Ni olvido ni perdón
BUENOS AIRES (ABA).- «Ese es otro de los grandes derrotados de hoy (por el domingo)». En medio de los festejos y mientras se veía pasearse exultante al presidente Néstor Kirchner, uno de sus colaboradores de extrema confianza disparó la frase para referirse al ministro Roberto Lavagna, cuya ausencia ese día concentró todos los murmullos.
El dato no pasó desapercibido: era perceptible que no cayó bien que el timonel de la Economía se mostrara prescindente en la campaña electoral y que en algún momento llegara a cuestionar la lista encabezada Rafael Bielsa y el estilo presidencial.
En las últimas semanas fuentes oficiales dejaban trascender que la relación había mejorado entre Kirchner y Lavagna, pero el primer mandatario seguía sin estar conforme con el paso al costado del ministro y que estuviera «relojeando» lo que pasaba con el duhaldismo en la provincia de Buenos Aires.
«El presidente lo bancó en el momento de las críticas de (Alfonso) Prat Gay (ex titular del Banco Central) y no dudó en correr a éste para defenderlo. Pero él no se comportó de la misma manera. Siguió esperanzado en el duhaldismo», confesó el funcionario.
Anoche, otra fuente acotó que ese posible que Lavagna siga en su puesto hasta marzo, aunque hay signos de que «el vínculo no da para más».
En contraste, en la noche de triunfo Daniel Scioli se hizo presente entre los pinguinos. Kirchner se le acercó y le dijo: «¡Sos de fierro! Cuando tenés que estar siempre estás». El vicepresidente se emocionó.
Eufórico el Presidente estuvo en contacto con todas las provincias y con varios gobernadores.
La alegría se floreó primero en la Rosada, luego en el búnker del hotel Intercontinental y finalmente en la residencia de Olivos, donde sólo participaron los «elegidos». Allí se fueron colando los comentarios políticos más sabrosos, como el de Lavagna.
Otra que mereció la atención fue Elisa Carrió. «Al fin se cayó la mentira», se reaccionó en la intimidad ante la derrota de la arista en la capital federal. El gobierno no ocultó su satisfacción por el traspié de la líder del ARI, a quien había cruzado muy fuerte el propio Kirchner. «Al fin se dieron cuenta los porteños quien es», se acotó.
En el oficialismo se juzgó que si hubiese ganado Carrió, más el triunfo de Hermes Binner en Santa Fe, se hubiese acotado al Presidente en el liderazgo de un espacio de centroizquierda. En la Rosada computan a Binner como un aliado más que como un opositor. Algunos temerarios empezaron en la fórmula Kirchner-Binner.
«Si me hubiera hecho caso desde el inicio, hubiera ganado», se lamentó por otra parte Kirchner sobre Rafael Bielsa.
Hubo cierta desazón por lo que pasó en la ciudad de Buenos Aires, que se disipó muy rápido por la abismal diferencia lograda en territorio bonaerense. «Fue digno el papel de Rafael», terminó concediendo el santacruceño, también satisfecho con la elección del riojano Angel Mazza, que postergó a un segundo lugar a Carlos Menem.
Uno de los que más felicitaciones recibió fue el gobernador bonaerense Felipe Solá, invitado de lujo en Olivos. «Mañana (por el lunes) hay que seguir trabajando, Felipe». dijo al presidente al mandatario fortalecido en su legislatura. «Pero, presi, denos un día de descanso», contestó Solá. «Bueno, pero apenas un día», concedió Kirchner.
El presidente evaluará ahora que hará con los duhaldistas que están pidiendo a los gritos pasarse al kirchnerismo.
Está claro, en principio, que el quilmeño Eduardo Camaño deberá comenzar a despedirse de la presidencia de la Cámara de Diputados de la Nación. La diferencia en la tierra de los Duhalde alcanzó 20 puntos.
En la de Camaño otro tanto y 50 en San Nicolás, el distrito de José María Díaz Bancalari. Para el núcleo duro del duhaldismo, Kirchner no está dispuesto a olvidar ni a perdonar.
Nota asociada: Kirchneristas empiezan la ofensiva sobre hombres de Duhalde
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