Más controles, receta bolivariana contra el desabastecimiento

VENEZUELA

Largas filas de compradores hacia los accesos de supermercados y farmacias aparecen a diario a la caza de bienes de consumo masivo, medicinas y productos de limpieza, mostrando el drama cotidiano del desabastecimiento en los mercados venezolanos.

Un aviso alerta de que los productos “sensibles” de la canasta básica están sujetos a un esquema de racionamiento organizado por el último número del documento de identidad ciudadana.

Los lunes, por ejemplo, sólo tienen acceso a los bienes subsidiados las personas cuyos documentos terminan en cero y uno. En tal caso, la compra será registrada en una base de datos que evitará que el comprador se lleve el mismo producto en los siguientes seis días.

La escasez en los mercados, que comenzó a fines del 2012, ha sido motivo de ruidosas críticas políticas al gobierno socialista del presidente Nicolás Maduro. Según advierten sus críticos, el país está al borde de una “crisis humanitaria”.

El desabastecimiento es parte de un declive económico marcado por la recesión y una inflación que podría superar el 100% este año.

Los especialistas tienen distintas interpretaciones sobre cómo Venezuela, el quinto productor mundial de petróleo, llegó a este punto: todos coinciden en que la caída a la mitad del precio del barril petrolero es parte esencial del problema, pero no la única causa.

El gobierno de Maduro atribuye la crisis al exceso de demanda, al contrabando de productos de la canasta básica y, principalmente, a una “guerra económica” que, asegura, es provocada por empresarios acaparadores y sin escrúpulos.

Maduro sostiene que el gobierno bolivariano enfrenta el mismo tipo de “guerra” que le hicieron al presidente chileno Salvador Allende en los años 70. Además, alega que muchos de los productos básicos se fugan a Colombia a través de una larga cadena de contrabando.

Como un paliativo a la escasez, el esquema de compras por el número de cédula de identidad comenzó a operar este año en la gigantesca red de distribución pública de bienes de consumo, que vende en su mayoría productos subsidiados, y luego fue adoptado por supermercados privados.

Para mediados del 2015, el gobierno espera tener instaladas 20.000 lectoras de huellas dactilares (captahuellas) en supermercados y tiendas, que sustituirán el esquema por número del documento de identidad.

Además, el Ministerio de Salud puso en marcha el llamado Sistema Integral de Acceso a Medicamentos (Siemed), un registro de personas que padecen enfermedades crónicas, a fin de darles prioridad a la hora de la venta de las medicinas.

En las farmacias, las madres con bebés deben mostrar el documento de nacimiento del niño cuando buscan pañales, mientras escasean los condones y píldoras anticonceptivas. En regiones fronterizas con Colombia se aplican controles en la venta de gasolina, el bien más barato que se consigue en el país (con un dólar se llena el tanque).

El superintendente de Precios Justos (Sundde), Andrés Eloy Méndez, defiende la instalación de las captahuellas en todos los supermercados, que estarán conectadas a una base de datos que controlará las compras semanales.

En su opinión, esto bajará “considerablemente” las compras excesivas que hacen personas con el propósito de revender los productos a mayores precios.

“Esto hará que la gente consiga el producto y al precio justo. Es fundamental que nosotros terminemos de desplegar las 20.000 captahuellas que se están programando e instalando”, asevera.

Algunos bautizaron el sistema como “tarjeta de racionamiento 2.0”. Según apuntan, lo que hace es sugerir la idea de que el desabastecimiento apenas comienza.

El director de la encuestadora Datanálisis, Luis Vicente León, afirma que los controles no solucionan el problema y que el tema clave es aumentar la producción y liberar sectores económicos.

A su juicio, la escasez ha provocado un cambio en los consumidores, que se enfrentan a un mercado controlado, con productos limitados y sin marcas para escoger, algo que llama “primitivización”.

“No estamos en una economía normal y lo que ocurre es porque funcionan las expectativas racionales. Yo compro el producto ahora que está porque sé que dentro de un tiempo no lo encontraré o estará más caro. Los consumidores están arrasando con los inventarios para protegerse”, dice.

León recalcó que cuantas más restricciones imponga el gobierno, más distorsiones habrá en los mercados, que han lidiado con controles de precios y de cambio durante doce años.

“Los controles nunca funcionaron y nunca funcionarán. No esperamos que el gobierno tome medidas racionales, esperamos que genere más controles. La experiencia indica que los cambios en estos esquemas vienen por el colapso de la economía”, alertó.

El abogado Roberto León Parilli, portavoz de la Alianza Nacional de Usuarios y Consumidores, apunta por su parte que la escasez afecta la calidad de vida de los venezolanos y los controles limitan el acceso a los bienes.

“Según las leyes, los ciudadanos deben tener acceso permanente y oportuno a los alimentos y esto no pasa. Que el gobierno no gaste tiempo, esfuerzo y dinero en instalar estas plataformas, que lo que nos señalan es que se está yendo en dirección incorrecta”, señala.

También el analista económico Alejandro Sucre comenta que el gobierno hace un “default” con la población, mientras paga puntualmente la deuda externa.

“El gobierno les echa la culpa a los empresarios de que la escasez es una guerra económica para desprestigiar al gobierno y no sé si el pueblo lo cree o no, pero el pueblo debiera preguntarse: ¿por qué en toda la historia de Venezuela nunca ha habido escasez y ahora sí? ¿No serán las mismas medidas que producen escasez en Cuba y China comunista o Corea del Norte?”, sostiene.

Y la exdiputada opositora María Corina Machado encuentra en las captahuellas un nuevo capítulo del Gran Hermano del que habló George Orwell en su distópica novela “1984”.

“La razón de ser de las captahuellas es que son un instrumento de control y dominación social”, afirmó en una visita a la región de Zulia, fronteriza con Colombia, donde comenzó la aplicación del sistema de lectoras de huellas dactilares a mediados del 2014.

Néstor Rojas Mavares

DPA Features

Néstor Rojas Mavares


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