Messi tiene que jugar siempre

En el Parque de los Príncipes y contra el equipo de su ex DT, el crack festejó su primer gol en el PSG, que le ganó 2-0 al City de Guardiola. Esta vez, Pochettino no lo sacó...





Fue una vistosa batalla entre el juego de fútbol total del Manchester City y la calidad técnica insuperable del París Saint Germain. En este choque de colosos en pugna por reinar en Europa de una vez por todas, la luminaria parisina se proyectó sobre Lionel Messi, que tuvo su bautismo goleador en el Parque de los Príncipes con su nuevo club, justamente ante el equipo de Pep Guardiola, su ex DT en el Barcelona.

Tras un partido en el que se había mostrado bastante “terrenal”, Messi despertó a su bestia interior a falta de un cuarto de hora cuando arrancó por la derecha, llegó al área y jugó con Kylian Mbappé, que le devolvió el balón de taco para que Leo la pusiera en el ángulo ante un Ederson resignado. Golazo. Electrizante y fatal. Así, de la nada.


Quizás por consecuencias como estas se lo criticó tanto al DT Mauricio Pochettino cuando lo reemplazó a falta del 15’ en el partido ante el Olympique Lyon, aunque después los dardos hacia el DT se suavizaron cuando se constató la lesión del crack, que reapareció ante el City tras dos partidos afuera por la Ligue 1.

Messi resuelve partidos en un abrir y cerrar de ojos, muchas veces en juegos como ayer donde no había sido decididamente gravitante. Es por eso que quienes lo dirigieron, como Guardiola, afirman que la Pulga no debe salir nunca en un partido sin definición.

Hasta su gol, Messi había cumplido con un rol de complemento de lujo, mostrando buena conexión con Mbappé, como ya ocurrió en el arranque de la jugada que desembocó en el primer tanto convertido por Gueye.

Y hasta se mostró utilitario para el equipo cuando hizo de “cocodrilo” en un tiro libre del City, en una imagen inédita del crack para un recurso defensivo creado justamente por los rivales para impedir goles de su autoría por debajo de la barrera. Casi una «víctima» de su propio invento.

Por si algo le faltaba a Messi, ante el City también hizo de «cocodrilo».

La posesión fue del City y la eficacia del PSG. En la mejor ocasión de los ingleses Sterling le dio de cabeza, Donnarumma despejó a puro reflejo y Bernardo Silva, con el arco vacío, transformó lo que era el gol del empate parcial en una pifia al travesaño. Esto también es fútbol y arqueros como el italiano, el jugador más valioso de la última Eurocopa, están para eso.

El PSG, incapaz de discutir al City en el juego, mostró el brillo de sus estrellas . Ayer comenzó a relucir la de Messi, la más fulgurante de todas, qué duda cabe. En la Ciudad Luz se mueve el hombre nuevo. En París lo saben todos, Pochettino también.


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