Nigeria prohíbe matrimonios del mismo sexo
GUSTAVO CHOPITEA (*)
Un cable reciente de la “Agencia de Noticias de Nigeria” da cuenta que la cámara baja de ese país ha prohibido –explícitamente– el matrimonio –y las uniones civiles– entre personas del mismo sexo, disponiendo que no podrán formalizarse en ninguna parte. Incluyendo en los lugares o templos de cualquier culto. Quienes violen esa prohibición específica pueden ser sancionados con duras penas de hasta catorce años en prisión. Como si ello fuera poco, el proyecto referido agrega que quienes, en Nigeria, muestren en público, de cualquier manera, la existencia de relaciones amorosas entre personas del mismo sexo o simplemente defiendan la formalización del matrimonio gay pueden ser condenados a pasar hasta 10 años tras las rejas por ese delito. El proyecto (que va en dirección claramente contraria a lo que en esto, bien o mal, está sucediendo en Occidente) había sido presentado en su momento por el diputado Albert Sam-Tsokwa, en busca de lo que el legislador denominó “objetivos de largo alcance”. Y parecería tener “viento a favor”. El mismo se suma a un proyecto muy similar, hasta con las mismas penas, que fue ya aprobado por el Senado nigeriano, en noviembre del año pasado. Por ello, ambos textos, que tienen aun algunas diferencias menores de redacción, deberán ahora ser amalgamados en un solo texto común por una comisión legislativa bicameral. En un ejemplo de típico estilo legislativo anglosajón. Luego el texto consensuado se remitirá conjuntamente al presidente nigeriano para su promulgación como ley. Nigeria no está ciertamente sola en el “continente negro” en esta particular e intransigente visión de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Uganda y Zimbabwe comparten el punto de vista nigeriano sobre este delicado tema. Queda entonces visto que en el mundo hay pluralidad de visiones y muy diferentes perspectivas y definiciones sobre la cuestión analizada. Hay quienes creen que los matrimonios entre personas del mismo sexo son apenas una etapa en el camino de una “modernización” de los criterios morales prevalecientes en algunas sociedades. Pero hay también quienes no creen que ello sea “modernizar” nada y, para evitar la evolución que recelan, han transformado a las uniones entre personas del mismo sexo en nada menos que un delito, con penas particularmente severas, según queda visto. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional
GUSTAVO CHOPITEA (*)
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora