“Neuquén: el pueblo del vale todo”
Los neuquinos hemos perdido gran parte de nuestra capacidad para asombrarnos respecto de hechos que se producen en nuestro pueblo grande. Todo es posible. Todo se toma como natural, propio de los tiempos, del “progreso”, del crecimiento aluvional de la población. Es normal que nos asalten o roben, que nos insultemos en las calles por situaciones insignificantes, que paguemos la mercadería más cara que en cualquier parte del país, que los taxis tengan tarifas altas pese a usar el combustible más barato, que algunos policías golpeen, que la mayoría de los que se enriquecieron en los últimos años lo hagan a través de la política y los cargos públicos, que los que trabajan se vean agobiados por tasas e impuestos, que las chacras hayan sido ocupadas por barrios residenciales y a los productores se los haya enviado a la zona desértica y sin agua, que una familia nos gobierne desde hace 50 años, que… Todo se naturaliza. Los cortes de calles y rutas como llave para conseguir soluciones a problemas sectoriales, que los funcionarios recién reaccionen cuando esos casos extremos se producen, en lugar de actuar preventiva u oportunamente, que los miembros de bandas que delinquen se maten entre ellos antes de ser procesados y condenados… Pero hay situaciones muy delicadas que también se naturalizan. Por ejemplo, el secuestro de un inspector municipal por parte de un vendedor clandestino de bebidas o de colectivos, con choferes incluidos, por parte de vecinos que reclamaban determinadas acciones del gobierno municipal. Son hechos muy graves, en cualquier pueblo, menos aquí, en la tierra de los hidrocarburos no convencionales. Sólo un momento de asombro al conocerse la noticia. Luego, el gesto resignado de que en Neuquén las cosas son así y una inaceptable posición de que no se pueden cambiar y, lo peor, la certeza de que todo seguirá empeorando. Se han naturalizado las faltas, los delitos, los atropellos. Y cuando una sociedad llega a estos límites de permisividad, lo más probable es que siga acumulando golpes a su integridad, avanzando hasta un límite que nadie sabe en qué tiempo, espacio o circunstancia estará marcado, pero que se producirá. Será el tiempo de la reacción, que seguramente tendrá la misma intensidad que el cúmulo de situaciones violentas que se soportaron con estoicismo hasta entonces. No me gustaría que llegara ese momento. Sería tragedia. Espero que haya respuestas institucionales, racionales, oportunas, para que se reinstalen las conductas regulares y se empiece a condenar a las de signo opuesto, que tanto daño hacen. Que se termine la impunidad. No es casual que estemos ante este fenómeno. Son muchos años de malos ejemplos desde los gobiernos, muchos de cuyos integrantes han distorsionado el concepto básico del servicio público; de permisividad absoluta para los hombres y mujeres de la causa partidaria dominante; de dejar hacer, dejar pasar, de obviar normas de aplicación general , de impunidad para los de arriba, mediante la existencia de una Justicia adicta. Pero entiendo aunque lo rechazo: mi querido pueblo no puede tener otras características que las que le marcan el comportamiento, las conductas, los ejemplos que bajan desde arriba. Porque para convertirse en una sociedad virtuosa debería tener, algún día, gobiernos virtuosos. Ricardo Villar, DNI 8.377.070 Neuquén
Ricardo Villar, DNI 8.377.070 Neuquén
Los neuquinos hemos perdido gran parte de nuestra capacidad para asombrarnos respecto de hechos que se producen en nuestro pueblo grande. Todo es posible. Todo se toma como natural, propio de los tiempos, del “progreso”, del crecimiento aluvional de la población. Es normal que nos asalten o roben, que nos insultemos en las calles por situaciones insignificantes, que paguemos la mercadería más cara que en cualquier parte del país, que los taxis tengan tarifas altas pese a usar el combustible más barato, que algunos policías golpeen, que la mayoría de los que se enriquecieron en los últimos años lo hagan a través de la política y los cargos públicos, que los que trabajan se vean agobiados por tasas e impuestos, que las chacras hayan sido ocupadas por barrios residenciales y a los productores se los haya enviado a la zona desértica y sin agua, que una familia nos gobierne desde hace 50 años, que… Todo se naturaliza. Los cortes de calles y rutas como llave para conseguir soluciones a problemas sectoriales, que los funcionarios recién reaccionen cuando esos casos extremos se producen, en lugar de actuar preventiva u oportunamente, que los miembros de bandas que delinquen se maten entre ellos antes de ser procesados y condenados… Pero hay situaciones muy delicadas que también se naturalizan. Por ejemplo, el secuestro de un inspector municipal por parte de un vendedor clandestino de bebidas o de colectivos, con choferes incluidos, por parte de vecinos que reclamaban determinadas acciones del gobierno municipal. Son hechos muy graves, en cualquier pueblo, menos aquí, en la tierra de los hidrocarburos no convencionales. Sólo un momento de asombro al conocerse la noticia. Luego, el gesto resignado de que en Neuquén las cosas son así y una inaceptable posición de que no se pueden cambiar y, lo peor, la certeza de que todo seguirá empeorando. Se han naturalizado las faltas, los delitos, los atropellos. Y cuando una sociedad llega a estos límites de permisividad, lo más probable es que siga acumulando golpes a su integridad, avanzando hasta un límite que nadie sabe en qué tiempo, espacio o circunstancia estará marcado, pero que se producirá. Será el tiempo de la reacción, que seguramente tendrá la misma intensidad que el cúmulo de situaciones violentas que se soportaron con estoicismo hasta entonces. No me gustaría que llegara ese momento. Sería tragedia. Espero que haya respuestas institucionales, racionales, oportunas, para que se reinstalen las conductas regulares y se empiece a condenar a las de signo opuesto, que tanto daño hacen. Que se termine la impunidad. No es casual que estemos ante este fenómeno. Son muchos años de malos ejemplos desde los gobiernos, muchos de cuyos integrantes han distorsionado el concepto básico del servicio público; de permisividad absoluta para los hombres y mujeres de la causa partidaria dominante; de dejar hacer, dejar pasar, de obviar normas de aplicación general , de impunidad para los de arriba, mediante la existencia de una Justicia adicta. Pero entiendo aunque lo rechazo: mi querido pueblo no puede tener otras características que las que le marcan el comportamiento, las conductas, los ejemplos que bajan desde arriba. Porque para convertirse en una sociedad virtuosa debería tener, algún día, gobiernos virtuosos. Ricardo Villar, DNI 8.377.070 Neuquén
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