La orfebre de Neuquén que transforma el alambre de construcción en piezas de joyería
Daniela Vivanco pasó de jugar con los restos de metal de su padre soldador a publicar sus diseños en seis revistas internacionales. Entre el consultorio médico donde trabaja y su taller, creó piezas que conquistaron a Pampita, a Adrián Dárgelos y llamaron la atención de Selva, el diseñador reconocido por Lady Gaga. Conocé la historia detrás de "Vivancool".
Entrar al taller de Daniela Vivanco es sumergirse en su mundo interno. «Muchos me dicen que es entrar a mi cuarto de la adolescencia», comenta mientras mira las paredes. Páginas de revistas de moda, colores, texturas y metal, mucho metal. De fondo suena una canción de Oasis y le siguen otras bandas clásicas de los 90. Así comienza su jornada. La joyera inició con su marca «Vivancool» hace más de 10 años y, desde entonces, se fue abriendo camino entre los diseñadores de Neuquén. Su talento traspasó las fronteras de la Patagonia: la invitaron por cuarta vez a la Semana de la Joyería de Milán, sus piezas llegaron al vestidor de Carolina ‘Pampita’ Ardohain y captaron la atención de Selva, el diseñador argentino que vistió a la mismísima Lady Gaga.
Para llegar hasta ahí, Daniela tuvo que pasar por muchos trabajos, experimentar la maternidad y atravesar crisis personales. Sentía que la rutina la asfixiaba: ir a trabajar, volver, criar a sus hijos. «No había espacio para sueños, había que seguir la estructura familiar, tener una fuente que te dé de comer y eso era la vida», reflexionó.
Cuando cursaba el embarazo de su segundo hijo, a los 33 años, se encontró con la joyería. Su suegra le comentó sobre un taller de orfebrería con Nora de los Santos. «Ella me enseñó esa joyería descontracturada, esa joyería que dice: si a mí me gusta, está bien. ¿Por qué les tengo que agradar a todo el mundo?», cuestionó. En ese espacio, mientras su maestra la llamaba cariñosamente su ‘pequeño genio’, Daniela reconectó consigo misma.
Volvió al patio de su casa en el barrio de Parque Industrial, cuando jugaba con la tierra y los metales cortados que dejaba su papá, soldador. Entra a su taller y se reencuentra con esa niña, con esa adolescente rebelde que contradecía a su familia cuando la mandaban a levantar la mesa mientras los varones no tenían que hacer nada. Esa fuerza, ese empuje que la trajo hasta el presente, es lo que busca transmitir en sus piezas.

La joyería como forma de protesta: «Todo tiene un significado»
«No hago piezas repetidas ni arreglos», enfatizó Daniela. En su arte busca transmitir su esencia, parte de la identidad neuquina y el contexto social que la atraviesa. Por eso, su última línea está marcada por la crisis económica: aunque trabaja con plata, alpaca, bronce y cobre, aprendió a convertir la escasez en un recurso narrativo.
Como el presupuesto no le alcanzaba para los metales tradicionales, Daniela recurrió al alambre de construcción. «Lo usé justamente como forma de protesta. Pensé: ‘¿cómo puede ser que no puedo comprar mis materiales?. Entonces fui, compré un atado grandísimo y empecé a hacer lo que necesitaba, porque es como que el cuerpo te lo pide. Ahora, tengo el alambre de construcción y me representa», relató. Además, la conecta con su historia. Su abuelo fue albañil y el alambre era parte del paisaje cotidiano de su infancia. «Todo tiene un significado», recalcó.

En su taller no hay lugar para la producción en serie, cada joya es única e irrepetible. «Todo lo que ves lo hago yo con las manos. Calo, repujo y modelo cada pieza desde la chapa virgen», aseguró. Esa autenticidad es la que proyecta al mundo a través de producciones de fotos conceptuales que ella misma organiza, como las que realizó en una fábrica abandonada de Parque Industrial bajo la idea de «resurgir de las ruinas». Gracias a ellas, sus diseños llegaron hasta seis revistas internacionales.
Daniela no camina sola, entiende que para que la actividad crezca en Neuquén, la clave está en el colectivo. Es una de las fundadoras de Manchabrava y Trazo Patagónico, espacios donde junto a otras diseñadoras locales buscaban «generar un impacto real» en la región. «Somos emprendedores de la moda y queremos que nos conozcan, por eso nos unimos para hacernos visibles», comentó.

Uno de los hitos de esta unión fue el desfile que organizaron en la plaza Roca ante más de 350 personas, un evento a pulmón que demostró que hay un público ávido de moda e identidad local. «Yo sigo creyendo en unir fuerzas para sostener lo que hacemos», sostuvo con convicción.

Desde Pampita hasta Lenny Kravitz: a quiénes llegaron las joyas de Daniela
Ese espíritu indomable es el que la llevó a acercarse a sus referentes. Con la misma determinación con la que forja el metal, Daniela se abrió paso en eventos y desfiles. Así fue como conoció a Carolina Pampita Ardohain, a quien le entregó una pieza muy especial: una luna ensamblada. «Fue hermoso, me recibió como si nos conociéramos de toda la vida. Como artista neuquina, quería que se llevara algo nuestro», recordó sobre aquel encuentro con la modelo.

Llevó también sus piezas de alambre al recital de Lenny Kravitz, el artista que había deseado conocer desde la adolescencia. Pensó que no la iban a dejar pasar con ellas, pero le dijeron que sí. Una vez en el campo con su cajita de «Vivancool», a solo metros del cantante, desistió. «No me animé a dársela», confesó con arrepentimiento, aunque estuvo muy cerca de hacerlo. De todas maneras, disfrutó del show.

La vida le dio una revancha con el rock nacional. En un recital de Babasónicos, una amiga la motivó para darle una de sus joyas a Adrián Dárgelos, el cantante de la banda. Le habían advertido que el compositor no aceptaba nada del escenario, agarró un anillo y se lo quedó.
Ese es el sueño de Daniela: «Me encantaría ser la joyera del rock, del pop». Pero lo que más desea es poder costear la vida a través de la orfebrería, sin tener que recurrir a otro trabajo que le dé un sueldo fijo como en la actualidad, ya que trabaja como secretaria en un consultorio médico. «Quiero poder vivir de mi arte», anheló.

Entrar al taller de Daniela Vivanco es sumergirse en su mundo interno. "Muchos me dicen que es entrar a mi cuarto de la adolescencia", comenta mientras mira las paredes. Páginas de revistas de moda, colores, texturas y metal, mucho metal. De fondo suena una canción de Oasis y le siguen otras bandas clásicas de los 90. Así comienza su jornada. La joyera inició con su marca "Vivancool" hace más de 10 años y, desde entonces, se fue abriendo camino entre los diseñadores de Neuquén. Su talento traspasó las fronteras de la Patagonia: la invitaron por cuarta vez a la Semana de la Joyería de Milán, sus piezas llegaron al vestidor de Carolina 'Pampita' Ardohain y captaron la atención de Selva, el diseñador argentino que vistió a la mismísima Lady Gaga.
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