Mal alumno
Ratificó el modelo K, industrialista e intervencionista, y rechazó políticas de Washington.
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ARNALDO PAGANETTI arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
Qué se puede sacar en limpio tras una semana sacudida por cacerolazos e histe- rias cruzadas y un desbordante despliegue verbal de la presidenta Cristina Fernández en las universidades de Georgetown y Harvard, en Estados Unidos? Fuera de las descalificaciones y de los amagues para pasar de palabras a enfrentamientos directos que no harían más que agravar las cosas, se observa que: 1) a menos de un año de haber iniciado el segundo y último mandato, con el respaldo del 54% de la ciudadanía, el gobierno profundiza la injerencia estatal de tipo keynesiana con un rechazo tajante a los “festivales neoliberales” (en su criterio, existen infortunadamente en países como España, Grecia y Portugal); 2) amplios sectores de la clase media, sin partidos que tamicen y se pongan al frente de sus reclamos, expresan quejas a viva voz en las calles y prometen a través de las redes sociales intensificarlas en los próximos meses; 3) una pelea decisiva gira en torno de la ley de medios audiovisuales y el plazo del 7 de diciembre (7D) para que los principales grupos mediáticos se desprendan (o no) de algunas emisoras para amoldarse a la norma que tiene tres años de vigencia; 4) no parece prosperar un diálogo civilizado entre oficialismo y oposición y, si bien se observan fisuras de distinta profundidad en uno y otra, en el primero sobresale un liderazgo excluyente en tanto que en la segunda se desprenden dos ramas alternativas con jefaturas débiles (la del socialista Hermes Binner) o poco desarrolladas territorialmente (es el caso del porteño Mauricio Macri). No hay mucha más claridad en el horizonte cercano. Al comentar las manifestaciones en su contra (también tuvieron su correlato nimio en Washington), la presidenta defendió “el modelo K” que se está implementando desde mayo del 2003 y encuadró a quienes la cuestionan entre los grupos “privilegiados” que administraron durante muchos años la Argentina. Unos días antes la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, había sido más taxativa. Los denominó estamentos que “hacen ruido” y gala de “odio e intolerancia no por lo que hacemos mal sino por lo que venimos haciendo bien en estos nueve años de gestión”. Y el funcionario estrella del área de Economía, Axel Kicillof, fundamentó una vez más al presentar el presupuesto para el 2013 los controles a la compra de divisas y las mayores trabas para el ingreso de productos importados. Y renegó, de paso, de los ajustes, de las rebajas de salarios y jubilaciones y de las reprivatizaciones. Dando otra vuelta de tuerca, al referirse al proceso inflacionario (que tuvo a maltraer a Cristina frente a estudiantes norteamericanos y latinos), el diputado Carlos Kunkel, otro que se caracteriza por la crudeza de conceptos, avisó que si los productos de consumo masivo se ven impelidos hacia “arriba” por “los formadores de precios” no habrá otro remedio que adoptar medidas más drásticas. “Van a decir que estamos interviniendo excesivamente la economía”, adelantó. En su paso por Naciones Unidas hubo otros acontecimientos de relevancia. Cristina instruyó al canciller Héctor Timerman a sentarse a negociar con su par iraní, Ali Akbar Salehi, para intentar un acuerdo que contribuya a esclarecer el atentado contra la mutual judía de Buenos Aires perpetrado en 1994. La propia embajada de Israel expresó su “desilusión” por el giro y le reprochó a Irán su plan nuclear con “fines terroristas”. Además, la presidenta aprovechó para pegarle a la titular del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, quien había declarado que si antes de fin de año la Argentina no corregía sus índices estadísticos recibiría tarjeta roja. ¡¿Para qué?! La filípica de Cristina no dejó títere con cabeza. Hasta tuvo la imprudencia de cuestionar las cifras del costo de vida norteamericano. Denunció que existe “ensañamiento” del FMI porque la Argentina “es el mal alumno, el mal ejemplo”. Llamó a Lagarde “árbitro bombero” y aseguró que si realmente la inflación fuera del 25% “el país estallaría por los aires”. “Este proyecto político, a diferencia del impuesto por el Consenso de Washington –desafió–, no tiene metas de inflación sino metas de crecimiento” Hubo otras respuestas para la polémica en el frente interno. Una tuvo que ver con el desempeño de la prensa. Igualmente, no faltó la pregunta sobre la re-reelección. “No es mi deseo ni mi responsabilidad una reforma constitucional”, desalentó. Sin embargo, muchos en la Argentina no le creyeron. El Frente Amplio Progresista de Binner se esmera por juntar un millón de firmas para oponerse a esa posibilidad y los peronistas disidentes que tratan de aglutinarse detrás de Juan Manuel de la Sota y Hugo Moyano trabajan en el mismo sentido. De no prosperar el sentir de los ultra-K, el moderado gobernador Daniel Scioli dará finalmente el paso adelante, según volvieron a asomar la cabeza varios de sus principales ministros.