Mutaciones

Redacción

Por Redacción

La vida cotidiana nos pone ante encrucijadas que diariamente debemos ir descartando. Siempre hay algo inquietante y atractivo en esto. De eso se trata nuestra jornada vital, de elecciones y de cambios. Son precisamente los cambios los que más nos cuestan, de allí que necesitemos muchas veces cierta seguridad de determinados ritos o actos rutinarios. Nuestra lengua, la que hablamos diariamente nos pertenece, me atrevo a decir que es tan nuestra como la mesa en la que comemos o la almohada en que reposamos. Por eso cuando hay intentos de cambio nos da un cosquilleo intranquilizador. Como ejemplo basta ver las últimas polémicas acerca del sexismo en el castellano y las –a mi gusto– absurdas soluciones de agregar una “@” o una “x” para decir “muchachxs” o “amig@s” en nombre de la igualdad de sexos. Pero hay mutaciones mayores que se dan en el seno de comunidades bilingües como es el caso del denominado “spanglish” y que también son polémicas. Es este una jerga híbrida hablada por la comunidad hispánica en los Estados Unidos y que provoca una fuerte polémica en el campo de las letras con sus adhesiones y rechazos. Para algunos teóricos es una muestra de creatividad lingüística, para otros simplemente una torpeza idiomática nacida de un mal español disfrazado de spanglish. Están aquellos que sostienen que es ininteligible, también la consideran una moda rebelde y nada más; los más puristas hablan de una invasión del inglés sobre el español. Según dicen este dialecto encontró su nombre en algunos sectores de Nueva York donde la comunidad puertorriqueña es muy fuerte; el término es relativamente nuevo y se formó entre 1965 y 1970. De allí se ha ido extendiendo y hoy la encontramos en todos los sitios de Estados Unidos con gran cantidad de población hispana. Consiste fundamentalmente en reemplazar determinadas palabras por su equivalente en inglés: mi boss me pagó con cash por haber trabajado overtime. O bien castellanizar el término de una manera poco ortodoxa: todas las noches, mi baby toma un glasso(de glass= vaso) de leche. Otra variante es utilizar la sintaxis inglesa en los enunciados españoles: “¿Cómo puedo ayudarlo?” (trasposición literal del inglés “How can I help you?”), en lugar del más propio “¿Qué desea?”. Es claro que el spanglish da una oportunidad de comunicarse en dos idiomas al mismo tiempo y quizás busque obtener cierto sentido de pertenencia a dos culturas. Como ratifica su ultradefensor, Ilán Stavans: “Hay puristas que dicen que el spanglish es una prostitución del idioma. Pero para nosotros es algo habitual. En última instancia nace de la necesidad. No es otra cosa que el resultado de tratar de adaptar una cultura a la otra”. Pero el catedrático mexicano –que trabaja desde hace años en un diccionario– va más lejos al asegurar que “en Estados Unidos tiene más futuro el spanglish que el español”. En cuanto a la literatura, hay muchos autores de origen hispánico, que escriben en inglés y que ellos mismos traducen sus obras, donde inevitablemente los personajes hablan esa “lingua franca” producto de la contaminación y coexistencia de ambas lenguas. Entre esas figuras podemos destacar a Esmeralda Santiago, autora de un auténtico best seller titulado “Cuando era portorriqueña”. La polémica viene de lejos y tiene un largo futuro.

Néstor Tkaczek ntkaczek@hotmail.com

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