Más testimonios describen las brutales agresiones de Norry

Una de ellas ya lo había denunciado ante la Fiscalía en el 2012. Otra hizo una exposición en la Policía por un incidente en un boliche en el 2007.

Una fuerte necesidad de que se conozca “el grado de perversidad y violencia” del denunciado joven roquense Francisco Norry movió a otras tres chicas a relatar los padecimientos que vivieron cuando fueron sus parejas.

Sus testimonios se suman al de Carolina Bustelo, quien habló con “Río Negro” tras denunciar penalmente a Norry por lesiones, amenazas hacia ella y su hijo y privación de la libertad.

Las mujeres relataron un “mismo patrón” en el acusado: el ejercicio de una violencia brutal y sus constantes advertencias de que era hijo de un juez para persuadir a las víctimas a no hacer denuncias.

Una de ellas ya había realizado una presentación en Fiscalía por un acto de extrema agresión en plena calle, que originó el dictado de una perimetral. Antes había hecho una exposición policial por un incidente que –aseguró– fue tratado con desdén por policías cuando supieron a quién iba dirigida.

Hasta ayer el joven denunciado no había sido notificado de la denuncia de Bustelo, pues no se encontraría en la ciudad. “Río Negro” intentó comunicarse con él, pero su teléfono volvió a dar apagado.

A continuación los tres nuevos testimonios:

Sofía Fernández Bittner

“Casi caímos a un acantilado”

“Conocí a Francisco hace tres años y medio. Sus agresiones eran de todo tipo: verbales y físicas. En una ocasión incluso nos fuimos de viaje a Bariloche y casi chocamos. Le agarró como un ataque de ira, y casi nos caemos a un acantilado. Es decir, hasta mi vida estuvo en peligro.

Sus primeros actos de violencia conmigo comenzaron a los cuatro o cinco meses de iniciada la relación. Incluso en ese momento tenía 17 años, pero cuando termino con él por una acción violenta bastante fuerte yo ya era mayor. Ahí dije basta. Fue una historia parecida a la de Caro Bustelo [la pareja que denunció a Norry días atrás]: estábamos en la confitería Hay Producto y decido irme a mi casa con mi auto. Sin querer me llevé su saco y llave. Me llama furioso insultándome, amenazándome. Llega muy rápido, no alcanzo a cerrar la puerta con llave que entra y de una patada me la ‘parte’ en la cara. Dentro de mi casa, me agarra del cuello, me tironea de los pelos y me dice ‘Te voy a matar, vas a desaparecer y nadie va a saber nada porque soy hijo de [juez] Norry’. Lo mismo que a Caro. Por eso digo que hay un patrón.

Incluso en otra ocasión amenazó con matarme con un cuchillo. Después lo intentó él y decía ‘Yo soy hijo del juez y vas a quedar como la culpable’.

Después que terminó todo, cuando hice el escrache –que no se viralizó como ahora, porque hay otra movilización y apoyo–, y pido que difundan que esa persona es un peligro, recibí mensajes de él pidiendo disculpas: ‘Pero por favor no me quemés’. Con esa disculpa uno no hace nada, es sólo para apaciguar el momento, pero no sirve.

En ese momento no acudí a la Justicia porque yo no estaba bien emocionalmente y me estaba por ir a estudiar. Y esas cosas quedan guardadas en un cajón. Me arrepiento muchísimo porque este tipo puede llegar a matar a una chica. Hoy cada denuncia suma”.

Carla Romero

“Me golpeaba y mordía mucho”

“A Francisco lo conocí en 2006. Tenía 17 años. Íbamos al mismo colegio. Al año siguiente empezó la violencia verbal y física.

Francisco es una persona que está muy mal de la cabeza y por cualquier cosa se le podía disparar el monstruo que tenía adentro. Por ejemplo: estabas despeinada, y te tiraba el pelo y te gritaba ‘¿Cómo podés estar así? Y tirarte al piso, empujarte...

Tengo varios episodios que me rondan en la cabeza.

Un día hubo uno en un boliche: vino a agredirme, me tomó del cuello, me insultó. Yo estaba hablando con un compañero y empezó a decirle cosas asquerosas sobre mí. A Francisco lo sacaron del boliche; volvió a entrar, me agarró otra vez del cuello y me mordió la oreja. Una de mis amigas lo puso contra la pared diciéndole que no se meta conmigo y él contestaba que me iba a cagar a palos las veces que quisiera (textual). Días después me llegó una exposición, firmada por el padre, que aseguraba que yo lo había agredido en el boliche, ¡cuando peso 48 kilos! Creó una situación inversa. Me largué a llorar, ‘Es mentira –decía yo–, Francisco me pega, me muerde y lastima’. El policía –recuerdo– me dijo: ‘Estos pendejos hijos de un juez son así, no pasa nada después’. Entonces yo le hice una contradenuncia. Y no pasó nada.

Viví muchas cosas con él, también arrastradas de pelo, que me lleve en un auto y golpearme, morderme... me mordía mucho, la cara, las piernas...

Yo lo detesto y siempre lo detesté. Lo sabían las personas que lo vivieron en ese momento. Muchos callaron. Es horrible”.

Juana Palmieri

“Me arrastraba de los pelos por la calle”

“Inicié una relación con esta persona en el 2010. Yo era mayor de edad. Y en el 2012 lo denuncié por un gravísimo episodio. Ya venía escapándome de él. Vivía sola en un departamento de planta baja que daba a la calle. Un día fue al complejo, me quitó las llaves e ingresó conmigo. Yo tenía mi computadora con todas las redes sociales abiertas y se entretuvo con eso. Y allí recordé que dejó abierta la puerta principal del complejo, así que me pude escapar. Me fui a una parrilla cercana. Era de tarde y transitaba bastante gente. Me quedé ahí mientras llamaba a mi mamá. Pensé que no volvería a buscarme pero lo hizo. Allí me agarró de los pelos, me arrastró varios metros hasta que intervino una persona que lo vio. Y salió corriendo. Fui a la Fiscalía de turno a realizar la denuncia. A partir de eso obtuve la perimetral bastante rápido.

Antes de esa denuncia, yo ya había hecho una exposición policial, porque esta persona vino al departamento y con un pedazo de cordón de vereda rompió el vidrio de la ventana, lastimó a una de mis amigas y la piedra le pasó muy cerca a otra: hubiera sido una tragedia. Ese día vino la policía, tomó huellas, sacó fotos, pero todo quedó en la nada. De más está decir que se nos rieron en la cara. Cuando supo a quién quería denunciar, un policía me dijo: ‘¿Estás segura?’. Este sujeto (Norry) anteponía el nombre de su padre juez constantemente. Después de la denuncia, con la perimetral, viví el miedo todo el tiempo porque los incumplimientos se sucedían siempre.

Además había que lidiar con la complicidad de mucha gente que estoy convencida de que sabía lo que hacía y se encargó de negarlo. Sentía que luchaba contra viento y marea. Ahora me siento movilizada y comprometida. Pero el dolor sigue intacto”.


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