Medida inútil

No hay motivos para creer que el decreto que limita las horas extras servirá para generar más fuentes de trabajo. Es más, podría crearles dificultades a las empresas.

Redacción

Por Redacción

¿Servirá el decreto del gobierno para limitar las horas extras para crear más «fuentes de trabajo»? Aunque se trata de una medida que siempre ha atraído a los convencidos de que la mejor forma de hacerlo es dividir el trabajo presuntamente disponible entre más personas, no existen demasiados motivos para creerlo.

Después de todo, los países con la tasa de desocupación más baja -los Estados Unidos, el Japón y el Reino Unido- son precisamente aquellos en los que las horas anuales trabajadas son mayores, lo cual hace pensar en que el desempleo masivo tiene más que ver con el estado global de la economía que con las reglas fijadas por sindicalistas y gobernantes. Es que el trabajo de por sí tiende a generar más trabajo, razón por la cual las reglas destinadas a reducirlo suelen resultar contraproducentes. Además, es evidente que las medidas de este tipo reflejan cierto desprecio por el trabajo, tomándolo por una actividad que debería desaconsejarse: por asombroso que les parezca a los burócratas, hay excéntricos que se interesan personalmente por lo que están haciendo y que por lo tanto estarían dispuestos a continuar aunque el gobierno haya procurado impedir que reciban la remuneración correspondiente.

En la Argentina, el nivel altísimo de desocupación tiene diversas causas, entre ellas la eliminación de empleos «artificiales» en el sector público, la necesidad de que las empresas se hagan más competitivas, el hundimiento de muchas pymes y, en ciertos sectores, la educación deficiente de quienes de otro modo encontrarían trabajo sin dificultades, pero pocos analistas han incluido entre dichas causas un exceso de horas extras trabajadas por los ya empleados, factor éste que los más consideran poco importante.

Por cierto, en vista de que las horas extras oficialmente registradas son mínimas, no es demasiado probable que muchos empresarios reaccionen frente al decreto oficial contratando a más personas: antes bien, los que lo tomen en cuenta tratarán de desempeñarse con más eficacia que antes, lo cual sería muy positivo pero no es lo que tienen en mente los funcionarios del Ministerio de Trabajo que decidieron importar una medida que ya se ha aplicado, sin resultados evidentes, en varios países europeos.

Otros empresarios rehusarán dejarse influir por un decreto que les parecerá arbitrario, de suerte que es de prever que una consecuencia del intento de regular el mercado laboral sea un aumento de las dimensiones ya grotescamente exageradas de la «economía negra», en detrimento de la parte que está acostumbrada a atenerse a las complejas reglas formales.

La situación sería distinta si en la Argentina el trabajo «en negro» apenas existiera y fuera de una estrecha franja criminal, pero aun así sorprendería que limitar las horas extras contribuyera a crear muchos puestos de trabajo más, planteo éste que se basa en el presupuesto de que virtualmente cualquiera estará en condiciones de cumplir las tareas disponibles. Aunque existen muchos empleos rudimentarios que no exigen preparación alguna, por lo común no los desempeñan aquellos asalariados que por distintos motivos se ven constreñidos a prolongar su jornada activa.

Así las cosas, la limitación decretada, que afecta tanto al sector público como al privado, podría provocar auténticas dificultades. Es de suponer que las autoridades permitirán muchas excepciones -sería absurdo que un cirujano tuviera que declarar terminado su día laboral en medio de una operación de emergencia o que por motivos similares un agente de policía dejara escapar a un delincuente- porque de respetarse a rajatabla las nuevas reglas, la economía podría funcionar de forma aún más letárgica de lo que lo está haciendo, reduciendo todavía más la voluntad de los empresarios de contratar a más gente.

¿Lo entienden los artífices del decreto? Es evidente que no, que a pesar de la experiencia internacional dan por descontado que el desempleo es en el fondo una cuestión de distribución, no del mal funcionamiento de la economía en su conjunto y que, al sentirse obligados a «hacer algo», han optado por una iniciativa que a lo mejor les permitirá brindar la impresión de estar resueltos a hacer frente a un problema de implicancias sociales devastadoras.


¿Servirá el decreto del gobierno para limitar las horas extras para crear más "fuentes de trabajo"? Aunque se trata de una medida que siempre ha atraído a los convencidos de que la mejor forma de hacerlo es dividir el trabajo presuntamente disponible entre más personas, no existen demasiados motivos para creerlo.

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