Modelar la masa
“El hombre de Estado también es un artista. Para él, el pueblo no es otra cosa que la piedra para el escultor. El Führer y la masa no plantean más problema que al pintor el color.” Así se presentaba Michael, el héroe de la novela de Goebbels, durante los años 20. Se presentaba como un “idealista” a cuyos ojos “los genios usan hombres”, no para ellos mismos sino con el solo fin de cumplir su tarea. Esta ocurrencia literaria de la metáfora se inscribía por cierto en una larga genealogía de fórmulas, todas aproximadamente parecidas. En 1931, en “Combate por Berlín”, Goebbels la reformulaba de manera muy concisa: “La masa no es para nosotros más que el material informe. Es por la mano de un artista que de la masa nace un pueblo y del pueblo una nación”. Pero fue a partir de que esos artistas hubieran conquistado el poder político que esta metáfora devino verdaderamente activa y produjo sus efectos sensibles en el pueblo entendido como masa. (Eric Michaud en “La estética nazi. Un arte de la eternidad”, pág. 13)