México sale a competir por el liderazgo regional

Por Redacción

EMILIO J. CÁRDENAS (*)

En los últimos años, la política exterior de Brasil ha maniobrado astutamente de manera de crear un espacio territorial de poder propio, sin rivales que puedan allí hacerle sombra: el de América del Sur, cuyo liderazgo aquel país reclama convencido de sus méritos para ello. Por eso, el llamado “regionalismo” que nos atañe se ha achicado progresivamente hasta coincidir exactamente con las fronteras de América del Sur, ni un milímetro más, de manera de contener precisamente el área específica en la que Brasil se siente cómodo en su afán de protagonismo y en su capacidad de influencia, sin competencia a la vista. La Venezuela de Chávez, cabe añadir, jamás pudo seriamente ser una amenaza para la ambición brasileña de liderazgo, crean lo que crean sus seguidores. México, que evidentemente es parte del hemisferio norte, ha quedado más allá de ese marco, fuera de él, como si no fuera un país latinoamericano y como si, además, no perteneciera a nuestra región ni compartiera nuestra identidad. En rigor, porque México es el único país de la región capaz de competir con Brasil por asumir y mantener una presencia trascendente ante el resto del mundo. Ante el deterioro progresivo y continuo de nuestro país, México es hoy el verdadero contrincante real regional de Brasil de cara al resto del mundo. Por esto, un hecho relevante que acaba de suceder, aunque en otro plano, tiene una innegable importancia en la política regional, a la que conmueve de lleno. Ocurre que México, sin decirlo expresamente, se ha puesto en la vereda de enfrente a la de Brasil en lo que tiene que ver con las conocidas aspiraciones de éste de sentarse pronto como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ocurre que México se ha unido al grupo denominado Unidos por Consenso, que incluye a todos quienes coinciden en una visión diferente acerca de cómo debiera reformarse el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esto fue señalado por su propio representante permanente ante las Naciones Unidas, el excelente diplomático Jorge Montaño, el 13 de este mes en un debate en la Asamblea General, precisamente sobre la cuestión de la postergada reforma del Consejo de Seguridad de la organización, sobre la cual la comunidad internacional está aún lejos de tener criterio uniforme o consensuado. Para México (como para la Argentina) la reforma del Consejo no debe pasar por el aumento de los privilegios en materia de derecho de veto, esto es por el aumento de los asientos permanentes como el que Brasil pretende para sí. Debe, en cambio, pasar por el aumento del número de bancas no permanentes, que hoy son solamente diez y que en rigor son las que tienen representatividad y obligan a sus titulares a tener que, de algún modo, rendir cuentas a las respectivas regiones por las que son electos. México adhiere, además, a la idea de concretar la posibilidad de que quienes las ocupan puedan ser reelectos más allá de los períodos de dos años actuales si las respectivas regiones lo creen necesario. Para Brasil, seguramente un mal trago, anticipable. Para la Argentina, en cambio, un socio nuevo en su empeño por tratar de modificar el Consejo de Seguridad democratizándolo, por oposición a hacerlo más aristocrático en contradicción con el principio de igualdad soberana de los Estados, que es lo que naturalmente ocurriría si aumentaran los asientos permanentes y, consecuentemente, los derechos de veto –lo que, a la luz de lo que está sucediendo en Crimea, está lejos de ser la mejor alternativa para el sistema de seguridad colectiva del mundo–. Cabe recordar que el referido movimiento Unidos por Consenso agrupa a unos cuarenta Estados miembros de las Naciones Unidas e incluye a países como Pakistán, Colombia y Corea del Sur. Buenas noticias, entonces, que nos llegan desde México para quienes no creemos en tener privilegiados entre los propios países de nuestra región inmediata y mucho menos en cuestiones tan importantes como las que tienen que ver con la delicada agenda de paz y seguridad internacionales, lo que estaría lejos de ser lo ideal. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas