Ministro sin futuro

Hasta los integrantes del ala política de la Alianza entienden que de irse Machinea vendría forzosamente alguien de perfil mucho más duro.

Redacción

Por Redacción

Por mucho que el presidente Fernando de la Rúa haya negado tener la intención de reemplazar a José Luis Machinea por otro «técnico» más vigoroso, el que bien podría ser Miguel Angel Broda o Ricardo López Murphy, ya se ha hecho dolorosamente evidente que el alejamiento del ministro de Economía actual es no sólo probable sino también necesario. Lo es no porque Machinea haya cometido errores puntuales graves: dadas las circunstancias, su manejo de las cuentas nacionales ha sido sensata y si sólo fuera cuestión de desempeñarse con prolijidad nadie estaría vaticinando el fin inminente de su gestión. Es que por los motivos que fueran el ministro no parece poseer la autoridad personal – si se quiere, el «carisma» – que le permitiría convencer al país y a los mercados internacionales de que la Argentina pueda salir del clima nocivo que en las semanas últimas se ha difundido por toda la república, un clima viciado por el pesimismo extremo que están generando con tanta energía políticos populistas, entre ellos el titular de la UCR, Raúl Alfonsín, izquierdistas de diverso pelaje, eclesiásticos aficionados a formular declaraciones apocalípticas, sindicalistas resueltos a conservar sus privilegios cueste lo que costare a los demás y oportunistas de la más variada especie. Estos personajes están apostando al fracaso de la política económica delarruista ya por creerse en condiciones de sacar alguna ventaja mezquina del desbarajuste resultante, ya porque, con un grado de irresponsabilidad apenas creíble, suponen que el hundimiento de la Argentina y del grueso de su población serviría para confirmar la validez de sus propias tesis infantiles.

Aunque Machinea es lo que los integrantes de la clase política nacional califican despectivamente de «ortodoxo», es decir, un funcionario que se resiste a tratar al país como un laboratorio en el cual podrían divertirse ensayando las ideas geniales de turno, nadie cree que su eventual salida señalaría el inicio de una etapa «social», razón por la cual quienes lo han estado criticado solapadamente durante meses no titubearon en atribuir los rumores sobre su próxima defenestración a una conspiración «ultraliberal». Según parece, incluso los integrantes del ala política de la Alianza entienden muy bien que de irse Machinea vendría forzosamente alguien de perfil mucho más duro porque de lo contrario el país caería en una crisis incomparablemente peor que la ya existente. Tal actitud ambigua frente al drama socioeconómico refleja lo irracional que es el pensamiento de individuos que dicen sentirse horrorizados por el «rumbo» de la política impulsada por el gobierno de De la Rúa pero que así y todo comprenden muy bien que para dar un nuevo ímpetu a la economía será forzoso que el timonel sea una persona mucho más temible que Machinea.

Una cosa es previsible: tarde o temprano Economía estará encabezada por un «superministro» a la vez fuerte y combativo parecido a Domingo Cavallo. Pero es imposible predecir si el cambio vendrá antes de producirse una crisis tan devastadora como la confeccionada por Alfonsín a fines de los años ochenta o después. Esperémonos que se concrete antes: el país no puede darse el lujo de perder algunos años más aguardando a que sus líderes políticos finalmente abandonen las fantasías demagógicas que tanto han contribuido al atraso y a todo cuanto éste ha significado para millones de compatriotas para sintonizarse con el pensamiento económico que es vigente en los únicos países que han logrado alcanzar la prosperidad. Puede que De la Rúa sea consciente de que el gradualismo ya ha dejado de producir frutos suficientes y que por tanto le convendría sustituir a Machinea por alguien capaz de luchar contra los comprometidos con esquemas tradicionales que impiden que la Argentina recupere el brío de los años finales del primer período presidencial de Carlos Menem cuando, a pesar de la magnitud de los problemas, la mayoría confiaba en que el país lograría superarlos, pero por desgracia la cautela propia del presidente lo hace tan reacio a correr riesgos políticos que sorprendería que actuara con la rapidez que están reclamando los tiempos.


Por mucho que el presidente Fernando de la Rúa haya negado tener la intención de reemplazar a José Luis Machinea por otro "técnico" más vigoroso, el que bien podría ser Miguel Angel Broda o Ricardo López Murphy, ya se ha hecho dolorosamente evidente que el alejamiento del ministro de Economía actual es no sólo probable sino también necesario. Lo es no porque Machinea haya cometido errores puntuales graves: dadas las circunstancias, su manejo de las cuentas nacionales ha sido sensata y si sólo fuera cuestión de desempeñarse con prolijidad nadie estaría vaticinando el fin inminente de su gestión. Es que por los motivos que fueran el ministro no parece poseer la autoridad personal - si se quiere, el "carisma" - que le permitiría convencer al país y a los mercados internacionales de que la Argentina pueda salir del clima nocivo que en las semanas últimas se ha difundido por toda la república, un clima viciado por el pesimismo extremo que están generando con tanta energía políticos populistas, entre ellos el titular de la UCR, Raúl Alfonsín, izquierdistas de diverso pelaje, eclesiásticos aficionados a formular declaraciones apocalípticas, sindicalistas resueltos a conservar sus privilegios cueste lo que costare a los demás y oportunistas de la más variada especie. Estos personajes están apostando al fracaso de la política económica delarruista ya por creerse en condiciones de sacar alguna ventaja mezquina del desbarajuste resultante, ya porque, con un grado de irresponsabilidad apenas creíble, suponen que el hundimiento de la Argentina y del grueso de su población serviría para confirmar la validez de sus propias tesis infantiles.

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