, el saber sobre la historia. Reconozco de todas maneras que en tren de reflexión uno suele preguntarse: ¿cómo es posible que el kirchnerismo haya rifado –no se me ocurre otro término– la masa de poder que se generó entre 2003-2007 con un crecimiento nunca dado del PBI a casi el 9 %, bajado el desempleo a menos del 10 %, un volumen de reservas altamente significativo, un manejo criterioso del déficit fiscal y etc., etc.? Pero las respuestas no llegan buscando patologías, desequilibrios…
–¿Se trata de ideología?
–Por supuesto. Es un gobierno que hace, del populismo, su credo. Ésa es la matriz de su cultura política, hoy, acorralado por esa adhesión. El populismo es cortoplacismo. No es construcción sólida bajo dictado de ideas que computen el largo plazo. Vive de contingencias, su mirada está siempre puesta en las elecciones.
–Sin embargo el kirchnerismo superó la década en el poder…
–Llegando a esto: a una crisis que pudo evitar y no quiso.
–¿Ahora?
–Los K corrieron tanto que se acabó la cancha… Corrió, corrió, en vez de solucionar problema los gambeteó, los acumuló y de golpe: final de cancha.
–¿Hiperactivismo como expresión de populismo?
–Y parche, mucho parche. Por eso en estos días, cuando me preguntaban sobre el dólar, devaluación, etc., yo respondía: parche. Medidas en un final de carrera…
–¿Cómo serán los días por venir en relación al 2015?
–Complejos, muy complejos. Sólo ayuda la situación externa, que a modo de contrapartida jugará para que arranque el futuro gobierno. Lo demás serán todos problemas.
–¿Qué tipo de problemas?
–El aislamiento internacional que tiene el país en materia financiera, el desprestigio de sus instituciones, el déficit energético increíble y el más desolador de los problemas: que uno de cuatro argentinos viva en la pobreza extrema, que sumado al de la inseguridad son temas que condicionan la idea de progreso, de futuro…
–¿La clase media ya le hizo la cruz al kirchnerismo?
–Este gobierno abandonó a la gente y la gente devuelve…
–¿Gentilezas?
–Pero duras. Lo peor que le puede suceder a la política es la pérdida de confianza de la gente, se esté o no en el gobierno. Y éste es el principal desafío que tendrá el próximo gobierno, que no será K.
–¿Será PRO?
–Claro. El PRO es la síntesis de un ideario moderno de hacer política: pensar en la gente, en el conjunto, pensar en que campo e industria tienen todo en común, vincular a la ciencia y la tecnología con la decisión política…
–¿Desarrollismo de la mejor madera?
–Mucho de eso en otro lapso de la historia del país, otro tiempo de la política…
–¿La política está muy condicionada en sus posibilidades? Alain Touraine acaba de señalar que “lo que llamamos política es hoy una realidad muy degradada”…
–Es posible, pero no implica que la política no siga teniendo su razón de ser: el punto de partida para mejorar la calidad de vida de la gente. No participo de la imposibilidad de la política, está exigida. Y eso es lo interesante. Se le reclama eficiencia, racionalidad, consensuar, explicar, autocrítica… no decidir en función de unos pocos y amigos sino sobre los intereses del conjunto. No cerrarse, no retar al que piensa distinto. No estigmatizar lo difente. Juntar ideas, debatirlas…
–¿Dónde no estamos en relación a la historia?
– No estamos en mucho de nuestra historia más pesada y más liviana. Hay mucho por hacer, es cierto…
–¿Qué no hacer?
–Populismo. Hacer política. Eso hay que hacer…