Neil Diamond, el “rock-mántico”

“Me gustaría cerrar el tema del amor. Me vuelve loco. Me parece que estoy cerca de cerrarlo de una forma curiosa y creo que después el mundo verá que puedo escribir de otra forma



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La música fue más bien un segundo plato para Neil Diamond, que hoycumple 75 años. “No soy tan inteligente. Si lo fuese, habría estudiado medicina, sería biólogo y habría descubierto una cura para el cáncer”, dijo en una ocasión al diario “Telegraph”. En lugar de eso, empezó a escribir canciones cuando era tan sólo un adolescente. “Se me da mejor sentir las cosas que entenderlas. La sabiduría sólo se alcanza tras reflexionar durante años. Y yo, cada vez que alcanzo un poco de sabiduría, la convierto en una canción”. Así es como surgieron clásicos como “Sweet Caroline”, “Cracklin’ Rosie”, “You Don’t Bring Me Flowers” y “Red Red Wine”, de los que se han vendido más de 100 millones de copias y que convirtieron a Diamond en una estrella. Pero a pesar de su éxito, el músico todavía no es capaz de disfrutar por completo de su trabajo: “Se podría pensar que después de todos estos años me resulta fácil y rápido escribir, pero parece que no es así. Es un trabajo duro y no resulta más fácil (con el tiempo). Lo odio. Pero lo hago desde hace mucho tiempo y no encuentro otras formas de ganarme la vida”. Además, lleva muy mal los inconvenientes de la fama. “La gente cree que el anonimato es algo normal. ¿Pero qué pasa cuando uno no puede ir a ningún sitio en el que no le conozcan y en el que no se vaya a saber cada palabra que uno diga? Esa pérdida de la privacidad es un castigo”, lamenta el artista. Tampoco espera que la gente sea sincera con él. “Sólo lo son unas pocas personas en este mundo: mis hijos, mi mujer y algunos amigos”, reconoce. Pero a pesar de todo, el maestro de rock romántico sigue trabajando. En 2014 publicó un nuevo disco y en 2015 hizo una gira mundial. “Soy un adicto a la adrenalina que fluye en un concierto en directo. Necesito ir de gira para calmar esa adicción”, confesó en una ocasión. A sus 75 años sigue llenando salas de conciertos en todo el mundo, ha recibido numerosos premios y su nombre está tanto en el Salón de la Fama del Rock and Roll como en el Paseo de la Fama de Hollywood. Neil Leslie Diamond nació en 1941 en un hogar humilde del barrio neoyorquino de Brooklyn. Su padre tenía una pequeña tienda y él estudió en el Erasmus Hall High School, donde cantó en el coro con su compañera Barbra Streisand. Pudo ir a la Universidad gracias a una beca, pero pronto recibió su primer trabajó como letrista y abandonó los estudios. Trabajó para la editorial Brill de Nueva York en una minúscula oficina en la que sólo había una mesa y un piano. Los 35 dólares que le pagaban al principio estuvieron bien invertidos: compuso éxitos como “Just Another Guy” (1966) y “I’ll Come Running” (1967) para Cliff Richard, “Kentucky Woman” (1967) para Deep Purple y “I’m A Believer” (1966) para Monkees. Tras firmar su primer contrato discográfico, en 1966, los éxitos comenzaron a llegar uno tras otro: “Solitary Man”, ese mismo año, “Girl You’ll Be A Woman Soon”, en 1967, y “Red Red Wine”, en 1968. Diamond se convirtió pronto en uno de los artistas mejor pagados del mundo y su álbum “Hot August Night”, grabado en un directo en Los Angeles, estuvo un año y medio en lo más alto de las listas de ventas. En comparación con su exitosa carrera, en la vida privada de Diamond ha habido más altibajos. Dos de sus matrimonios fracasaron y en 2012 se casó con una manager 30 años más joven. Padre de cuatro hijos, al cantante y compositor le gustaría cerrar de una vez por todas con éxito el capítulo del amor, tanto en su vida privada como en su música, según bromeó recientemente en una entrevista. “Me gustaría cerrar el tema del amor. Me vuelve loco. Me parece que estoy cerca de cerrarlo de una forma curiosa y creo que después el mundo verá que puedo escribir de otra forma”.

A pesar de ser un hacedor de hits, el músico sigue reconociendo que le cuesta escribir: “Lo odio”, dice.

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