Los perros del hortelano
Como la Argentina misma, Vaca Muerta estaría en condiciones de generar muchísima riqueza si no fuera por la voluntad de sectores importantes de la población de frustrar todos los intentos de aprovecharla. Por desgracia, los acostumbrados a protestar contra tales intentos a menudo cuentan con la colaboración de quienes los impulsan. Es lo que ha ocurrido al optar el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por modificar drásticamente su política petrolera. No bien se enteró de que en Vaca Muerta se halla una auténtica fortuna, la presidenta despojó a los españoles de Repsol del grueso de sus acciones en YPF con la esperanza de poder monopolizar las decenas de miles de millones de dólares que, le aseguraron los expertos, no tardaría en producir el yacimiento, pero pronto descubrió que, antes de disfrutar de ellos, le sería forzoso invertir muchísimo dinero. Para conseguirlo abandonó abruptamente sus fantasías en torno a la “soberanía hidrocarburífera” para firmar un acuerdo que, según parece, está lleno de cláusulas secretas –o sea, políticamente inaceptables– con la petrolera norteamericana Chevron, la que se ha comprometido a aportar relativamente poco, además de presionar a los legisladores neuquinos para que apoyaran un negocio que días antes la mayoría hubiera repudiado con indignación patriótica. Parecería que ellos tampoco sabían muy bien en qué consistía el acuerdo, pero así y todo lo cohonestaron, prorrogando una prórroga ya consentida. En otras palabras, el gobierno nacional entregó a los contrarios a la asociación de YPF con una multinacional extranjera argumentos contundentes para oponérsele. Que los kirchneristas hayan obrado así es lamentable. Siempre fue de prever que la firma de un convenio entre YPF y Chevron o cualquier otra petrolera grande indignaría sobremanera a los muchos que, en el fondo, sencillamente no quieren que se exploten los recursos naturales del país. Preferirían dejarlos en el subsuelo, fuera del alcance de corporaciones multinacionales que, mal que nos pese, son las únicas que cuentan con la capacidad tecnológica y el poder financiero necesarios para sacarlos de donde están. Como el perro del hortelano del refrán, que “ni come ni deja comer”, están haciendo cuanto pueden para ahuyentar a los yanquis y a otros que podrían sentirse tentados por las posibilidades planteadas por lo que, según los especialistas, es uno de los mayores depósitos de gas shale del planeta, equiparable con los encontrados en China y América del Norte. Quienes están luchando contra lo que a su juicio representa Chevron corren con ventaja. Además de las municiones que les ha suministrado el gobierno notoriamente corrupto de Cristina, cuentan con los argumentos y eslóganes que en el transcurso de más de un siglo han acumulado polemistas izquierdistas contrarios al capitalismo, el único sistema económico que efectivamente funciona, y nacionalistas convencidos de que todos los empresarios extranjeros son saqueadores codiciosos, más los proporcionados últimamente por ambientalistas. Por lo tanto, les ha resultado fácil organizar marchas de repudio como la que dio pie a una batalla campal en Neuquén y que, por haber sido dura la represión, les brindó pretextos inmejorables para celebrar más manifestaciones de protesta. Puede entenderse la frustración que con toda seguridad siente Miguel Galuccio, un profesional a quien le ha tocado intentar manejar YPF en circunstancias muy difíciles. Como ya entenderá, no sirve para mucho recordarles a los contrarios al proyecto Vaca Muerta que el desarrollo económico siempre trae inconvenientes, sobre todo para quienes quisieran que, en su propia región por lo menos, la naturaleza quedara intacta, pero que la alternativa consistiría en resignarse a la pobreza generalizada. Aunque es factible que al agravarse la crisis energética que, como dice Galuccio, sí es seria algunos militantes “sociales” cambien de opinión, la oposición principista al realismo petrolero, además de la minería –actividades que tanto han aportado al bienestar de australianos y canadienses–, es muy fuerte. No sorprendería, pues, que el océano de gas que se ha detectado siguiera atrapado en el shale de la zona de Vaca Muerta por muchos años más, mientras en el resto del mundo se explotan con éxito reservas que son decididamente menores.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.031.695 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 1 de septiembre de 2013
Como la Argentina misma, Vaca Muerta estaría en condiciones de generar muchísima riqueza si no fuera por la voluntad de sectores importantes de la población de frustrar todos los intentos de aprovecharla. Por desgracia, los acostumbrados a protestar contra tales intentos a menudo cuentan con la colaboración de quienes los impulsan. Es lo que ha ocurrido al optar el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por modificar drásticamente su política petrolera. No bien se enteró de que en Vaca Muerta se halla una auténtica fortuna, la presidenta despojó a los españoles de Repsol del grueso de sus acciones en YPF con la esperanza de poder monopolizar las decenas de miles de millones de dólares que, le aseguraron los expertos, no tardaría en producir el yacimiento, pero pronto descubrió que, antes de disfrutar de ellos, le sería forzoso invertir muchísimo dinero. Para conseguirlo abandonó abruptamente sus fantasías en torno a la “soberanía hidrocarburífera” para firmar un acuerdo que, según parece, está lleno de cláusulas secretas –o sea, políticamente inaceptables– con la petrolera norteamericana Chevron, la que se ha comprometido a aportar relativamente poco, además de presionar a los legisladores neuquinos para que apoyaran un negocio que días antes la mayoría hubiera repudiado con indignación patriótica. Parecería que ellos tampoco sabían muy bien en qué consistía el acuerdo, pero así y todo lo cohonestaron, prorrogando una prórroga ya consentida. En otras palabras, el gobierno nacional entregó a los contrarios a la asociación de YPF con una multinacional extranjera argumentos contundentes para oponérsele. Que los kirchneristas hayan obrado así es lamentable. Siempre fue de prever que la firma de un convenio entre YPF y Chevron o cualquier otra petrolera grande indignaría sobremanera a los muchos que, en el fondo, sencillamente no quieren que se exploten los recursos naturales del país. Preferirían dejarlos en el subsuelo, fuera del alcance de corporaciones multinacionales que, mal que nos pese, son las únicas que cuentan con la capacidad tecnológica y el poder financiero necesarios para sacarlos de donde están. Como el perro del hortelano del refrán, que “ni come ni deja comer”, están haciendo cuanto pueden para ahuyentar a los yanquis y a otros que podrían sentirse tentados por las posibilidades planteadas por lo que, según los especialistas, es uno de los mayores depósitos de gas shale del planeta, equiparable con los encontrados en China y América del Norte. Quienes están luchando contra lo que a su juicio representa Chevron corren con ventaja. Además de las municiones que les ha suministrado el gobierno notoriamente corrupto de Cristina, cuentan con los argumentos y eslóganes que en el transcurso de más de un siglo han acumulado polemistas izquierdistas contrarios al capitalismo, el único sistema económico que efectivamente funciona, y nacionalistas convencidos de que todos los empresarios extranjeros son saqueadores codiciosos, más los proporcionados últimamente por ambientalistas. Por lo tanto, les ha resultado fácil organizar marchas de repudio como la que dio pie a una batalla campal en Neuquén y que, por haber sido dura la represión, les brindó pretextos inmejorables para celebrar más manifestaciones de protesta. Puede entenderse la frustración que con toda seguridad siente Miguel Galuccio, un profesional a quien le ha tocado intentar manejar YPF en circunstancias muy difíciles. Como ya entenderá, no sirve para mucho recordarles a los contrarios al proyecto Vaca Muerta que el desarrollo económico siempre trae inconvenientes, sobre todo para quienes quisieran que, en su propia región por lo menos, la naturaleza quedara intacta, pero que la alternativa consistiría en resignarse a la pobreza generalizada. Aunque es factible que al agravarse la crisis energética que, como dice Galuccio, sí es seria algunos militantes “sociales” cambien de opinión, la oposición principista al realismo petrolero, además de la minería –actividades que tanto han aportado al bienestar de australianos y canadienses–, es muy fuerte. No sorprendería, pues, que el océano de gas que se ha detectado siguiera atrapado en el shale de la zona de Vaca Muerta por muchos años más, mientras en el resto del mundo se explotan con éxito reservas que son decididamente menores.
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