Nimiedades



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la semana en san martín

fernando bravo smandes@rionegro.com.ar

Si se permite remedar el título de una notable película de Carlos Sorín, hay “historias mínimas” que dicen mucho de quiénes somos, de cómo nos van las cosas y del por qué. La Escuela 313 de San Martín de los Andes es, en buen romance, de chapa y cartón. Fue una gamella de la obra para la construcción de la represa de Piedra del Águila, mudada y reconvertida “provisoriamente y por no más de cinco años” en un establecimiento educativo primario, según las crónicas de la época. Desde aquel anuncio, teñido de urgencias para dar banco escolar a niños sanmartinenses que no lo tenían, han pasado 18 años. Las quejas sobre el estado de esa escuela son recurrentes, aunque debe decirse que la comunidad educativa le ha puesto mejoras e interés activo para que no se venga abajo. Un especialista en protección civil y emergencias dijo ante los concejales, padres y madres de los alumnos –citado a su vez en declaraciones a medios locales–, que el edificio de la 313 “no cumple la normativa de elementos de construcción que debe tener una escuela”. Y agregó: “ninguna escuela debe ser construida en madera por la carga de fuego que eso implica; sin embargo esa escuela es todo lo contrario. Es chapa cartón”. La edil vecinalista Mercedes Tulian mencionó un reciente informe técnico sobre la Escuela 313 que, entre otras inquietantes descripciones, alerta sobre problemas serios en la instalación de gas, en la instalación eléctrica , en la instalación de agua y filtraciones en los techos. Encima, volviendo a los dichos del experto, no hay protección básica contra incendios: “A primera vista, esta escuela no puede ser utilizada como tal. De las escuelas en las que he estado es la que mayor índice de riesgo tiene”. A tales alturas, los lectores habrán de preguntarse y con razón, qué tiene esta historia de “mínima”, teniendo en cuenta la enormidad del peligro que ha venido viviendo la comunidad educativa de la Escuela 313 desde hace 18 años, con cada ciclo lectivo. Pues bien, la misma concejal y presidenta de la Comisión de Educación del Deliberante, refería a este cronista que en la administración provincial hay un expediente abierto para la construcción de un nuevo edificio, pero a la carpeta “la están rastreando” desde hace un tiempo, porque parece ser que se extravió en algún cambio de oficina, en alguna reestructuración de las funciones de arquitectura escolar y logística. El expediente, dicho sea de paso, data de unos cuantos años. Nótese que la parlamentaria, quizá con un dejo de indulgencia, aventuró que el expediente seguramente será encontrado. En fin, parece que sólo se trata del simple desliz de una capeta a otra, sin la previsión de un esclarecedor rótulo. Una nimiedad. Pero para avanzar en las previsiones de una futura obra, ese expediente es vital. Al cabo, como se suele decir, lo que no está en el expediente no existe. Es que si no se halla el expediente debería abrirse otro dossier con todo lo que ello implica, si se asume que hasta aquí no se han dado muestras de rapidez ejecutiva, precisamente. Visto desde esta perspectiva, el asunto del extravío del expediente es en sí mismo una síntesis de conductas; una forma de entender el todo desde la suma de sus más pequeñas y elementales partes. Por cierto, se vienen las vacaciones y es un hecho que habrá reparaciones para la 313. Hasta le instalarán una nueva caldera, según dicen. Pero, en lo básico, alumnos y docentes seguirán asistiendo a clases en una “escuela de cartón”.


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