Desde Villa La Angostura, Cali apuesta a una moda sustentable con identidad patagónica

Con una mirada consciente y procesos artesanales, Claudia Caligaris propone prendas que priorizan el detalle, el tiempo y la identidad por sobre la producción masiva.

En un escenario donde el fast fashion domina la escena, Cali propone otro ritmo. Más lento, más consciente y profundamente conectado con el entorno.

Detrás de la marca está Claudia Caligari, diseñadora textil radicada en Villa La Angostura, quien construyó un proyecto de moda sustentable basado en telas naturales, tintes artesanales y una fuerte identidad patagónica.

Cada prenda de Cali nace de un proceso cuidadoso que comienza mucho antes del diseño. Las telas, 100% naturales, pueden ser de origen animal —como la lana o la seda— o vegetal, como el algodón, el lino, el cáñamo o el bambú.

Según su procedencia, el tratamiento cambia: las fibras animales se lavan y se preparan con mordientes naturales, mientras que las vegetales requieren un proceso extra para fijar el color y lograr mayor intensidad y durabilidad.

El teñido, pilar del ADN Cali


La diseñadora textil trabaja con tintes naturales y elementos como el alumbre o el vinagre, que influyen directamente en el resultado final.

“El color depende mucho del pH del líquido. Según el mordiente que uses, un rojo puede irse al violeta o cambiar completamente”, señala. Por eso, cada pieza es única y el tiempo se vuelve un aliado del proceso creativo.

En el caso de las fibras vegetales, el trabajo es aún más minucioso. “Hay que darles proteína, porque funciona como un imán para el tinte y hace que el color quede más brillante y resistente”, describe. Para eso, utiliza técnicas ancestrales que varían según el territorio: “En Oriente se usa el agua de arroz, en Centroamérica el agua de maíz, y acá también retomamos esas prácticas”. En Cali, se utiliza leche de soja.

Desde sus inicios, la diseñadora eligió alejarse de la lógica de la moda industrial. “No es una producción larga, sino una producción pequeña”, aclara Claudia. “Trabajar sobre prendas con detalles casi únicos es mucho más sostenible que desarrollar grandes cantidades y generar stock excedente”.

Kimonos, batas, vestidos largos, monos y pañuelos forman parte de una colección que prioriza la comodidad y la versatilidad.

“El foco está puesto en prendas que no son muy ajustadas. Uso cintos y recursos para dar forma sin depender de los talles”, explica. Esa decisión estética también es política: vestir cuerpos reales.

Puro Diseño


La identidad del sur atraviesa toda la marca. Los estampados de Cali están inspirados en el bosque nativo y buscan contar una historia. “La idea es mostrar, a través de la forma y el color, cuáles son las especies nativas y por qué es importante preservarlas”, afirma Claudia.

Ese vínculo con la naturaleza se extiende a un proyecto que combina moda, educación y turismo. En un espacio de huertas municipales, Claudia cultiva parte de las plantas que utiliza para sus tintes y, desde allí, impulsa experiencias de senderismo y estampado. “Mientras recorremos el bosque con un biólogo, vamos reconociendo las especies y cada persona estampa su propio pañuelo con lo que va encontrando”, relata.

La marca produce alrededor de 50 piezas por mes, entre prendas, pañuelos y objetos textiles para decoración. Muchas ventas se realizan por pedido personalizado. “La mayoría me escribe por Instagram. Me piden un color, un detalle, un diseño específico y lo hago en el momento”, cuenta orgullosa la diseñadora. Cali también está presente en locales de la región y en hoteles que incorporan sus piezas como parte de experiencias para huéspedes.

Aunque Claudia sigue de cerca las tendencias, las adapta a su propio lenguaje. “Siempre estoy al tanto de lo que se usa, pero lo llevo a las telas que trabajo yo”, explica. “Me gusta mucho el detalle: los cierres, las lanas teñidas a mano, los materiales locales. Eso es lo que marca la diferencia”.

Entre las incorporaciones recientes aparecen las bandanas y pañuelos de seda natural. “Son hipoalergénicos, se pueden usar todo el año y tienen una versatilidad increíble”, destaca. “En verano son frescos y en invierno abrigan”.

En Cali, la moda no es solo una prenda: es un proceso que incorpora territorio, producción a pequeña escala e identidad. Una forma de vestir que invita a bajar el ritmo y a reconectar con el origen de lo que usamos.


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