Los tres Boca

Por Redacción

Por EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

Hay tres Boca, no dos. Uno, se sabe, es el que está decimoctavo en el Torneo Final, con el récord histórico de doce partidos sin ganar y con un juego tan pobre que llevó a provocar especulaciones sobre otro grande que, en un tiempo no muy lejano, podría pasar a sufrir con el descenso. El otro Boca, está claro, es el de la Libertadores. Aquello que se había mostrado ante Corinthians, último campeón de la Copa y del Mundial de Clubes, reforzado con Paolo Guerrero y Pato, fue superado por Boca, más allá de los errores decisivos del árbitro paraguayo Carlos Amarilla. Fue el mismo Boca que se vio el último jueves por la noche en la Bombonera. Agresivo, sin dejar jugar al rival, buscando la pelota con voracidad. Claro, luego, con la pelota en los pies, las cosas dejan de ser tan sencilla. Si Riquelme se cansa y si Blandi no está lúcido en la definición, el arco rival se aleja y se achica. Este Boca precisa concretar las pocas ocasiones que suele crear. Ese fue su gran pecado en el empate sin goles contra Newell’s en la ida de cuartos de final. Pero, tal como se lo ve crecido en la Libertadores, no puede darse nada por definido para la revancha del miércoles próximo en Rosario. El partido en el medio de este domingo por el Torneo Final servirá a Boca para medir el clima en el Parque Independencia. Enfrentará, además, a un Newell’s que se juega mucho más, porque debe mantener la punta del torneo, una formidable doble campaña del equipo del Tata Martino, cuya partida en pocas semanas -casi seguramente al Málaga de España- será una pérdida sensible para el fútbol argentino que busca reconciliarse con el juego. El tercer Boca, acaso el que menos se ve afuera pero el que más preocupa puertas adentro, está jugando fuera de la cancha. Se sabe desde hace meses que el juez Manuel De Campos, el mismo de la causa de Pablo Migliore, apunta a algo mucho más pesado. A denunciar a La 12 por asociación ilícita, una causa en la que, además de los barras, también caerían volteados dirigentes y policías. Escuchas telefónicas, agentes infiltrados y una vigilancia estrecha derivaron en el operativo del jueves en la Bombonera, del que se salvaron algunos capos de la barra, avisados por sus contactos con la policía. En Boca están más que preocupados porque se sabe que el juez tiene en su poder escuchas y documentos sobre la entrega de carnés falsos para revender entradas que comprometen a muchos y que amenazan con llegar hasta muy arriba. Ojalá lo de Boca sea la punta de un iceberg.

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