“Me resisto a creer en la extinción”

Redacción

Por Redacción

Me resisto a creer en la extinción de pequeños y medianos productores de peras y manzanas de nuestros valles. No al menos mientras no se hayan agotado alternativas viables que, por supuesto, responden a un sensible cambio en la tradicional costumbre que tantos agricultores emplean para comercializar su producción. Ya no es viable que un chacarero de menos de 500.000 kilos, obviamente hablando de calidad y buenas variedades, sea dependiente de macroempresas integradas, cuyas estructuras de comercialización y compromisos requieren de sofisticadas y costosas armaduras, sobre todo para atender la indispensable fase exportadora. Esa modalidad no favorece al pequeño productor y ni siquiera resulta atractiva para la empresa. El chacarero deberá entonces eludir el pesado costo que aquello significa, limitándose a comercializar su fruta en el mercado interno por su exclusiva cuenta que, por otra parte, se ofrece ávido a la recepción de buena mercadería y donde además se obtienen excelentes precios que a veces suplen los magros resultados de algunas exportaciones. Hoy se ha comprendido que para llegar al consumidor interno no se requiere sumar a los altos costos de producción un exagerado valor agregado para el acondicionamiento de la fruta, siendo éste reemplazado por otro método de distribución más sano, seguro, limpio y atrayente, y que está al alcance de cualquier pequeño productor, con la misma eficiencia en sanidad y presentación que las marcas más acreditadas. Ya han sido ideadas minimáquinas lavadoras, enceradoras, tamañadoras, transportables y livianas que, en conjunción del trabajo técnico artesanal, otorgan el óptimo resultado. Hugo Néstor E. Santarelli, LE 7.560. 816 Fernández Oro

Hugo Néstor E. Santarelli, LE 7.560. 816 Fernández Oro


Me resisto a creer en la extinción de pequeños y medianos productores de peras y manzanas de nuestros valles. No al menos mientras no se hayan agotado alternativas viables que, por supuesto, responden a un sensible cambio en la tradicional costumbre que tantos agricultores emplean para comercializar su producción. Ya no es viable que un chacarero de menos de 500.000 kilos, obviamente hablando de calidad y buenas variedades, sea dependiente de macroempresas integradas, cuyas estructuras de comercialización y compromisos requieren de sofisticadas y costosas armaduras, sobre todo para atender la indispensable fase exportadora. Esa modalidad no favorece al pequeño productor y ni siquiera resulta atractiva para la empresa. El chacarero deberá entonces eludir el pesado costo que aquello significa, limitándose a comercializar su fruta en el mercado interno por su exclusiva cuenta que, por otra parte, se ofrece ávido a la recepción de buena mercadería y donde además se obtienen excelentes precios que a veces suplen los magros resultados de algunas exportaciones. Hoy se ha comprendido que para llegar al consumidor interno no se requiere sumar a los altos costos de producción un exagerado valor agregado para el acondicionamiento de la fruta, siendo éste reemplazado por otro método de distribución más sano, seguro, limpio y atrayente, y que está al alcance de cualquier pequeño productor, con la misma eficiencia en sanidad y presentación que las marcas más acreditadas. Ya han sido ideadas minimáquinas lavadoras, enceradoras, tamañadoras, transportables y livianas que, en conjunción del trabajo técnico artesanal, otorgan el óptimo resultado. Hugo Néstor E. Santarelli, LE 7.560. 816 Fernández Oro

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