“Moyano no va por el Palacio de Invierno”

El historiador plantea similitudes y diferencias entre Moyano y Vandor a partir de la reciente escalada del titular de la CGT destinada a reproducir su poder.





entrevista:

Carlos torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

Santiago Senén González lleva más de medio siglo investigando y publicando temas que hacen a la historia del movimiento obrero argentino. Entre sus libros figuran “El poder sindical”, “Ejército y sindicatos”, “El 17 de octubre de 1945”, “Antes, durante y después”, “Breve historia del sindicalismo argentino” y “Saludos a Vandor”, estos últimos junto al politólogo Fabián Bosoer. Acaba de publicar junto a Germán Ferrari “El ave fénix. El renacimiento del sindicalismo peronista 1955-1958”. González es creador y compilador del Archivo del Sindicalismo Argentino en la Universidad Torcuato Di Tella y periodista.

–¿Adónde apunta Moyano en su escalada de poder?

–Lo primero que le voy a definir es adónde no apunta Moyano: no busca el Palacio de Invierno. No quiere la suma del poder político, pero sí quiere estar en el poder político, que lo contemple. No acumula poder para desbancar al kirchnerismo pero, como integrante de un ala muy activa del kirchnerismo, le emite señales: “Estoy acá, no se corten solos”. Aprieta pero no ahoga… Moyano no es un estilo nuevo en la historia del sindicalismo peronista: golpea y negocia, golpea y negocia… nada nuevo más allá de matices puntuales.

–¿Vandorismo?

–Vayamos despacio… sí desde la perspectiva de golpear y negociar, pero no desde otras perspectivas que hacen también al estilo. Vandor –por caso– no apelaba a la conducta patoteril y la prepotencia consecuente que conlleva. Moyano sí. En Vandor, la acción directa…

–…en política, la acción directa tiene connotaciones que van más allá de lo operativo, tiene connotaciones ideológicas. ¿Cómo la usa usted aquí?

–Vale la aclaración. La circunscribo a la cultura de ganar la calle con todo lo que implica. En Moyano esto es cultura muy a mano, hace a un instrumento de lucha cuya aplicación no se meritúa mucho. Está y se aplica. Vandor no era ajeno a esta herramienta pero regulaba su aplicación… no estoy hablando de un bebé de pecho, pero en relación con Moyano manejaba muy bien los tiempos, no estaba siempre en escena pero estaba.

–Potash sostiene que Vandor es esencial para estudiar lo que él llama la “Argentina fallida”, el país que no sabía qué hacer con el peronismo. Pero dice también que esa gravitación de Vandor no deviene –como generalmente está instalado– de intentar un peronismo sin Perón. ¿Está de acuerdo?

–Absolutamente. Mire, hace dos años junto con el politólogo Fabián Bosoer escribimos “Saludos a Vandor. Vida, muerte y leyenda de un lobo”. Ahí decimos algo que nos parece que se ajusta a la significación que tuvo Vandor: es el único dirigente gremial cuyo apellido se convirtió en ideología, el “vandorismo”, y con significados contradictorios, polivalentes, controvertidos, llevados al límite entre la letra y la sangre, entre la historia de un hombre común y su leyenda. Era, además, un metalúrgico, que en la historia del sindicalismo peronista es toda una historia.

–¿Por su gravitación en la economía?

–Claro, y esa gravitación estaba muy presente en el imaginario colectivo. Lo interesante de Vandor lo define bien Juan Carlos Torre, un investigador que desde hace muchos años es imprescindible a la hora de reflexionar sobre el peronismo y su sindicalismo. Dice que el pragmatismo de Vandor se estructuró desde un convencimiento: ponderar permanentemente la suerte de la organización sindical, lo cual lo llevó a interesarse poco por exigencias o dictados ideológicos y estratégicos. Vandor desconfiaba de los llamados grandes relatos ideológicos y de las ingenierías políticas y sociales que eran sus correlatos… ese querer armar el funcionamiento de una sociedad en términos casi químicos.

–Cuentan quienes lo trataron mucho –Antonio Cafiero, por caso– que Vandor “hablaba poco pero conversaba mucho”.

–Tenía buen estilo para relacionarse. El poder lo buscaba más a él que él al poder… generales, empresarios, periodistas… se veía con Neustadt, con Rodolfo Pandolfi, un columnista influyente de los 60. Mire, hay un documento que él elabora para Pandolfi, varias carillas mecanografiadas que son liminares de mucho de lo que es a partir de él el gremialismo peronista. Rescato dos de sus definiciones. Una: no podemos reducirnos a mantener relaciones más o menos cordiales con el gobierno, debemos ser parte de él, institucionalizarnos. No aceptamos el rol de grupo de presión, debemos ser factores de poder. Dos: en la Argentina política sólo va a pesar quien tenga el poder real. La era de la ficción y de los intermediarios tiene que terminar.

–¿Eso es Moyano hoy?

–En parte sí pero, reitero, con un ejercicio más rústico del poder, patoteril. Sobre sus hombres, sobre su círculo inmediato, Moyano influye desde esa rusticidad, marca la línea con esa forma de ver y hacer. Vandor influía desde la cautela que exigía el momento y la firmeza argumentativa y de acción cuando era otro momento. Se hamacaba en su estilo sin estridencias. Moyano tiene un sentido hegemonista del ejercicio de su poder. Y esto en relación con cómo se ve y siente en el propio frente interno de la CGT. Por ese sentido es que suele cortarse solo en la toma de decisiones, negocia solo, como lo hizo con la UIA a horas de morir Néstor Kirchner.

–Hubo “vandorismo”. ¿Dejará “moyanismo” Moyano?

–El “vandorismo” fue la consecuencia de la lectura que un hombre hizo del país en el que le tocaba estar. Vandor, como Rucci, Tosco, Mucci, que fue ministro de Trabajo de Raúl Alfonsín, cada uno con lo suyo, formaron parte del sindicalismo que emergió a partir del Congreso Normalizador de la CGT que organizó la Revolución Libertadora en el 57, que fracasa en relación con lo deseado por la Libertadora pero que pone en escena una nueva dirigencia gremial, peronista e incluso dirigentes de izquierda o que desde el peronismo van marchando a la izquierda. Esa dirigencia, hombres de 30 años promedio, reemplaza a las viejas guardias sindicales que habían acompañado a Perón. Se forman desde afuera del aparato de Estado, que está en manos de opositores ideológicos concretos. El vandorismo vertebra su accionar alrededor de tres pilares: negociaciones paritarias, manejo de las obras sociales con sus suculentas cajas y representación de los trabajadores por sindicatos de rama única, pero todo en una misma confederación.

–Pero ahora, en la era Moyano, hay cosas de ese andamiaje bajo cuestión…

–Por supuesto. Y está la CTA y también hay que computar que las mudanzas que se han dado en la economía y se dan conllevan a que hoy el sector servicios, en materia de gravitación en el mundo sindical, haya reemplazado a metalúrgicos, mecánicos, etcétera. Pero un aspecto hace a diferencias entre los tiempos de Vandor y de Moyano en lo que hace a la naturaleza del sindicalismo: el del primero era sindicalismo a secas con proyección sobre lo político como espacio sobre el cual influir; el sindicalismo de Moyano va en esa misma dirección de influencia pero desde una concepción empresarial, es decir, el sindicato transformado en un mundo de negocios que van por el costado de lo estrictamente sindical… y que son, claro, otra inmensa corriente de recursos, otra caja. Cuando uno se mete a lo largo de años –más de medio siglo para mi caso– en el seguimiento del sindicalismo argentino, encuentra que en el último cuarto de siglo se han dado mudanzas muy grandes. Persisten sí la degradación y corrupción en el manejo de muchas obras sociales y también está intacta la cultura corporativa que es propia del sindicalismo aquí pero, por ejemplo, hoy hay gremios, los estatales… los famosos “cuello duro”, incorporados como jamás lo habían estado, a la acción sindical… a la calle si es necesario y al piquete si también lo es. Esta aparición comienza en los 90, cuando con Menem se desguaza gran parte del aparato de Estado. Sin embargo, y ésta es otra de las mudanzas palmarias que se han dado, la protesta social ha dejado de ser titularizada exclusivamente por el mundo sindical. Esa protesta era desde siempre un lugar exclusivo del sindicalismo, pero del arco que define a los 90 en adelante en desocupación, exclusión y marginalidad emergieron nuevos actores sociales, cada vez más organizados, que incluso producen medios para vincularse como son las redes de correo electrónico y así operar en conjunto en un mismo espacio y tiempo…

–¿Moyano será un problema para Cristina Kirchner?

–No sé, dependerá de cómo sienta él que gravita sobre el poder… pero no sé… dejemos que sigan rodando los camiones.


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