Nicaragua también falsea las cifras oficiales
El analfabetismo es realmente un muy serio problema para la sandinista y bolivariana Nicaragua conducida ahora por el inefable Daniel Ortega. Nada serio ha hecho por resolverlo. Por eso, seguramente, Ortega esconde la realidad. Ocurre que, (como nuestra administración con el INDEC, lamentablemente una máquina de desfigurar la realidad) también Daniel Ortega engaña a su pueblo con cifras diferentes de la verdad. Constantemente. Esas conductas son bochornosas, por cierto, pese a que podría decirse que Nicaragua sólo se limita a seguir nuestro “ejemplo” o “liderazgo”. Las cifras oficiales hablan de que Nicaragua apenas tiene un 3,5% de analfabetos. No obstante, esa medición insólitamente no incluye a los menores de 15 años, a los que deja de lado como si no existieran. Ocurre que entre los menores de 10 años las cosas son lamentables: existe una tasa de analfabetismo del 15%, según informa la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (Fideg). Una situación que es –obviamente– absolutamente distinta de la de las trompetas oficiales. Si la franja de los menores de diez años se computara, el índice nicaragüense se triplicaría. Pero expresaría la realidad. El tema tiene implicancias políticas no menores. El analfabetismo es una de las formas más terribles de exclusión social. Por ende, combatirlo debería ser una prioridad de todos. Constante. De nada sirve desfigurar la realidad. Ni en Nicaragua, ni entre nosotros, respecto de cualquier tema. Por aquello tan viejo de que “la verdad padece, pero no perece”. O sea que, más allá de las mentiras, al final la verdad se hace visible de una manera u otra y los engaños entonces son circunstanciales y tienen “patas cortas”. En todas partes. (*) Analista del grupo Agenda Internacional
El analfabetismo es realmente un muy serio problema para la sandinista y bolivariana Nicaragua conducida ahora por el inefable Daniel Ortega. Nada serio ha hecho por resolverlo. Por eso, seguramente, Ortega esconde la realidad. Ocurre que, (como nuestra administración con el INDEC, lamentablemente una máquina de desfigurar la realidad) también Daniel Ortega engaña a su pueblo con cifras diferentes de la verdad. Constantemente. Esas conductas son bochornosas, por cierto, pese a que podría decirse que Nicaragua sólo se limita a seguir nuestro “ejemplo” o “liderazgo”. Las cifras oficiales hablan de que Nicaragua apenas tiene un 3,5% de analfabetos. No obstante, esa medición insólitamente no incluye a los menores de 15 años, a los que deja de lado como si no existieran. Ocurre que entre los menores de 10 años las cosas son lamentables: existe una tasa de analfabetismo del 15%, según informa la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (Fideg). Una situación que es –obviamente– absolutamente distinta de la de las trompetas oficiales. Si la franja de los menores de diez años se computara, el índice nicaragüense se triplicaría. Pero expresaría la realidad. El tema tiene implicancias políticas no menores. El analfabetismo es una de las formas más terribles de exclusión social. Por ende, combatirlo debería ser una prioridad de todos. Constante. De nada sirve desfigurar la realidad. Ni en Nicaragua, ni entre nosotros, respecto de cualquier tema. Por aquello tan viejo de que “la verdad padece, pero no perece”. O sea que, más allá de las mentiras, al final la verdad se hace visible de una manera u otra y los engaños entonces son circunstanciales y tienen “patas cortas”. En todas partes. (*) Analista del grupo Agenda Internacional
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