Lucha contra el sida: se logró mucho, pero aún quedan desafíos
La respuesta de nuestro país frente al sida constituye uno de los ejemplos de aquello que siempre reclamamos y pocas veces tenemos: una política de Estado, es decir una forma de entender y responder a la epidemia que se sostuvo más allá de la alternancia de los diferentes gobiernos de los últimos veinte años. En la Argentina se dio en el año 1991 una ley de Sida que fue de avanzada y que logró ubicar al sida como un problema de salud pública y no como un problema moral, de “malos” y “buenos”. Mientras en el mundo se seguía hablando de “víctimas inocentes” y “víctimas culpables”, nuestro país comprendió, siguiendo los lineamientos internacionales de avanzada trazados por Onusida, que la forma de afrontar la epidemia era respetando y cuidando a toda la población y no generando falsos dilemas morales. La mejor respuesta para afrontar un virus, amoral por definición, es con pensamiento científico, conformación de equipos, planificación estratégica y mirada de largo plazo, incluyendo en la política nacional y en las políticas provinciales y municipales, de modo sostenido, los sucesivos avances que se fueron dando en el plano del pensamiento y de la biomedicina. La respuesta al sida de Argentina ha logrado sostener además, primero con financiamiento internacional y luego con presupuesto nacional, una estrategia democratizante, como es la de la integración del Estado y la sociedad civil, procurando articular los poderes y saberes de estos sectores que conforman nuestro país. Fruto de múltiples esfuerzos tan silenciosos como sostenidos, la epidemia se encuentra amesetada, lo que significa que se ha logrado muchísimo, y que quedan algunos desafíos por delante. En materia de logros Argentina, junto con Brasil, presenta los mejores indicadores de la región: proporción de la población que está informada, que tiene acceso a preservativos gratuitos, que cuenta con acceso al diagnóstico y al tratamiento para las personas infectadas. Si bien no ha logrado todavía eliminar de modo definitivo la transmisión vertical (la que se produce de una mujer embarazada con el virus al niño), tiene el mayor porcentaje de la región de mujeres que realizan el test de VIH durante el embarazo y a las que se les suministra el tratamiento para detener la transmisión si resultan positivas a la prueba. Lo que hace que cada vez sea menor el número de niños que nacen con VIH. ¿Cuáles son los desafíos? No todas las personas que tienen el VIH lo saben, por eso es preciso intensificar los esfuerzos para que cada vez sea más simple realizarse el test. En este momento, desde la Dirección de Sida y ETS del Ministerio de Salud de la Nación, se están haciendo pruebas piloto para incluir el llamado test rápido de VIH en los centros de salud públicos. Esta técnica permite que hacerse el test sea mucho más simple, disminuyendo costos y tiempos de espera para las personas y para los equipos y el sistema de salud. El otro desafío consiste en incrementar los esfuerzos sociales tendientes a que las personas que tienen VIH puedan sentirse menos discriminadas, más incluidas, y de ese modo sentirse acompañadas en el desafío de afrontar una infección crónica que requiere controles periódicos de salud y toma de medicación diaria. Sostener el largo camino transitado y mantenernos abiertos a los cambios necesarios para mejorar lo conseguido son los desafíos que nos orientan para lograr el sueño de la detención de la epidemia. (*) Médica, especialista en Salud Colectiva
Opinión
Silvana Weller (*)