“Mi hermana se convirtió en un monstruo”
Hace un angustiante pedido: tomar en serio los trastornos mentales.
VILLA LA ANGOSTURA (AVLA).- Años de maltrato físico, psicológico, denuncias por violencia familiar y de los propios vecinos tuvieron un desenlace trágico: en medio de una pelea con su vecina Carmen Aurora Zorzoli (41), Liliana Bargas sacó un arma y le disparó en la cabeza y el abdomen, entró a su casa, juntó documentación, ropa y antes de huir la remató de otro balazo. La víctima le reclamaba por los ruidos y el olor que producían los 15 perros que convivían con ella y su madre de 91 años. En su casa de Villa La Angostura, Ruth Bargas se enteró por los medios y por una amiga lo que había pasado en la casa de su infancia. Su hermana Liliana (62) era “la asesina de Villa Bosch”. “Hasta mis 8 años fue un ángel. El resto de la historia, no es mi hermana”, cuenta Ruth, 12 años menor que Liliana. Hace 15 años decidió mudarse al sur, escapando de la inseguridad de Buenos Aires y del calvario que le hacía vivir su hermana desde niña. Hoy, después de más de una década, Ruth se reencontrará con su madre, quien pese a un avanzado cuadro de Alzheimer la sigue reconociendo. Nunca pensó que volvería a verla. “Me cuentan que mi madre es piel y hueso y tiene golpes. Había telarañas de años en el techo, estaba tirada en la cama, el piso con excremento. No pensé que podía estar así”, dice Ruth, y se quiebra. Cuenta que hablaba con su madre y cuando ella le preguntaba dónde estaba, le decía que vivía en España: “Tenía terror de que mi hermana apareciera por acá. A veces ella interceptaba la llamada y me tenía que comer las amenazas de que si aparecía me iba a matar”. Su familia materna le cuestionaba que no fuera a visitar a su madre “y yo les decía que no podía porque me iba a matar… pero decían que yo exageraba”, relata. Asegura que su madre siempre intentó “camuflar” la enfermedad de su hermana y la defendía. A los 9, Ruth fue víctima de un hecho muy violento por parte de su hermana que prefiere no detallar, y que la llevó a estar prácticamente un año autista. “Siempre tuvo resentimiento conmigo y no soportaba el mínimo cariño que pudiera tener con mi madre”, detalla. Hasta los 18 Liliana fue excelente alumna, amorosa hija y hermana. A esa edad tuvo un brote y fue internada en un instituto mental. El diagnóstico: esquizofrenia. Contra la recomendación médica, la madre la sacó del hospital en pleno tratamiento. “Cuando salió era un monstruo, hería a mis papás, a mí, se desnudaba… pasamos a ser la familia de la loca”, recuerda. A poco tiempo de salir de la institución Liliana tuvo un novio que a los meses se suicidó. A los tres años, cuenta Ruth, tuvo otro, quien al tiempo murió ahogado frente a ella en el Tigre. “Ahí empeoró”, detalla Ruth. Y Liliana nunca más tuvo pareja ni hijos. El padre murió hace más de 20 años. Cuando Ruth tenía 15, su hermana le propinó una golpiza y ella huyó corriendo al colegio de monjas donde estudiaba. Quedó en guarda de una mujer y nunca más volvió a su casa. Estudió, se casó, tuvo una hija y un gimnasio. Pero ante las amenazas constantes de su hermana contra ella y su por pequeña hija, sumado a un robo violento que sufrió en su casa, decidió vender todo y mudarse al sur. En una oportunidad, ya grande, su madre escapó de la casa tras una brutal golpiza de su hija. “Ella la interceptó a las tres cuadras, la agarró de los pelos y la metió adentro. Una alumna mía fue testigo. Hizo la denuncia, la policía intervino, mi mamá estuvo tres días conmigo, luego retiró la denuncia y volvió a la casa. Ahí no lo soporté más”, relata. Hace un año los vecinos Villa Bosch denunciaron a la mujer por el olor a excremento que emanaba de la casa. Además, hay constancias del abuso de armas, ya que habitualmente salía y hacía disparos al aire. Al enterarse de las condiciones en las que estaba su madre, Ruth se comunicó con el secretario de Gobierno de Tres de Febrero. Pero por la burocracia que implicaba internar a su hermana y sacar a su madre, y el temor a que la mujer tomara alguna represalia, finalmente desistió. Hoy Ruth siente culpa por la vecina muerta. Cree que el crimen pudo haberse evitado. “Estas cosas se pueden evitar, nos queda como sociedad trabajar muchísimo en cuanto a la prevención, que cuando un enfermo mental es agudo, agresivo, hay que actuar inmediatamente. Se quiere ocultar y esto va creciendo; sino se controla, se va de las manos”. Ahora espera que su hermana quede presa en una cárcel psiquiátrica. “Si se llega escapar, no sé cuánto tiempo me va a quedar a mí, porque me va a buscar y me va a matar”, concluye.
VILLA LA ANGOSTURA (AVLA).- Años de maltrato físico, psicológico, denuncias por violencia familiar y de los propios vecinos tuvieron un desenlace trágico: en medio de una pelea con su vecina Carmen Aurora Zorzoli (41), Liliana Bargas sacó un arma y le disparó en la cabeza y el abdomen, entró a su casa, juntó documentación, ropa y antes de huir la remató de otro balazo. La víctima le reclamaba por los ruidos y el olor que producían los 15 perros que convivían con ella y su madre de 91 años. En su casa de Villa La Angostura, Ruth Bargas se enteró por los medios y por una amiga lo que había pasado en la casa de su infancia. Su hermana Liliana (62) era “la asesina de Villa Bosch”. “Hasta mis 8 años fue un ángel. El resto de la historia, no es mi hermana”, cuenta Ruth, 12 años menor que Liliana. Hace 15 años decidió mudarse al sur, escapando de la inseguridad de Buenos Aires y del calvario que le hacía vivir su hermana desde niña. Hoy, después de más de una década, Ruth se reencontrará con su madre, quien pese a un avanzado cuadro de Alzheimer la sigue reconociendo. Nunca pensó que volvería a verla. “Me cuentan que mi madre es piel y hueso y tiene golpes. Había telarañas de años en el techo, estaba tirada en la cama, el piso con excremento. No pensé que podía estar así”, dice Ruth, y se quiebra. Cuenta que hablaba con su madre y cuando ella le preguntaba dónde estaba, le decía que vivía en España: “Tenía terror de que mi hermana apareciera por acá. A veces ella interceptaba la llamada y me tenía que comer las amenazas de que si aparecía me iba a matar”. Su familia materna le cuestionaba que no fuera a visitar a su madre “y yo les decía que no podía porque me iba a matar... pero decían que yo exageraba”, relata. Asegura que su madre siempre intentó “camuflar” la enfermedad de su hermana y la defendía. A los 9, Ruth fue víctima de un hecho muy violento por parte de su hermana que prefiere no detallar, y que la llevó a estar prácticamente un año autista. “Siempre tuvo resentimiento conmigo y no soportaba el mínimo cariño que pudiera tener con mi madre”, detalla. Hasta los 18 Liliana fue excelente alumna, amorosa hija y hermana. A esa edad tuvo un brote y fue internada en un instituto mental. El diagnóstico: esquizofrenia. Contra la recomendación médica, la madre la sacó del hospital en pleno tratamiento. “Cuando salió era un monstruo, hería a mis papás, a mí, se desnudaba... pasamos a ser la familia de la loca”, recuerda. A poco tiempo de salir de la institución Liliana tuvo un novio que a los meses se suicidó. A los tres años, cuenta Ruth, tuvo otro, quien al tiempo murió ahogado frente a ella en el Tigre. “Ahí empeoró”, detalla Ruth. Y Liliana nunca más tuvo pareja ni hijos. El padre murió hace más de 20 años. Cuando Ruth tenía 15, su hermana le propinó una golpiza y ella huyó corriendo al colegio de monjas donde estudiaba. Quedó en guarda de una mujer y nunca más volvió a su casa. Estudió, se casó, tuvo una hija y un gimnasio. Pero ante las amenazas constantes de su hermana contra ella y su por pequeña hija, sumado a un robo violento que sufrió en su casa, decidió vender todo y mudarse al sur. En una oportunidad, ya grande, su madre escapó de la casa tras una brutal golpiza de su hija. “Ella la interceptó a las tres cuadras, la agarró de los pelos y la metió adentro. Una alumna mía fue testigo. Hizo la denuncia, la policía intervino, mi mamá estuvo tres días conmigo, luego retiró la denuncia y volvió a la casa. Ahí no lo soporté más”, relata. Hace un año los vecinos Villa Bosch denunciaron a la mujer por el olor a excremento que emanaba de la casa. Además, hay constancias del abuso de armas, ya que habitualmente salía y hacía disparos al aire. Al enterarse de las condiciones en las que estaba su madre, Ruth se comunicó con el secretario de Gobierno de Tres de Febrero. Pero por la burocracia que implicaba internar a su hermana y sacar a su madre, y el temor a que la mujer tomara alguna represalia, finalmente desistió. Hoy Ruth siente culpa por la vecina muerta. Cree que el crimen pudo haberse evitado. “Estas cosas se pueden evitar, nos queda como sociedad trabajar muchísimo en cuanto a la prevención, que cuando un enfermo mental es agudo, agresivo, hay que actuar inmediatamente. Se quiere ocultar y esto va creciendo; sino se controla, se va de las manos”. Ahora espera que su hermana quede presa en una cárcel psiquiátrica. “Si se llega escapar, no sé cuánto tiempo me va a quedar a mí, porque me va a buscar y me va a matar”, concluye.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora