Los rionegrinos perdimos otra oportunidad
Por Javier Iud (*)
Pasados seis meses de la asunción del gobernador Dr. Saiz, las acciones y omisiones de su gobierno ya perfilan a la administración como más de lo mismo. En efecto, y a pesar del discurso de cambio, los acuerdos internos y los compromisos dirigenciales del radicalismo han prevalecido por sobre la necesidad de dar un paso adelante y animarse a romper con el pasado.
Bastaron seis meses para concluir que continúan el camino de sus predecesores, que nos ha llevado a los rionegrinos, en estos últimos 20 años, a observar atónitos cómo una provincia modelo se transformaba en una de las peores en cuanto a indicadores de calidad de vida, mientras que el resto de las provincias patagónicas se encuentra muy por encima de la media nacional.
Expresiones de hegemonía y rasgos de autoritarismo comienzan a ser moneda corriente en los ámbitos de poder, graficada en las palabras de Daniel Sartor, quien manifestó que «van por veinticuatro años más», o el polémico cierre de micrófonos ante las irrefutables expresiones de un legislador de la oposición. En el mismo sentido por el voto de una mayoría sorda y ciega nombraron a sus amigos del partido en los órganos de control, para asegurar que nadie controle nada, y si alguien mira o escarba «lo que pasó» se va, como ocurrió con la empresa Altec.
Una rápida mirada al Presupuesto 2004, sancionado recientemente por el oficialismo, nos ilustra hacia dónde vamos. El Estado provincial gastará en el presente año 309 millones de pesos más que en el 2003, pero no observamos (y la sociedad lo percibe de igual manera) que la calidad del gasto presente alguna mejoría.
Si bien se declama que algunas áreas constituyen la prioridad del presente gobierno, en los hechos el actual presupuesto indica lo contrario. Por ejemplo, se dice que la educación es prioritaria, pero para el Consejo Provincial de Educación se destina un incremento presupuestario de sólo el 8%, mientras que organismos políticos como el Ministerio de Gobierno y el Ministerio de Coordinación tienen un incremento en su presupuesto del 16,2 y el 19,1% respectivamente.
Más aún, mientras el rubro gastos en personal se incrementa en sólo un 3,1% para el CPE y un 8,2% para los policías, dicho incremento es del 30,6% en el Ministerio de Coordinación y del 15,7% en el Ministerio de Gobierno.
Otro claro ejemplo es el manejo que se propuso de los fondos Fonavi. Estos suman más de $24 millones para la provincia de Río Negro, pero sin embargo se destinan sólo 19 millones al IPPV, de los cuáles sólo 14 millones se destinan a obras, entre las cuales se incluyen el asfalto de Viedma ($1.154.000), en detrimento de todo el resto de comunas y sus vecinos que también tienen derecho a que el Estado provincial les financie nuevas calles pavimentadas.
El gasto social continúa con su rumbo clientelar. Se anunció el programa «Comer en Familia» como un plan destinado a evitar las prácticas clientelares, con un presupuesto de $273.000. Mientras los comedores comunitarios, que son manejados en la mayoría de los casos por los punteros del radicalismo, tienen un presupuesto de casi 7,5 millones de pesos.
A esto se suman las «becas» que disponen distintos órganos del Ejecutivo, que no son ayudas para estudiantes ni son manejadas por la cartera educativa, sino que constituyen una especie de salario en negro para hacer frente a los compromisos políticos. Efectivamente, mientras que el presupuesto total de becas es de más de 4,7 millones de pesos, el CPE maneja sólo 700.000 pesos de los mismos y el resto es manejado en forma totalmente discrecional por los funcionarios de distintos ministerios y direcciones.
Una muestra más de la marginación y la poca importancia que les otorga el Ejecutivo provincial a ciertas zonas de nuestra provincia se refleja en el presupuesto otorgado al Ente de Desarrollo de la Línea Sur. La Constitución provincial le otorga al mismo un 2,5% del total de Rentas Generales. Por las sucesivas emergencias, esto nunca fue puesto en práctica. Sin embargo, cuando ahora contamos con un presupuesto superior en 309 millones en relación con el ejecutado del 2003, se le destina una décima parte de lo que le corresponde ($1,6 millones).
El contexto nacional y éxito de las políticas económicas impulsadas por el gobierno del presidente Kirchner también impactan en las arcas de la provincia, que han visto incrementadas sus cuentas, pero la falta de políticas de eficientización del gasto, así como el privilegiar el «statu quo» -criterio resumido de las palabras de algún dirigente radical que manifestó que este presupuesto «…es el mismo que los anteriores pero con más plata…»- nos demuestra que quizás estos cuatro años sean iguales que los anteriores, a pesar de que el 70% de los rionegrinos ha expresado su voluntad de cambio en las últimas elecciones.
Las muestras de soberbia y autoritarismo expresadas en este documento quizás sean una señal de que el régimen se empieza a resquebrajar. Y como respuesta el gobierno reacciona convocando al diálogo político, como una manera de entretener a la opinión pública tratando de convencerla de que se quiere cambiar, a pesar de las actitudes contrarias expresadas en un sinnúmero de acciones de gobierno.
A los partidos de la oposición nos toca la responsabilidad de tratar de representar a la inmensa mayoría de los rionegrinos que se expresaron por el cambio, generando un polo programático y político de coincidencias que confluyan en un modelo de provincia que contenga a todos los rionegrinos.
Y por último, plasmar las ideas en un proyecto electoral, que sin mezquindades internas ni personales nos haga llegar al gobierno de la provincia para transitar nuevamente el camino que definieron los fundadores de nuestra provincia, que hace 30 años vemos que viene en constante retroceso.
(*) Presidente del bloque de legisladores del Partido Justicialista.