Martín Ast: de las ciencias duras al pentagrama

Profe de Física y Matemáticas, decidió que no era tarde para su otra pasión: la música. Reunió el puñado de canciones que había compuesto y las llevó al estudio en su Zapala natal.

P: ¿Con cuáles dificultades te encontraste en cuarentena para concluir el disco?
R: Me encontré con la dificultad de no poder viajar a Neuquén y estar presente en el estudio. Hay una canción que quedó –a mi gusto– en un 80% porque el productor por teléfono y correo no me entendía adónde quería llegar.

P: ¿Qué papel tuvo la academia en tu formación vocal?
R: La Academia me ayudó un montón a respirar a la hora de cantar y que no exija tanto la voz, ni me canse. Igual, cuando comencé la grabación todavía me faltaba mucho por aprender (y me sigue faltando), ya que me encontraba cursando segundo año de canto.
En cuanto a lo musical, me considero autodidacta, aprendí sólo a componer música y dominar uno o dos instrumentos, incluida la voz.

P: ¿Influencias?
R: Raly Barrionuevo, León Gieco, Gustavo Santaolalla, Bruno Arias, Orellana Lucca … Soy cinéfilo así que disfruto mucho escuchando bandas sonoras, por eso la influencia de Santaolalla.

P: Soy zapalina y como nacida en ese lugar del mundo donde solo hay viento, me pregunto: ¿qué te inspiró para hacer música?
R: Me inspira al hacer música lo que me rodea: naturaleza, vivencias, el contar una historia, el conocer mi país, su gente, recorrerlo de punta a punta y que la mayor cantidad de personas conozca lo que hago. Sería otro sueño cumplido el día de mañana poder trabajar de lo que más me gusta y dedicarme por completo. Y ya no hay tanto viento como antes (risas).

P: ¿Qué hay de “Quimera”? ¿Qué te paso con la historia de un hombre que pasó 11 años en la cárcel siendo inocente?
R: Con “Quimera” me pasó que al ver la noticia en la tele me pregunté cómo se supera eso, traté de imaginar cómo se debe sentir vivir una injusticia y creer, o tener fe, que en algún momento va a cambiar la situación y la verdad saldrá a la luz. En ese momento me pasaba por la cabeza también la pregunta de si la música era para mí o sí estaba preparado para hacer música. Tenía esa duda existencial. Todo ligado también al tema de la edad y si ya era tarde, lo que surge con normalidad. Así que me puse el desafío de escribir imaginándome en la piel de la persona y que hubiese sentido, que hubiese escrito sobre lo vivido. Primero surgió la melodía y después fui trabajando la letra. Como el resultado me gustó y a las pocas personas a quienes le mostré la canción también, terminé de convencerme y dar fuerzas para seguir componiendo.

P: Empezaste a tocar a los 18, ¿te sentís mayor para hacer música?
R: En realidad, creo que mientras más temprano se comience con la actividad que a uno le guste, mejor. Yo comencé tarde, pero seguro de lo que me gustaba hacer. Hay que trabajar la seguridad sobre lo que uno quiere, para después no tener dudas a la hora de defenderlo y hacerlo cada día mejor.

P: ¿Cómo fue tu relación artística con Brenda Lorca?
R: Cuando me junté con Mauro Saldaño para hablar del proyecto y los instrumentos que quería agregar, me dijo que los instrumentos que no se pueden agregar de forma digital lo agregaremos grabándolos en el estudio, que se podían conseguir músicos para ese trabajo. Así que la música más cercana y con la mejor predisposición fue Brenda, a quien le estoy muy agradecido. Por medio de audios la fui guiando sobre melodías tenía que hacer, tanto en la quena como el charango, después la parte de percusión trabajó sobre la maqueta, y los coros fue una idea en conjunto. Quedé muy contento con su trabajo.


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